Leer y viajar antídoto contra el fatalismo. Eslava Galán. Benalupenses en España. La Alhambra. 5


He estado más de cien veces en la Alhambra. Tengo muchas anécdotas, algunas no se pueden contar o al menos publicar en un blog. Pero hay una especial. Fue la primera vez que fui a verla. Tendría siete u ocho años. Nos llevó el colegio. Yo iba con la ropa de los domingos y con dos o tres pesetas que me había dado mi tía Paquita.
Orgulloso de las tres cosas. De la ropa nueva, de ir a la capital y de llevar dinero. En la Alcazaba de la Alhambra hay un cartel que reza: "Dale limosna mujer /que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada". Después de leerlo, en el murete anexo vi a una mujer con los brazos extendidos y las palmas hacia arriba. Pensando que era ciega, le dí una peseta. Detrás de mí, casi todos los ilurquenses de la excursión hicieron lo mismo. Don Antonio Haro, el maestro, muerto de risa, nos dijo que esa mujer no era ciega, que tenía gafas de sol y que era una turista poniéndose morenita. Luego me he enterado que lo escribió un poeta mexicano Francisco de Asis de Icaza, pero siempre que voy a la Alhambra me pregunto dónde estará aquella extranjera que le dimos catorce o quince pesetas y qué haría con ellas. 



Juan Eslava Galán cuenta sobre la Alhambra en "1000 sitios que ver en España al menos una vez en la vida"
La Alhambra.
 Hemos quedado en que Mohamed I al-Ahmar edificó una alcazaba sobre la colina Sabika, frente al Albaicín, aprovechando los muros de un antiguo castillo zirí (una dinastía anterior). El nuevo castillo, más bien alcazaba, se llamó Qalat al-Hambra, o «castillo rojo», por el aspecto rojizo del conjunto, debido al óxido de hierro contenido en la argamasa. De ahí procede la palabra Alhambra. Los descendientes de al-Ahmar construyeron sus residencias palaciegas en el interior de aquella alcazaba, especialmente Yusuf I y su hijo Mohamed V, a mediados del siglo XIV, en el momento de mayor esplendor de la dinastía. 



El resultado es un palacio abigarrado que no responde a ningún plan preconcebido porque está formado simplemente por la yuxtaposición de construcciones de diferentes épocas y funciones. En el extremo más apuntado del cerro de la Sabika se levanta la fortaleza de la Alhambra, el castillo que protege al resto de la alcazaba, un recinto cerrado que consta de torre del homenaje, la llamada de la Vela, y un heterogéneo dédalo de muretes, las viviendas de la guarnición militar, rodeado de murallas. Hay que cruzar una explanada, con un pozo de agua riquísima y fresquita, para llegar, a través de la puerta del Vino, al núcleo de palacios de la Alhambra. El conjunto central de la Alhambra es el patio de los Leones construido por Mohamed V, la clásica reproducción del jardín oriental que representa el paraíso, frecuente en palacios musulmanes. Junto a esta zona privada está la zona pública, la de las audiencias, en el patio de los Arrayanes y el palacio de Comares, con su enorme torre del homenaje, obra de Yusuf I para impresionar a propios y extraños y para compensar los reveses de su política exterior. Este rey de una próspera Granada jugó fuerte contra Castilla y cuando esta lo derrotó en la batalla del Salado (1340) y le arrebató Algeciras y Gibraltar, comprendió que era mejor dedicarse a administrar su reino y a emprender grandes obras en la Alhambra. 



La torre de Comares es, por fuera, vista desde la ciudad, una amedrentadora fortaleza comparable a las enormes torres del homenaje que los cristianos levantan en sus castillos, pero desde dentro del palacio, vista desde el patio de los Arrayanes, parece más bien un escenario teatral, un consabido marco incomparable en el que representar la grandeza del sultán que ha instalado en ella su salón del trono. Los sucesivos arcos de acceso, con sus calculados claroscuros, acentúan la impresión de lejanía. El embajador o visitante al que el sultán ha concedido audiencia penetra en La Alhambra vista desde el Generalife. Patio de los Leones. la enorme sala cúbica y queda anonadado ante la belleza de sus muros cubiertos de delicadas yeserías. Levanta la mirada al techo y descubre una enorme bóveda de complejo diseño geométrico, en apariencia casi ingrávida, que representa los siete cielos del islam. 




