Antonio Lino Reyes muerto en Mauthausen

Antonio Lino Reyes
Francisco José Sánchez Benítez me envía un documento en alemán sobre su familiar Antonio Lino Reyes, uno de los tres casaviejeños que murieron en Mauthausen. Recurro a los amigos para que me lo traduzcan.
Desde Berlín, Felipe Orobón, hijo y nieto de  militantes de la CNT le envía a mi amigo José Luis Gutiérrez Molina el siguiente texto: "El primero es la ficha de Mautthausen donde se registra la muerte de un gaditano el 13 de octubre; el segundo el registro de defunción del Juzgado de 1 Instancia, con lo mismo: el tercero son páginas de un formulario oficial sobre posible herencia del difunto, todas las respuestas en blanco al no existir ni herencia ni herederos conocidos, solo consta el nombre del fallecido.  Felipe Orobón". 
Antonio Lino y Sebastiana Reyes



Me llega una segunda traducción gracias a la labor intermediaria de una compañera del IES. La traducción de Julio Otero  dice lo siguiente: "Se trata de un Certificado de Defunción creado el 16 de octubre de 1941 en el campo de concentración de Mauthausen de la persona mencionada en el mismo.En este se especifica: 
Nombre y apellidos del preso: Antonio Lino Reyes
Ocupación: minero
Fecha y lugar de nacimiento: 22 de febrero de 1914 en Cádiz
Religión: católico
Estado civil: se ignora
Nacionalidad: español
Domicilio: Calle del Rosario, n.º 15, Cádiz
Fecha y lugar de defunción: 13 de octubre de 1941 a las 13:30 horas en el campo de concentración de Mauthausen
Nombre, apellidos y domicilio del padre: José Lino Torres; Calle del Rosario, n.º 15, Cádiz
El certificado de defunción lo firma (ilegible) un Oberscharführer de la SS, rango que podría traducirse por Brigada de la SS, puesto que no existe una equivalencia exacta.
El certificado concluye diciendo que puesto que el fallecido no deja ninguna herencia, no se lleva a cabo ningún proceso hereditario.
Finalmente, figura un sello que revela que este certificado de defunción aparece registrado en el Archivo Federal de Coblenza.
Para cualquier cosa, no dudes en volver a ponerte en contacto conmigo. Se trata realmente de un documento de gran interés histórico.Saludos"
José Casas Jordán


Es curioso que en la ficha le pongan a este jornalero del campo que su ocupación era minero. Seguramente sería porque estuvo nueve meses arrancando piedras y subiendo la famosa escalera de la muerte de este campo austriaco. La escalera de la muerte tiene 186 peldaños en la actualidad, leemos en este blog: "Los escalones de estas escaleras, que hoy en día son iguales y de una altura normal, eran, en tiempos en los que Mauthausen fue un Campo de Concentración, bloques de roca de alturas y formas diferentes y dispuestas en todos los sentidos. Con alturas a veces de medio metro, escalarlas exigía un gran esfuerzo y a la SS le gustaba, entre otros juegos, dar patadas a los presos de forma que los primeros de la fila caían sobre el resto tirándolos y rodando en masa sobre las piedras. Al final del día, los reclusos comenzaban a regresar al campo cargados con una piedra sobre las espaldas. La SS que iba al final del grupo apuraba a los rezagados a base de bastonazos y patadas. Quienes no eran capaces de seguir el ritmo terminaban sus días en estas Escaleras de la Muerte". 



Muchos españoles terminaron la guerra en campos alemanes. Mauthausen en Austria fue el campo de concentración alemán donde en trenes fueron a parar la mayoría de españoles capturados por ellos. Cuatro republicanos murieron de la comarca de la Janda en Mauthausen, de ellos tres lo eran de Casas Viejas (José Durán, Antonio Lino Reyes y José Jordán), el otro de Medina, Francisco García Vidal ( y otro de Alcalá de los Gazulez José Mora Gómez pero consiguió salir con vida). La alta proporción de casasviejeños se puede explicar por la actitud de huída de la mayoría de estos ante la proclamación de la Guerra Civil, tras haber pasado por los sucesos de 1933. En Casas Viejas no hubo Guerra Civil y una proporción muy alta de jornaleros ante los precedentes y el clima de miedo impuesto decidieron huir, algunos terminaron en Francia, desde donde fueron trasladados a Mauthausen. Si consiguieron escapar del castigo nacional no lo pudieron hacer del internacional. Parece como si hubiera una condena sobrenatural por el hecho de ser pobres y derrotados. Y en esas cuestiones los campesinos de Casas Viejas siempre han tenido un rol especial. Y no sólo han sido derrotados porque encontraron la muerte, también fueron sometidos a una segunda derrota; la que impone el silencio y el olvido. Como dice Mercedes Hernández en su artículo Amnesia por decreto: "El olvido es la falsificación del pasado. La mutilación de la Historia ha sido norma y herencia de todas las dictaduras". 





El miedo que les había hecho huir de Casas Viejas donde Durán y Lino dejaban hijos y mujer embarazada, los fue empujando a estos jandeños por la España en guerra hasta conducirlos a las ratoneras de Mauthausen. Dos años antes que empezaran a llegar judíos a los campos de concentración nazí en 1942 ya lo hicieron republicanos y anarquistas españoles en concreto tres casaviejeños. Los juicios de Nuremberg y las posteriores películas, muchas de ellas fomentadas por los potentes lobby judíos, han colocado el holocausto (etimológicamente "todos quemados") como la mayor aberración de la historia. No era cuestión de venganza, sino de denunciar unos hechos que no deberían volver a repetirse. Lo de los españoles, insisto dos años antes, ha estado hasta hace poco en “donde habita el olvido”. En Medina hay una placa que recuerda la muerte en Mauthausen de Francisco García Vidal. En Benalup-Casas Viejas aunque se aprobó una moción presentada por IU en este sentido todavía no se ha hecho realidad. Según me informan desde la página de “Los últimos españoles de Mauthausen” hay lugares en Cataluña, Andalucía, Madrid y País Vasco donde se han colocado placas. Cuando se haga en Casas Viejas me encargaré de que aparezcan en estas páginas oficiales. Lo mismo que avisarles del merecido homenaje a las tres familias. Esas que tardaron tanto tiempo en saber del trágico final de sus parientes y están tardando tanto tiempo en asistir a un homenaje justo, necesario y digno. Sobre todo para que hechos como el holocausto judío y el genocidio a los republicanos españoles huidos de la guerra no se vuelvan a repetir. Para los judíos y los lugares donde se han colocado placa a los españoles muertos en Mauthausen no es cuestión ideológica, de izquierdas o derechas, a la que hay que ponerle líneas rojas (como tantas veces se ha hecho aquí), sino un asunto de dignidad y contribuir a que nunca más vuelvan a ocurrir hechos como aquellos. Desgraciadamente en Benalup-Casas Viejas no ocurre igual, ni con estos tres casaviejeños, ni con el monolito que está exiliado en la plaza de los jornaleros. A lo mejor la explicación hay que buscarla en la transmisión de las ideas por los sucesores de los perdedores y ganadores.

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