Reflexionando sobre el papel de María Orellana en el microteatro 2020

Pasada la tormenta de la celebración de este 87 aniversario de los sucesos (que ha tenido un nivel grandioso, difícil de mantener en otras ediciones) llega la calma y con ella la reflexión. María Orellana escribe en el facebook un artículo de ese carácter y  de agradecimiento a todos los que han participado en el microteatro de 2020. 



El evento ha sido magnífico. por muchas razones, entre las que yo destacaría la novedad que supone implicar a los adolescentes en un proyecto como este. Personalmente hay otras dos razones  que me llaman mucho la atención. María se ha convertido en una de las personas imprescindibles en la recuperación de la memoria de este pueblo, pues no han sido ni una ni dos las veces que ha aportado su creación artística teatral, sino seis (2 obras en el teatro, 2 recreaciones y 2 microteatros), contribuyendo evidentemente a la consolidación con normalidad en el acervo cultural de la localidad de estos hechos. La segunda cuestión que esta vez este microteatro se ha convertido en una empresa casi familiar, ella era el alma de la creación, su compañero la acompañaba como siempre resolviendo circularmente todos los problemas que se presentaban  y su hijo era otro elemento importante encargándonse del equipo técnico  de luces y sonidos y de darle voz al malvado capitán Rojas. Si a ello le unimos que María Orellana no nació aquí, sino que lo hizo en Sevilla, ¿constituye eso una casualidad? Lo que sí está claro es que ese proyecto familiar me produce cierta envidia sana. 


Resulta que mi familia y la suya son muy amigas y que tengo el defecto profesional de ver las cosas con perspectiva histórica. Para llegar hasta esta obra, que es un conjunto de cinco más y es un proyecto familiar, han pasado una serie de acontecimientos  que lo explican. María Orellana es de las personas que desde siempre tuvo muy claro que no quería dedicarse a ganar dinero y a acaparar bienes materiales como objetivo fundamental de su vida,  sino que teniendo cubiertas las necesidades materiales básicas cubiertas le interesaba más el mundo de la creación y de la espiritualidad. Por eso, desde joven menudeaba por el mundo del teatro sevillano. La vida la llevó a estudiar arquitectura técnica y a trabajar como tal en el mundo viril, práctico y competitivo de la construcción. Trabajando en ello se topó en el hotel Arte y vida con un casaviejeño que trabajaba de camarero en Tarifa (Manolito el de los Jardines). Decidieron trasladarse a vivir a Benalup-Casas Viejas y ella dejó el mundo de los albañiles por el de la educación, yo creo que más acorde con su manera de entender la vida. Luego vino Lucas Ruiz Orellana y se unió al proyecto familiar, donde el teatro ocupó un papel muy importante para llenar sus vidas de cosas y no de nada.


En el 2008 dentro de los actos que se estaban programando para el 75 aniversario de los sucesos, Gerad Brey propuso realizar una obra de teatro sobre ellos. María y Manolo recogieron el guante y recuerdo perfectamente que a mí me pareció una locura, estaba totalmente convencido de que el plan no se haría realidad, era imposible hacer una obra de teatro que necesitaba tanto actores con la participación de gente no profesional del pueblo. Se hizo, salió estupendamente y luego se volvió a repetir. Lo mismo ocurrió con la recreación  de estos hechos, que también me pareció un proyecto imposible de llevar a cabo, pero que María y su equipo lo consiguieron (tras salvar muchos obstáculos visibles y menos visibles). Lo mismo ocurrió  con los dos microteatros. El resultado es que una sevillana ha conseguido gracias al teatro (también ha hecho otros muchos proyectos teatrales relacionados con otros temas) consolidar la tarea que ya inició Juan Moncayo y su equipo en 1990. El teatro, cuando haya perspectiva histórica suficiente lo veremos claro,  ha sido un elemento fundamental para este proceso de recuperación de la historia de este pueblo que hemos comentado muchas veces.


En la serie de Patrimonio cultural familiar de Benalup-Casas Viejas que estoy desarrollando en este blog vemos como  el  ADN de este pueblo se caracteriza porque está formado por gente muy hospitalaria que acoge perfectamente a los que vienen, personas de idas y venidas, gente que llega de fuera, aporta lo mejor que tiene y luego se quedan para la posteridad en el pueblo. El proceso se repite como los círculos viciosos, es  aquello que decía Antonio Ramón Espejo sobre la la tela de araña que constituye para la gente que se acerca a estudiar su historia. Benalup-Casas Viejas, al contrario que pueblos del entorno como Alcalá, Medina o Vejer, no es pueblo de terruño, donde abundan las familias con "ocho" apellidos de allí. Eso hace que esta gente acoja a los que vienen de fuera y les facilite su integración de una manera especial.


Estoy convencido de que labor como la que esta haciendo María Orellana o hizo Mintz no se la hubieran permitido en otros pueblos
más tradicionales, más conservadores, más apegados al terruño. Por eso yo creo que María Orellana tuvo mucha suerte en llegar a Benalup-Casas Viejas y Benalup-Casas Viejas tuvo mucha suerte en que llegara aquí María Orellana. No hacen falta homenajes, sólo constatar una realidad. Esto es lo que me sugiere el microteatro de 2020, que se integra dentro de un proyecto más amplio en el pueblo y con un carácter familiar. Es una relación simbiótica, en la que ambas partes salen ganando, que han ocurrido muchas veces  en este pueblo (y ojalá sigan ocurriendo) y que hay que entender con toda la normalidad del mundo en un pueblo nuevo, de aluvión, que trata al que llega lo mejor que puede y que obtiene de este lo mejor que tiene. Ese equilibrio natural que siempre ha representado la migración y que  algunos insensatos quieren eliminar en un ámbito más global, da frutos como este microteatro de 2020. En una sociedad donde el odio, la intransigencia y el rechazo al otro se extiende peligrosamente certezas como esta nos sirve para armarnos de razones que defiendan la integración, la fusión, la mezcolanza y la hospitalidad. 

Comentarios

Maribel Barberán ha dicho que…
Totalmente de acuerdo con esta reflexión.María Orellana hace poquito tiempo se ha subido al tren de mi vida y espero que me acompañe muchas estaciones porque aún con lo poquito que la conozco estoy descubriendo una persona muy enriquecedora en Mi vida. Añadiría que también he visto colaborando con este microteatro (por el tamaño) pero Macroteatro (por lo que transmite y lo bien hecho que está) a tu Compañera de Vida, otra persona migrante que la vida nos regaló a las personas Casaviejeñas. Enhorabuena a ambas Mujeres (escrito con mayúsculas a conciencia).
María Lozano Añino ha dicho que…
Conociendo como conozco a esta gran familia y en especial a mi medio hermana María, creo efectivamente que recalar en Benalup Casas Viejas fue toda una suerte de serendipia para todos.
Para ella, que encontró el lugar perfecto para crecer, para vosotros por poder contar con ella y para los que os visitamos de vez en cuando y podemos disfrutar de todo lo que generáis.
Este lugar, con entidad de ciudad, pero con la escala emocional de un pueblo, me ha parecido siempre un lugar fascinante, en especial por la inquietud de todos los que lo habitáis.
Gracias Salus, por todo lo que aprendo cuando me acerco a las cosas que cuentas (escritas o habladas) y gracias por estas palabras acerca de María, por todo lo que encierran.
María Orellana es maravillosa, sin ella no habría podido hacer jamás el documental sobre los sucesos de Casas Viejas. Es de esas personas que siempre sonríen y que uno quisiera tener al lado en cualquier circunstancia de la vida. Ojalá hubiera muchas María Orellana en el mundo.

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