Patrimonio cultural familiar de B-CV. Casos concretos. Moliendo el trigo y haciendo el pan. 22


Ya ha aparecido varias veces en este blog la historia de los Ríos Fernández. En esta serie sobre el patrimonio familiar me ha parecido interesante volver a traerlos porque refleja muy bien como los artesanos e industriales se van consolidando en el pueblo una vez que llegan, pasando el negocio de padres a hijos en la más estricta tradición familiar. 


Basándonos en el trabajo de María Ríos Grimaldi vamos a ver un ejemplo de una característica más general, la unión a través de las bodas entre familias de similar clase social y oficios. Se trata de pequeños propietarios y artesanos que terminan en Casas Viejas, un pueblo nuevo, que ofrece muchas posibilidades a los que vienen ávidos de ellas. Por parte paterna proceden de Medina, estableciéndose Benito Ríos como colono de Malcocinado (la comunidad de campesinos que se establece en 1934 después de los sucesos y como intento de paliar el problema agrario característico de la zona). Uno de los servicios básicos que se instaló fue la panadería.  Ésta se ubicó detrás del granero,  lo cuenta Fernando Sigler: "Con su horno, clasificador y máquina de sobar, en la que se producía la cantidad que consumía la comunidad semanalmente, 18 quintales de trigo. Ellos mismo comentaron en 1935 en un artículo de “Claridad” cómo era el funcionamiento de la panadería: “Todas las semanas mandamos el carro a Casas Viejas, que dista cinco kilómetros, con dieciocho quintales de trigo, cantidad que se consume en semana, y nos hacen una molienda especial. cuando llega a la panadería, pasa al torno clasificador, y de allí sale la harina pura, y los acemites [restos de granos sin descascarillar que quedan tras la molienda gruesa] pasan a los cerdos para su aprovechamiento.

El amasado se efectúa por muchachas, hijas de los asentados, y bajo la dirección de uno de ellos (Benito), que está encargado de dicho trabajo; una vez fuera del horno las piezas de pan (llamadas teleras), empieza la distribución, que consiste en llevar un libro de asientos donde se hace constar el pan que se llevan diariamente, obligándose a que cada uno presente su libreta particular al retirar el pan, en la que se le asienta lo retirado para su garantía. Las teleras tienen kilo y medio de peso”. Benito Ríos Pérez llegó a ser cabezalero una vez que declararada la guerra Suárez Orellana tiene que huir y es asesinado Francisco Fernández Guerra de la Vega, posteriormente se encargará de la panadería de la Comunidad. 


Su hijo Juan Luis Ríos recuerda perfectamente el funcionamiento de esta panadería: " La panadería era muy rústica y primitiva, se amasaba a mano y el refino de la masa se hacía con un artilugio de dos cilindros de madera movidos por un burro, ese artilugio se llamaba mastren. Esta "máquina" estaba dentro de un gran cuarto y el burro giraba para hacer mover los cilindros por donde pasaba la masa". En 1949 se desmantela el proyecto de la comunidad de campesinos y aunque algunas cosas como el rebaño de ovejas o la piara de cerdos o la báscula siguieron siendo comunitarios la mayoría se convirtió en propiedad individual. Cuando la panadería dejo de ser comunitaria Benito Ríos la modernizó montando maquinas amasadoras movidas  por un motor de gasoil, y un horno, que aún siendo de leña, tenía la entrada de la leña por boca distinta que el pan". Prosigue Juan Luis: "Esta panadería siguió funcionando hasta los primeros años de la década de los setenta del siglo pasado. Sus dos hijos José María y Manuel la trasladaron a Benalup donde sigue, cambiando de dirección pero no de nombre, cosa que todos los hermanos agradecemos, pues de esta forma se hace un homenaje a nuestro padre".


En 1976 la familia se traslada a Benalup e inaugura panadería en la plaza de la Fuente los Vaqueros. Actualmente, Roberto, uno de los descendientes sigue regentando la panadería. Mantiene ese orgullo y ese carácter tradicional propio de estas actividades artesanales que no deberían perderse nunca. 



Los Ríos de Medina emparentaron con los del Río de Jubrique, pueblo del valle del Genal, que vinieron a Casas Viejas a explotar un molino maquilero. Juana del Río Gil casa con José Ortiz Aguilar, el Capataz (por su profesión de encargado de los alambrista y que  luego heredaría el molino de su nombre). 


Ella hereda un molino al lado de la Alameda que era propiedad de unos ancianos a los cuales ella cuidó y que no tenían descendencia directa. Juana del Río Gil y José Ortiz Aguilar (el capataz) cuidaron al matrimonio que le decían Los Pájaros, que eran los propietarios del molino. Por el CUDIO ( Cuidaron de este matrimonio hasta que murieron. En vez de cuido decían cudio) le dieron el molino. El padre de Juana del Río Gil era Antonio del Río Ronda, alcalde pedáneo en 1906 y procedente de Juzcar. Lo llamaban Antoñito el molinero. Se molía solo trigo que la gente del pueblo llevaba. No se cobraba dinero, la moneda era muy poco utilizada en esta época el molinero se quedaba con parte del trigo correspondiente al trabajo que llevaba molerlo y la otra parte era para quién lo había llevado. Todos los molinos funcionaban con agua, que venía desde el Cañuelo, pasaba por la fuente de Cristobilla, después este molino del Capataz y terminaba en los dos molinos de Juan Luna. Según la tradición familiar el molino se construyó en época musulmana, en los mismos años que se hizo la Torre de la Morita. 


De ese matrimonio nace Maruja Ortíz del Río, que casa con José Fernández Gómez, montaraz procedente de Algar que se estableció en el Carrizuelo. En la postguerra la guardia civil estableció en este pago un destacamento para luchar contra el maquis. Del matrimonio de ambos nace Juana Fernández Ortiz que a su vez casa con José María Ríos Pérez, hijo de Benito Ríos, el antiguo cabezalero y después panadero. Como dice María Ríos en su trabajo “uniendo una familia de molineros con otra de panaderos (molemos el trigo y hacemos el pan)”.

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