Tierra de mujeres. De María Sánchez. Introducción. 1

Demetrio Mateos y María Montiano detrás. Foto Mintz
Tenemos nueva sección en el blog. Se llama Tierra de mujeres, basado en un libro del mismo nombre de María Sánchez. La dinámica va a ser parecida a la que estoy haciendo con el libro de Eslava Galán, mitad texto de ella y otra mitad de alguien que yo se lo haya ofrecido o que se ofrezca voluntaria/o. La temática general es el mundo femenino rural de las anteriores generaciones y la España vaciada.

Comienza la introducción de su libro María Sánchez: ”Las casas de nuestros abuelos están llenas de retratos. Nos observan desde el cristal y parece que de un momento a otro podrían arrancarse a hablar. Algunas veces pienso que callan demasiado. Otras, que nos recriminan con la mirada. Me gusta pararme a pensar en cómo se hicieron esas fotografías y por qué, quién eligió la escena, el marco y el lugar idóneos para que pudieran terminar siempre congelados en un instante, contemplándonos desde la pared. Un cuidado y na ceremonia que las generaciones más recientes hemos dejado atrás. Hoy podemos hacernos una fotografía en cualquier momento y lugar, pero no tiene el valor ni el aire ritual que tenían para nuestros mayores. No hay retratos que se piensen, que se hagan con calma, con mimo. No existen esas dedicatorias en el revés, no hay lugar para el paso del tiempo, para el color amarillo en las manos y el rostro, en las esquinas, en el paisaje. Nosotros, hijos del progreso, ya no guardamos fotografías en álbumes ni en antiguas cajas de galletas que primero fueron costureros y que han terminado sus días como almacén de rostros y recuerdos…
Manuela Quijada Pino


Este ensayo que crece a partir de aquí, como las vainas enrolladas del trébol carretón que se enganchan al lomo de las ovejas trashumantes para germinar a miles y miles de kilómetros del lugar donde nacieron, es simplemente esto, una llegada, espero que no demasiado tarde, a lo que conforma  mi narrativa invisible, a las que no se nombraron y existieron, a las que siguen ahí, en la sombra, con voz pero que no se oyen porque no hay espacio ni altavoz posibles para ellas. Este ensayo es una mano, al fin, decidida a alargar trasplantar, a cuidar antes de los marquitos de nuestras casas queden completamente huérfanos, callados, vacíos, sin que nadie los mire”



A mí me ha publicado El Portal de Andalucía el siguiente artículo sobre el tema que quiero compartir con vosotros 
Andalucía, tierra de mujeres
Acabo de leer el libro de María Sánchez Tierra de mujeres, fue una recomendación de mi amigo Agustín Coca. Voy a contar una anécdota: cuando era joven, los libros que me impresionaban terminaban estampados en el armario de mi habitación. Todavía está rota su luna en mi vieja casa pues no soportó el impactó del final de El amor en los tiempos del cólera. Más tarde catalogaba los libros de excelentes cuando me provocaban horas y horas de reflexión; si venían acompañados de debate le poníamos la guinda al pastel. Ahora me encantan los libros cuando de ellos tomo  notas y me provocan la necesidad escribir. Este ha sido el caso de Tierra de mujeres de María Sánchez. Escribir de mujeres como lo voy a hacer siendo un hombre puede, en principio, no parecer fácil pues la historia de las mujeres siempre la hemos escrito los hombres y podemos tener cierto complejo de intrusos, lo que nos lleva al retraimiento y postergación ante problemas de relación de género que nos compete a ambos. Por cuestiones personales, que no vienen al caso, estoy vacunado contra ello y me apetece escribir sobre el tema. 
La Periquina


De mi abuela paterna recuerdo que le encantaban los melones y las sandías, salieran buenas o malas; también una expresión impactante:  decía que lo que hacía falta es que Dios no nos mandara lo que somos capaces de aguantar. Ella soportó que los sublevados mataran a su marido y crió a cinco hijos. Mi abuela materna tuvo la capacidad de sacar adelante otra familia con otros cinco hijos bajo el aplastante machismo de la época, sin que se apagara su irradiante luz y sin que se notara demasiado la docilidad de mi abuelo. Además, cuidó de mí sin saber lo que eran conceptos como solidaridad familiar o familia de base ancha. Mis tías maternas, amén de colaborar en esa labor, también se adaptaron al machismo imperante, como el resto de mujeres pobres. Una era la fuerte de su familia, pese a que en el ámbito público el marido era el duro; otra tiraba de la vida familiar mientras que al hombre se le “encartaba” la calle o emigraba, aunque ella no supiera decir frigorífico; la tercera respiraba para no ahogarse  fuera en Alemania o donde su marido se trasladara y la última irradiaba y repartía todo el cariño y la solidaridad que la familia necesitaba. En cuanto a mis tías paternas  las dos hermanas de mi padre no solo resistieron el asesinato de su padre por los rebeldes en la Guerra Civil y la insidia intrafamiliar que el asesinato provocó, sino también el exilio forzado que en los años sesenta se vieron obligadas a tomar. Las otras dos a una la tengo como el prototipo de la resistencia y la adaptación y a la otra de como se puede ser la mejor persona del mundo, asumiendo los roles de la época. Todas aguantaron todo lo que el equilibrio les envió. 
Familias en la calle San Blas



Mi madre es la persona más fuerte, más lista y más comprometida con su familia que he conocido en mi vida. Mi compañera es una inconformista nata que nunca ha aceptado las condiciones impuestas por donde la colocaron en la casilla de salida de su vida. Ninguna de estas “mis mujeres” pudieron vivir un clima de libertad decente, pero todas lucharon por ella. Mi hija es la mujer de mi entorno más libre, preparada y comprometida socialmente que he conocido. Por lo menos por este campo progresamos adecuadamente. 



El libro de María Sánchez concluye que la España rural, vaciada, marginada… sobrevivirá en la medida que lo hagan sus mujeres. Creo que lo mismo que le ocurre en nuestra Andalucía. La clave reside en ellas. Ellas accedieron al mundo laboral aunque tuvieron que compaginarlo con el peso de las tareas del hogar, soportando un doble trabajo, remunerado sólo uno. Ellas posibilitaron con su opción por la modernidad que bajara la natalidad, que tantas consecuencias tendría, pese a que muchas veces incluyó duras renuncias personales. Ellas consiguieron su liberación gracias a su implicación personal en el mundo educativo y laboral, sin embargo tuvieron que soportar muchos techos invisibles… 



Ahora tenemos una nueva generación de mujeres emancipadas y libres (aunque resta mucho camino por andar) que nos enorgullece a  padres y   madres, pero que ellas tienen que ser conscientes que sin el sufrimiento y la humillación sufrida por sus bisabuelas, abuelas y madres,  no hubiera sido posible esta ingente tarea. En su ADN llevan el gen del aguante. Es la misma consideración que sostiene María Sánchez en su libro Tierra de mujeres. Tesis tan básica, tan clara, tan sencilla, tan esencial, tan simple, tan de “perogurullo”… tan necesaria.


Todas las fotos son de Jerome Mintz

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