Todos somos inmigrantes 1

Todos somos inmigrantes. La frase me salió como un reflejo de ese instinto que hace activar mecanismos de autodefensa cuando estas en verdadero peligro. No se trataba de que yo considerara que en la conversación en mi bar de referencia se estuvieran metiendo conmigo porque fuera de Íllora, los de mi caso, como otros inmigrantes de la clase media, aunque sea injusto, tenemos otro estatus. Tampoco era una frase del tipo todos somos fulanico. La verdad es que no sé muy bien porque la dije, pero fue lo primero que se me vino a la mente. No me estaba refiriendo a Seisdedos o Miguel Ángel Blanco, evidentemente me estaba acordando de los Sopacas, aquellos segadores malagueños que estuvieron viniendo hasta los sesenta a estas tierras, como una forma de evitar la emigración definitiva pues su trabajo en los minifundios viñeros no les daba para vivir y debían completar con estas faenas estacionales. Se estaba hablando de la construcción y de la crisis. Alguien dijo que la culpa la tenían esos chinos, marroquís o sudamericanos que no sólo habían bajado los jornales en la obra, sino que además le habían quitado el trabajo a los españoles. Yo me acordé de que las relaciones de estos sopacas con los que ya estaban aquí eran muy complicadas, pues hacían los destajos a la mitad de precio que ellos. Con esa forma de trabajar por cuenta, era normal que tuvieran fama de “marrulleros y fulleros”, pero lógicamente los grandes beneficiados eran los terratenientes que no sólo con su presencia bajaban los salarios, sino también las reivindicaciones campesinas que muchas veces llegaban a niveles insostenibles para ellos. En las huelgas salvajes en el campo de finales de XIX y principios del XX estos sopacas fueron utilizados como esquiroles muchas veces. Por ello no eran extraños los frecuentes enfrentamientos con la población local. “La burguesía terrateniente favoreció siempre la presencia de forasteros por lo que entendían era un ejemplo didáctico social para las organizaciones obreras locales aparte de que podían establecer entre ellos más fácilmente las condiciones de trabajo y tipo de remuneración… la presencia de estos forasteros era fundamental cuando en los momentos álgidos, la demanda de brazo se multiplicaba y no era suficientes los recursos disponibles””(Antonio Migue Bernal). Yo me planteaba en mitad de la conversación sobre los inmigrantes albañiles, si también los latifundistas de antaño serían tan hipócritas como alguno de los que contrata a estos trabajadores, que por un lado son los grandes beneficiados, pero por otro son los primeros que se rajan la camisita con su españolidad y con que España tiene que ser de los españoles, siendo los primeros que piden la expulsión de estos inmigrantes. A nadie le gusta irse de su tierra y menos en las condiciones que lo hacen estos inmigrantes (vease por ejemplo la película Querida Bamako).

Comentarios

Carmen Vargas ha dicho que…
Que verdad más verdadera, amigo salus. Hace día también tuve una conversación muy parecida a la que tú mantuviste en tu bar de referencia. También recordaba yo a esta persona, como él se vió con su maleta de cartón en una estación de tren rumbo a lo desconocido pero con sueños de una vida mejor... Qué rápido olvidamos, cuando nuestro ego está por encima de todo. Y como tú bien dices, cuando somos más españoles que nadie.

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