Patrimonio cultural familiar de B-CV. Casos concretos. José Luis Orellana Jordán, "Torrijas". 20

Las dos fotos inferiores izquierda de Jerome Mintz
Propios de los pueblos de aluvión y los relacionados en su formación con el latifundismo aparecen los oficios tradicionales. En un pueblo de artesanos como este, los alfareros destacaron de forma especial. Muy reconocido fue José Luis Orellana Jordán “Torrijas”. Torrijas ha sido el artesano por excelencia de este pueblo. La ubicación de su taller fue variando con el tiempo, empezó en la Calera, por el actual bar Polvarea, se trasladó a Paternilla y termino en su casa en la calle Torreta. 

Cuenta su hijo sobre el: "Mi padre empezó a trabajar como alfarero, a los diecisiete o dieciocho años aproximadamente, cuando le enseñó un hombre mayor. Él trabajaba haciendo cal de obra con piedra caliza, hacía también cosas de cerámicas, búcaros, platos, jarrones, hacía ladrillos, toscos, tejas, lozas, también sabía pintar y dibujar. Empezó a fabricar productos cuando cogimos unas tierras de herencia y le pusimos unos hornos y le compramos cerámica en Jerez. El barro se echaba en un cuenco, luego se limpiaba para quitarle los chinos para que se quedara “finito”, después se sacaba de la otra pila y había que esperar a que se pusiera un poco duro. Se cogían las pesas de barro y se moldeaban según como la quisieras de grande. Se ponía encima de los tornos, se subía el barro, se le metían los dedos para hacer la maceta o lo que quisieras hacer y luego se dejaba secar. Cuando estaba seca se metía en el horno y ya cuando terminaba la pintabas…" Añade su nieta Marta: “Mi abuelo, decoraba as pieza muy bien, porque sabía pintar, don que hemos heredado gran parte de la familia”
Foto  de Luis Torrijas aparecida en el libro de Antonio Luis Rodríguez Cabañas Benalup Casas Viejas

Por su parte Alfonso Pérez-Blanco Muñoz dice sobre Luis Torrijas: "De Luis la palabra que me viene a la mente es pasional. Cuando hablaba como artista se encendía, yo le preguntaba sobre su trabajo de alfarero, pero eso era poco y un día con un cincel y un martillo me demostró como podía esculpir el busto de Aníbal, nos fuimos al huerto llamado el tejar y a la sombra de un mandarino y mientras contaba cosas de la escuela de cuando era niño y con calma apareció lo que denominó Aníbal que era parte de su acervo cultural aprendido con don Manuel Sánchez. Supongo que podría ser en 1970. Por este tiempo no se si el horno de la calera aún funcionaba. Más adelante pasados unos años fui a verlo en la parcela donde había montado un horno, la verdad es que lo encontré muy bien en esta ocasión cogió una caja de cartón y la llenó de pequeñas piezas de cerámica que aún conservo. Comentó muy contrariado que el ayuntamiento pretendía cobrarle por actividad industrial, tenía un pequeño horno de leña y pasaba el tiempo haciendo lo que bien sabía. Puede que no consiguió desarrollar su gran potencial como creador, pero su huella ha quedado, para mí fue un maestro, lo recuerdo con afecto y me congratula saber que también creó una gran familia".


Por su parte Luis Guillén Orellana escribió sobre él: “Recuerdo echar muchas tardes con él. Lo veía pasar con su burro tirando del carro por delante del campo de fútbol. Lo seguía, me quedaba con él y mientras dejaba descansar sus manos, tumbado sobre unos cartones con la gorra en su sitio y el cigarrillo en el suyo; me dejaba sentarme al torno como única forma de contener mi verborrea adolescente.
Las manos húmedas, el fino barro girando dejándose hacer, la elegancia y suavidad impropia de unas manos con la aspereza de la vida marcada en cada surco de las mismas. Magia pura, el arte en directo me hipnotizaba hasta que con un cordón fino, muy fino despegaba la creación del torno. Después de limpiarse las manos contra la pared a medio enfoscar de restos de barro de tantas veces repetir el gesto, la cogía entre sus manos con el mimo que merecen los recién paridos y la dejaba sobre una tabla para se asentara en la vida. Sólo después yo recuperaba la consciencia. Como ser humano y como artista gracias Luis”


En la actualidad ha desaparecido la calera, el alfar, los caleros, los alfareros, los artesanos.... toda la rica tradición que en el imaginario colectivo de Benalup-Casas Viejas  tiene a Luis Torrijas como uno de sus máximos representantes. Que no desaparezcan del todo, depende en parte de que nosotros mismos nos demos cuenta de que siempre los necesitamos y los seguiremos necesitando. Estos artesanos tradicionales forman parte del ADN de Casas Viejas.

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