La evolución de la población en Benalup-Casas Viejas. A manera de conclusión. 7


Los datos, como el algodón no engañan. Luisa Fernanda Sánchez enlazó a un artículo de El País estos datos que aparecen arriba  y escribió un escueto y significativo “¿nos hacemos una idea de cual será nuestro futuro?" En la última década hemos perdido 222 habitantes. En toda la historia de B-CV solo se había perdido población en la década de los cuarenta, en la fatídica postguerra.
Pero el problema no es que se hayan perdido esos pocos más de doscientos habitantes, sino de la forma que se han hecho. Hay 304 menores menos en 2019 que en 2009 y 177 más de 65 años. Es decir, que el envejecimiento es evidente. Pero la pérdida de población no se debe al crecimiento natural que ha sido positivo en 124, sino al saldo migratorio que ha sido negativo en 346 personas. No sabemos el número exacto de los que han emigrado, pero sí lo que resulta de su relación con la inmigración. El problema se agrava si añadimos la certeza de que un gran número de los que se han ido, pertenecen a gente joven con una alta cualificación académica. 





Es decir, que el problema demográfico actual de B-CV es fruto de que ha accedido a la modernidad, algo parecido a morir de éxito. Tenemos unas bajas tasas de natalidad porque ha cambiado el rol de la mujer, de la familia, de la religión y de los métodos anticonceptivos. Ha subido la esperanza de vida y han cambiado las causas de la mortalidad, antes dominaban las infecciosas y ahora las degenerativas. Ambas variables, la bajada de la tasa de natalidad y la subida de la esperanza de vida conforman el grave problema del envejecimiento de la población benalupense. Por las proyecciones existentes parece ser que esta tendencia se va a mantener en el tiempo. Son positivas las causas por las que han modificado su comportamiento la natalidad y la mortalidad, pero es negativa la consecuencia del envejecimiento, ya que la sociedad se convierte con él en más retrograda y sobre todo hay problemas para mantener el estado del bienestar (educación, salud, pensiones, prestaciones sociales…) pues cada vez es menos la población activa y más la población mayor dependiente. Para solucionar este problema no se puede volver a los presupuestos de la sociedad tradicional, elevando el crecimiento natural, sino que solo lo podemos remediar subiendo el saldo migratorio positivo. 


Pero resulta que este ha sido negativo en esta época y que ha sido el principal responsable de la pérdida de población en el decenio. Además, un gran porcentaje de los que emigran son jóvenes con una alta cualificación, que han realizado su formación primaria y secundaria en el pueblo. Pero que cuando terminan sus estudios universitarios o de ciclo formativo no encuentran que el mercado laboral local satisfaga sus expectativas. Está claro que en el futuro dentro de la sociedad de la información y comunicación en la que nos encontramos hay que seguir fomentando la cualificación, pero habrá que intentar por todos los medios fijar esa población en su pueblo. Para mitigar el envejecimiento de la población (aumentando la natalidad), la pérdida de valores tradicionales y culturales, la conservación del medio ambiente y seguir fomentando valores como la sociabilidad, la empatía y la solidaridad que se dan en el mundo rural es necesario crear puestos de trabajo para la generación mejor preparada de la historia de Benalup-Casas Viejas. Se consiguió el reto de la modernidad, se cubrieron las necesidades básicas, se han mejorado las infraestructuras (¡esa carretera del Castaño), los equipamientos y los servicios… pero los jóvenes mejores formados de toda la historia de B-CV tienen que irse fuera a trabajar porque en el pueblo no encuentran trabajos adecuados a la formación adquirida. 



Es verdad, que cada vez hay más jóvenes benalupenses trabajando en los dos colegios, en el IES, en instalaciones sanitarias, en puestos administrativos que requieren alta cualificación (grandes empresas como Las Lomas o Cortijo Bio, asesorías), son protagonistas de proyectos de empredimiento… pero parece que no es suficiente. Si contra el envejecimiento de la población benalupense no podemos luchar porque no estamos dispuestos a renunciar a las mejoras conseguidas, si se puede fijar como objetivo prioritario que el tejido económico del pueblo ofrezca posibilidades de desarrollar a estos jóvenes sus potencialidades laborales. Les va en ello a los jóvenes su futuro, pero también nos va a nosotros. 


Que después de siete artículos sobre demografía benalupense concluya que el reto de futuro más importante que tiene la población benalupense sea posibilitar a los jóvenes que lo deseen que trabajen en el pueblo donde han nacido me parece una buena conclusión. Parece una verdad de perogrullo pero nuestros jóvenes son la joya de la corona de este pueblo y los necesitamos altamente cualificados y trabando en su pueblo. Para solucionar este problema hay que empezar concienciándose de esa realidad. Hay que diversificar la economía del pueblo, hay que tender la multifuncioalización, al desarrollo endógeno y sostenible con el objetivo de evitar que la juventud formada no pueda quedarse en su pueblo a realizar su proyecto de vida. 


Creo que ha merecido la pena esta serie sobre todo porque gracias al análisis demográfico hemos llegado a esta conclusión. Pero al principio su objetivo no era ese. Cuál fue su primera intención será objeto del próximo y último post de esta serie.

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