Con perdón

Llevo una docena de días ingresado en el hospital. No es excesivamente grave. Había trampeado por dos veces la neumonía, pero la tercera me ha cogido el toro. Gafe de toreros. Pasan por la quinta planta diversas ofertas para ayudarle a los pacientes a pasar estos malos ratos. Me han ofrecido una muy amable los veterinarios para cuidar perros y otra que me gusta menos para hablar con testigos de Jehová, he rechazado ambas porque tengo mi propia terapia; este blog. 


En estos días he escrito más post que cuando estoy trabajando, tengo más tiempo y la gente es tan generosa que consciente e inconcientemente me ha enviado un montón de material susceptible de ser publicado. Pero también es verdad que las condiciones son a veces difíciles; las visitas, las llamadas por teléfono y whatsaap, el personal del hospital, las innumerables pruebas (¡Viva la sanidad pública!), la medicación (subirán estos días las acciones de las farmaceúticas)... y sobre todo la fiebre, el malestar y esa nebulosa invasiva que te hace por ejemplo en el post de antes de ayer poner dos veces Gustavo donde debía poner Gonzalo (Gracias amigos y amigas), Y que conste que soy consciente de que llueve sobre mojado.


Pese a todo me encanta escribir para el blog en el hospital y decirlo. No sabía muy bien las razones, no suelo yo recoger frases que puedan inducir a una valoración positiva de lo que hago, pero es verdad eso de que el corazón no atiende a ellas, al menos muchas veces. Ayer tarde recibí un whatsaap de más de siete mil kilómetros de distancia. Además de interesarse por mi salud y mi recuperación, me hizo entender porque me sentía satisfecho escribiendo que estaba trabajando en el hospital. Lo mismo le había ocurrido a su padre. Estaba claro, no era nosotros los que estábamos haciendo por el pueblo, era el pueblo el que estaba haciendo por nosotros. Ya lo dejó escrito Antonio Ramos Espejo la historia de este pueblo es como la madeja de la tela de araña que cuando te atrapa no te deja salir. Bendito pueblo, bendita tela de araña.


Y aprovechando que el Barbate y el Celemín pasan por Casas Viejas y que a los enfermos parece que le afecta una ley no escrita por la cual pueden pedir mimos o deseos. Yo les voy a pedir a mis lectores uno. No me hace falta que me llamen por teléfono, que me deseen recuperación por facebook, que me escriban por whatsaap o que vengan a verme, afortunadamente esta red la tengo muy bien cubierta. Ahora bien si alguien siente empatía por el que esto suscribe o por el blog puede enviarme un documento familiar, una foto antigua, una anécdota pasada o un post sobre la historia de B-CV. Mantener un blog diario cuesta esfuerzo y a veces más. Termino; fijaros si todo lo que aporta el blog es positivo que hasta me he afeitado para hacerme la foto de arriba. Mi Juanita no puede estar más contenta.


P.D.- No me gusta escribir en este blog sobre mí, pero hoy ha tocado. Mañana os compenso. Preparaos a un pedazo post.

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