Historia de una fotografía de la Infancia. Por Pepe Segura.



Gracias a nuestro Americano – Jerome Mintz – finalmente tuvimos la oportunidad de tener un reencuentro los integrantes de la fotografía (1968) que se muestra unos 50 años después de que éste realizara la misma. No sería fácil la convocatoria, no por falta de ganas, que las había, sino porque surgiría algún imprevisto por parte de algunos de nosotros. El lema, como si de niños se tratara, “todos o ninguno “.


En aquella época éramos algo más que amigos, formábamos parte de una familia de la “calle”, entiéndase del campo, del camino, del descampado, de cualquier lugar donde hubiese un sitio para improvisar una casita, un hospital, una escuela,….los personajes estaban ahí - en esa foto -, lo mismo éramos padres con niños,  expertos doctores en medicina, o avispados maestros de escuela,…que fácil era cambiar de juego y que fácil era reír y divertirse con cualquier papel que nos tocara realizar en esos primeros actos del teatro de nuestras vidas.
Composición Consolación


Los personajes eran de izquierda a derecha; Marisabel (Mª Isabel Segura Martinez), Beli (Mª Isabel Enríquez Estudillo), Mari (Maria Fernández Pavón), Pepito (José Segura Martínez), Angelines (Mª Ángeles Macías Villanueva) y Manoli (Manuela Fernández Pavón). Hay que mencionar una cabecita oculta que se descubre en otra fotografía que hace el Americano en Blanco/Negro el mismo día y que corresponde a Ana María Macías Villanueva. La fotografía acordamos que se debería haber realizado en la casa de la familia de Manuel Macías (Manolo Chineja) y Maria Villanueva.

Composición Consolación


Todos vivíamos en la calle Benalup o cerca de ella, llamar calle al camino era más un deseo que una realidad oficializada por nuestra dependiente Municipalidad. En invierno y en época de lluvia solo los mulos y los burros (del Cojo Chineja, de Trescuartillas, de Francisca la Leche, etc…) eran capaces de transitar el camino debido a la hendidura que se formaba en el centro de la calle, una vez pasada esta época y rellenada la profunda zanja, el Land Rover del Contrito era de los primeros en abrir el tránsito esporádico y motorizado de los contados vehículos de la época. Hay que decir, que a los niños nos venía bien esa brecha abierta por las fuertes lluvias, cuando escampaba y aun bajando los torrentes de agua, la calle nos brindaban la oportunidad de improvisar más juegos; hacíamos carrera de barquitos (cualquier objeto flotante) sobre el improvisado rio, realizábamos diques conteniendo el agua e impidiendo que esta reventara la presa, desafiando la naturaleza con esa ingenuidad pura de nuestra infancia.


Casi siempre nuestro punto de encuentro sería un pequeño espacio rodeado de árboles (acebuches, siempreverdes, etc, ) que formaba el límite entre el Huerto de Becerra y las casas y chozas colindantes. Entonces aquel pequeño espacio, era nuestro, las niñas jugaban al elástico, a la comba, al coro, etc,…y solo las gallinas y los pavos, podían invadir arbitrariamente nuestro terreno, nuestras madres nos tenían allí seguros, y solo en las tardes a la hora “del pan con manteca y vaso de leche hervida con azúcar” podían reclamarnos, aquello formaba parte de un hito nutricional que no nos podíamos saltar. Merendar en casa de cualquiera era mandatorio, había poco y sencillo, pero lo que había se compartía.


Volviendo a nuestro reencuentro al cabo de los años,  todo lo demás era “coser y cantar”, la frescura de la fotografía reflejaba la felicidad de los niños de una época, el Americano plasmaba lo que inocentemente éramos, niñas y niños que jugaban, se enfadaban, lloraban y cerraban de nuevo el circulo jugando, formando esa familia de la infancia, de edades entre 5 y 8 años, sin ser consciente de nuestra cercana o lejana madurez, ya que ésta dependería del destino de cada uno. Provocar felizmente nuestro encuentro gracias al  empujón de Salus quién nos facilita la foto y efectuar este análisis fue lo que hicimos 50 años después.


Angelines comentaba como tendría que aportar algún ingreso a su familia a partir de los 13 años de edad, trabajando en el obrador de Isabelita la Berenjena, saliendo del colegio a las 5 de la tarde y regresando a su casa a las 11 de la noche, liando a mano cortadillos y tortas. Todas sus hermanas mayores habían empezado a trabajar incluso a edades más tempranas que ella, recordando a su antecesora - su hermana Anita -  que ya trabajaba en la tienda de Isabelita, a una edad en la que apenas alcanzaba el mostrador.


Las hermanas Mari y Manoli, marcharían al Poblado de Varelo (Las Lomas), donde su padre era destinado como Guarda Jurado, de allí marcharían a Cádiz, completando sus propios estudios y empezando a trabajar.  Marí comentó que abandonó Benalup con 14 años, regresando de nuevo ya que Manoli construyó su propia casa hace pocos años en el pueblo.


Beli comentaba que con 14 años y después de que le ofrecieran un trabajo como Auxiliar en la Fábrica Textil del Cura, tras el consentimiento materno, abandonó los estudios y empezaba también a trabajar sosteniendo económicamente el núcleo familiar.
Los hermanos Marisabel y Pepito, continuarían yendo y viniendo desde Cádiz a Benalup, teniendo algo más de fortuna en retrasar esa etapa convivida de la infancia con aquella temprana madurez que el destino deparaba a algunas de sus amigas.


El encuentro fue maravilloso, ya desde el primer momento y compartiendo un grupo de red social, empezábamos a mantener nuestros primeros contactos aludiendo a circunstancias de la época, pasada y presente. Durante nuestra tertulia fue difícil moderar y centrarnos en el objeto real - la fotografía -, pareciera como si estos cincuenta años no hubiesen pasado nunca, era como volver a la calle, no queríamos mantener ninguna disciplina y estábamos dispuesto a seguir jugando y divertirnos dándole continuidad a esa felicidad que plasmaba la foto, admitíamos que seguíamos siendo como éramos, en parte gracias a esa infancia compartida. Gracias Jerome, gracias Salus.




Comentarios

Enrique Torner ha dicho que…
Como traductor de dos libros de a quien llaman "el Americano" (con mayúscula), esta historia me conmovió muchísimo, y estoy seguro de que Jerome estaría emocionadísimo de poder ver cómo los personajes de su fotografía se reunieron después de tantos años para "re-actuar" su fotografía original. ¡Esto sí que es historia! Esto es pura "intrahistoria" unamuniana, la del Pérez Galdós de "¡Miau!" (no del de sus también famosos "Episodios Nacionales", quien, coincidentalmente, murió hace exactamente 100 años el día 4 del mes apenas terminado. Este proyecto fue una obra maestra de "recomposición": ¡Felicidades a Salustiano y a todos los miembros de la fotografía!

Enrique Torner, traductor de "Los anarquistas de Casas Viejas" y de "Las coplas de carnaval y la sociedad gaditana..." y catedrático de lengua, cultura y literatura españolas en Minnnesota State University, Mankato, en los Estados Unidos, original de Barcelona.

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