Dirige su mirada al sultán dueño de tanta grandeza y no consigue distinguir los rasgos de su rostro porque el trono, que está situado en el amplio hueco de la ventana central, eje de la torre, queda a contraluz, silueteando una figura lejana, casi divina sobre el fondo de tejados, cipreses y alminares del Albaicín. Al otro lado de la Alhambra, después de los palacios, se extienden los jardines de El Partal y el barrio de los funcionarios y servidores de la casa real. El camino conecta con el Generalife, la residencia veraniega del sultán. En la Alhambra los materiales constructivos modestos, ladrillo y tapial, se disimulan, según la tradición islámica, revistiéndolos de acabados nobles: yeserías, placas de mármol o azulejos. En los techos, estupendas bóvedas de yeso, mocárabes, o complejas techumbres de madera decorada.



La Alhambra es el monumento más visto por los benalupenses. Yo creo que más que el Tajo de las Figuras, la Morita o el Monasterio del Cuervo y sobre todo que las cloacas romanas o la iglesia de Santa María la Coronada. La culpa la tiene la educación, claro. Entre los tres centros de enseñanza hemos llevado a este monumento a gran parte de los benalupenses, al menos los más jóvenes. Por ello, Granada tiene una relación muy especial con Benalup-Casas Viejas. Antes, cuando la profesión de docente era todavía liberal y la absurda burocracia y reglamentación te permitía salirte de los clichés encorsetados actuales nos llevábamos de viaje a algún benalupense, si sobraba plaza. El primer año que yo organicé el viaje a Granada en Benalup, 1993, se vino con nosotros Moisés Ruiz Mateos. Le he pedido que escriba sobre ese viaje:  



Benalupense y enamorado de Granada.
Tuve la suerte de colarme de polizón en la excursión del Instituto que hacia a Granada (no recuerdo el año, pero se que hace mucho. 1993 digo yo, porque fue el primero), cosa que en aquel tiempo solo me atraía la idea de ir para pasar momentos de fiesta con los amigos. Y cual fue mi sorpresa??!!..., enamorarme totalmente de esa cuidad mágica!!!....



Tuve la enorme suerte de conocer cada rincón de granada con un granaino-casaviejeño (Salus) que me enseño a apreciar las maravillas que descubría a cada momento. Era tal el nivel de excitación emocional que me gustaría compartir  algunas anécdotas pasadas en esa mágica Alhambra. Recuerdo entrar en la alhambra por primera vez y flipar con tanta belleza, es mas, nuestro profesor y guía Salus, nos hacia sentarnos en el suelo alrededor de las fuentes de las habitaciones que están en el patio de los leones y nos decía: “mirad hasta que nivel de exquisitez llegaban los arquitectos de la época, mirad hacia arriba, mirad al frente,  mirad el reflejo del agua”.



Y allí estábamos todos los niños de Benalup alucinados viendo tanta hermosura y con el toque de magia que le daba nuestro profesor que nos hacia ver hasta la belleza del lugar reflejada en el agua ( cosa que con el tiempo siempre he hecho cuando he ido a enseñarle la Alhambra a mas gentes). Como anécdotas tengo miles de aquel mi primer encuentro con granada. Después jamás deje de visitarla, siempre había alguna excusa para ir, amigos estudiantes de Benalup, visitas turísticas o cualquier otro motivo era bienvenido para poder ir a esa cuidad.



Gracias a esas excursiones estudiantiles muchísimos jóvenes de Benalup conocieron las maravillas de Granada y sin duda a muchos de ellos les marco y decidieron hacer su carrera universitaria allí.
Para mi personalmente es una de las maravillas del mundo, y ahora tengo la suerte de tener a mi sobrino con otros chicos de Benalup allí estudiando, así que!!!!!!!!....... A SEGUIR DISFRUTANDO DE GRANADAAAAAA!!!!!!!!!!!

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