Las redes sociales y las campañas electorales. La relación con Benalup-Casas Viejas


No es Winston Churchill un político que me guste especialmente, sin embargo reconozco que es uno de los que más citas utilizo. Hoy voy a poner las bases de este post con tres: la primera, aquella que decía que la alternancia es el sustrato de la democracia; la segunda, que "la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado"; y la tercera, "Un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones".

Me despierto con la radio, la prensa y la tele diciéndome que la Junta Electoral Central ha afeado a Pedro Sánchez que utilice la Moncloa y medios institucionales para pedir el voto para el PSOE, que hay una campaña pidiendo la desmovilización del voto para el PSOE y Más País donde se ha descubierto que la cuna la mece gente relacionada con el PP, a lo que Facebook ha reaccionado retirando esas páginas y  Twitter ha anunciado que no va a permitir propaganda de partidos políticos en sus redes. 


Está claro que desde que en el mundo occidental se impuso la nueva democracia, los distintos partidos políticos han intentando utilizar los recovecos, las manipulaciones, los engaños, subterfugios, argucias, falsedades, pretextos… para conseguir el mayor número posible de votos, que no sólo les otorgue el poder político, sino también el económico, ya que este es una misma moneda con dos caras. Al mismo tiempo debo que decir que si no hubiera políticos habría que inventarlos.


Lo anterior se agrava en el mundo latino y en España especialmente. Ya tengo pedido mi regalo de reyes para este año; quiero el libro de Paul Prestón “Un pueblo traicionado” (como no creo en los reyes ya lo he encargado). El hispanista inglés sostiene la tesis de que el pueblo español no ha conseguido el desarrollo económico, político y cultural que le correspondía porque una oligarquía política y económica se ha apropiado para unos pocos lo que pertenece a unos muchos. Si a ello le unimos el problema territorial que no hemos sabido históricamente resolver, podemos entender mejor la situación actual incluyendo la cuestión catalana, la parálisis política o la polémica surgida por la exhumación de Franco. Se puede leer en El País: “La corrupción también puede dar risa. En España se ha trampeado con dinero público para adjudicar el monopolio del exterminio de ratas, se han colocado urnas en pocilgas o tejados para disuadir la participación electoral, se han deconstruido y volatilizado del paisaje monasterios históricos a golpe del talonario de William Randolph Hearst y se ha favorecido la instalación de ruletas trucadas en casinos por parte de todo un presidente del Gobierno de la Segunda República, Alejandro Lerroux. Pero las 775 páginas (168 de notas) del nuevo libro de Paul Preston, Un pueblo traicionado (Debate), que sale a la venta el próximo jueves 24 Octubre), producen sobre todo un desasosiego incómodo: la corrupción ha corroído la espina dorsal del Estado durante los últimos 140 años”.


Ya hemos hablado otras veces que una de las causas de que la Historia de Benalup-Casas Viejas sea tan mediática es que alguna de las características generales de la Historia de España se han dado en esta tierra de forma exagerada, hiperbólica, ese puede ser el caso del problema agrario o la corrupción política que tan de la mano han ido siempre. Sería de risa o para orinar y no echar gota, si no tuviera un trasfondo tan trágico: las apropiaciones indebidas de solares urbanos en el casco antiguo utilizando testaferros, fuentes, ventanas o diversas argucias legales, pero no morales. Por cierto, muchos de ellos se encuentran hoy en el más denigrante abandono. También podemos citar las veces que los candidatos a diputados invitaban a los clientes del bar al vino que estaban tomando o el caso del conde de Barbate que regaló un atún o el marqués de Tamarón y el de  Negrón que llegaron a pujar hasta 20 duros con la  condición de asegurar el voto. Tras el oasis fresco y fallido (la hicieron fracasar) de la Segunda República se instauró en España la época de mayor corrupción política y económica de nuestra historia, aunque el franquismo le puso al régimen la máscara de democracia orgánica para disimular una pura y dura dictadura. Del franquismo, como sostiene Paul Prestón, quedan demasiadas huellas en España y en Benalup-Casas Viejas. Las mordidas personales, el esconder la basura debajo de la alfombra y la financiación ilegal de los partidos políticos son ejemplos paradigmáticos de que la transición en España no ha sido tan modélica como nos la han querido vender, aunque no hay quien le quite que consiguió poner de acuerdo a gente tan dispar como Fraga o Carrillo en pro de los intereses generales y dejando en evidencia a los políticos actuales. 


Tragicómico es lo que me han contado muchas veces, que yo me creo, sobre que en la elecciones municipales de 1987 en Benalup de Sidonia el pucherazo que se produjo dejaba en mantillas a los de la Restauración o a la famosa publicación informática de principios del siglo XXI con el significativo nombre de "Los Chunguitos de Benalup”, que tanto daño hicieron a la población en general y a los que la promovieron. 


Llegamos al final. La situación actual no es ni más mala, ni más buena que la de la historia contemporánea de España y Benalup-Casas Viejas, simplemente es distinta. La novedad la representan las redes sociales. Lo escribo del tirón: para mí Internet es el mejor invento de la historia del hombre, por encima de la rueda o el fuego, pero tiene tanto poder que necesita cierta regulación. Y los casos del Facebook y Twitter antes comentados lo demuestran. Si le añadimos el caso de las fake news, nos encontramos ante uno de los debates más interesantes de la actualidad. 


En el caso de B-CV hay actualmente una polémica planteada sobre si es lícito hacer campaña o expresar opiniones políticas desde el anonimato o los perfiles falsos. Tengo amigos y gente que aprecio que lo practican y lo defienden. Los respeto, como no podía ser de otra forma, siempre he pensado que los peligros de la libertad se combaten con más libertad, pero opino que la democracia es tan susceptible de ser manipulada, tan débil, tan propicia a ser utilizada para el beneficio de unos pocos, que principios como que el fin NO justifica los medios o la inviolabilidad e importancia de las formas se deben consagrar definitivamente. En el fondo la existencia de trolls, anónimos, perfiles falsos, etc corresponden a una demanda social. Todo el mundo es consciente de que esas opiniones no tienen la misma credibilidad que las que se hacen con la transparencia oportuna, pero NO hemos sido capaces de crear una sociedad lo suficientemente abierta y tolerante que se los lleve la marea. A mí me parecía que la mejor forma de luchar por ello es mojarme, tomar partido, mancharme y expresar mi opinión sobre este tema. A corto plazo no le veo solución, pero tenemos que seguir intentándolo, porque la democracia es alternancia, porque los políticos deberían ser estadistas y porque es el sistema político menos malo de todos los que conocemos. 

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