Casas Viejas y yo. Y la cultura. Por María Orellana Rodríguez

No sabía que tenía que escribir el último post antes de las vacaciones de verano en el blog de Salustiano Gutiérrez, espero estar a la altura. Reconozco que he intentado escaquearme pero me consta que este señor, al que mi familia quiere mucho,  consigue todo lo que se propone y esto no iba a ser menos; así que nada, al lío.

Llegué a Benalup Casas Viejas por amor hace por lo menos 16 años; parece un tópico y lo es. 
Conocí a Manolito de los jardines en Tarifa, dijo que juntos iríamos a dar la vuelta al mundo; lo creí y me trajo  aquí. 
Mis amigas no comprendían qué hacía una mujer inquieta, curiosa y movediza como yo en un pueblo como este.


El caso es que, aunque nacida en Sevilla capital y criada un poquito en Arahal y otro poquito en el campo, Benalup siempre me pareció un buen lugar para vivir: tenía paisajes alucinantes, aves que venían e iban de y a sitios lejanos, pinturas rupestres, el parque de Los Alcornocales a tiro de piedra,  lugareños de aquí y lugareños de cualquier sitio que conseguían entenderse en el bar de Manolito a la perfección, hablaran o no el mismo idioma,...


Aquí fui madre y no tengo la menor duda, es el mejor lugar para que mi hijo Lucas crezca. "¡Benalup, el país de  la diversión!" decía Pedro, el hijo de mi medio hermana Marita, cuando venía a visitarnos.


¿Pero cuál ha sido en mi caso la trampa? Sin lugar a dudas la cultura.
De niña fui traviesa y con mucha imaginación, siempre estaba bailando, cantando, haciendo piruetas,... Recuerdo a mi madre llevarme a un concurso y dicirle a la señora de las inscripciones que su hija hacía de todo: "¡lo mismo le canta, que le baila, que le hace un mortal!"
El teatro siempre me ha acompañado y cada vez que he podido lo he practicado. Me formé en animación de calle durante un año (Sevilla) con Pepe Queros y Paco Tous, también participé en varios programas formativos en Viento Sur, pero me titulé como Arquitecta Técnica en la Universidad de Sevilla y ejercí de jefe de obras durante nueve años, hasta que me llamaron de una bolsa para dar clases en Secundaria; llevo catorce años desempeñando esta labor  en un ciclo de grado medio de carpintería.


Es aquí en Benalup donde consigo gestar proyectos culturales siempre acompañada de Manolito; donde logramos con la ayuda y confianza de mucha gente, sacar adelante más de una decena de obras de teatro,  alguna con más de setenta personas a nuestro cargo (probablemente el ejercicio de la jefatura de obras amplió mis capacidades organizativas); hemos organizado proyecciones de cine nacionales e internacionales, exposiciones, concursos de pintura, cursos de danza y circo, etc…; es aquí donde la cultura se convierte en el eje principal de mi vida y de la de mi familia y amigos; y es aquí donde comprendo su necesidad.



Es un lugar lleno de artistas, músicos, escultores, pintores, bailaores flamencos, etc. Aquí podemos encontrar un centro de interpretación prehistórico, un museo de memoria histórica, unas pinturas rupestres, un carnaval de máximo nivel, un teatro majestuoso, un hotel singular con museo de los años 30, otro alojamiento de cinco estrellas que también apuesta por espectáculos, y  cuenta  con numerosos locales privados que recurren a la cultura como motor dinamizador.


A mi juicio, la cultura es el elixir de este lugar, su seña de identidad. La cultura es necesaria,  es el alma de la sociedad hasta  tal punto que la hace vibrar, la despierta, la define y da vía libre para ampliar oportunidades; además, ayuda a comprenderse a sí misma, a tener en cuenta su historia.


Se han producido dos conquistas culturales en esta población  que la definen y distinguen del resto: por una parte “la conquista cultural de Jerome Mintz”, personaje que no hizo otra cosa que permanecer el tiempo suficiente  para observar, conocer, preguntar, grabar, escuchar   y así entender a una sociedad  a la que callaron  sus palabras pero no sus vidas diarias ni sus costumbres; por otra parte,   “la gran conquista de Salustiano Gutiérrez": con su trabajo diario, ha conseguido dar identidad a la gente de este pueblo dotándolo de conocimiento; sin lugar a dudas lo ha engrandecido. 
Es una suerte vivir aquí donde personas como estas han encontrado el interés necesario para enaltecer su cultura y colocarla en el lugar que le corresponde; ambos dos han hecho un tándem perfecto, tanto monta monta tanto.


Un pueblo que cuida su cultura y la defiende es un pueblo rico y libre, probablemente por eso estoy aquí.


Y no quisiera terminar sin dedicar unas palabras a los agentes culturales, artistas y todos los colectivos afectados por la covid 19. No debemos olvidar que han sido ellos los que inundaron las redes durante el confinamiento para que viésemos películas gratis, visitáramos museos virtualmente, tuviéramos conciertos, llenaron nuestras casas de música, de cuentos,…


Quiero hacer un llamamiento a las instituciones y a la sociedad en general para que tomen conciencia de la necesidad de tenerlos y de valorarlos como es debido.


Benalup Casa Viejas es un lugar donde me siento libre, un lugar lleno de puertas abiertas al mundo. Sólo queda agradecer a Manolito que se cruzara en mi camino y me trajera aquí. Los dos juntos hemos podido echar a volar un montón de pajaritos y los que nos quedan….y a ver si me lleva a dar la vuelta al mundo.


Y ahora voy a pedirle al señor que administra este blog que se vaya de vacaciones  hasta septiembre y descanse un poquito.
¡Feliz verano!

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