La tragedia de Casas Viejas contada en 1965. 1



Manolo Cepero y Luisa Fernanda Sánchez me dan unas cuartillas que estaban en el baúl de la casa de  Juan Buendía. Se titula Versión de la tragedia de Casas Viejas. Tras una primera lectura, confieso que no me entero de muchas cosas, pero si tengo una clara; las cuartillas merecen un estudio y una investigación en profundidad. 


Empieza la crónica, situándose en los mismo hechos, no se habla de causas, ni de antecedentes, ni problemas económicos, sociales, culturales, simplemente: "cuando el día se había clarificado, suenan disparos de escopetas que siembran el terror en sus habitantes ajenos a todo lo que estaba ocurriendo. El miedo y el espanto señorean en la Aldea. Día triste y presagiando luptuosos sucesos. Las turbas revolucionarias habían implantado el Comunismo Libertario. La Bandera Rojinegra ondeaba en el frontispicio del Ayuntamiento. Saqueado este, fueron pastos de las llamas su Archivo y sus monedas". Según los datos que tenemos hoy la bandera anarquista, rojinegra, estaba situada en sindicato de oficios varios, enfrente del local que hacia de Ayuntamiento. También se sabe  que se dirigieron desde la Alameda a la oficina de arbitrios. Asaltaron  el local de la plaza, que hoy se llama del Pijo, que también hacía de casa municipal. Como en el pueblo no había notaría, ni registro de la propiedad, siguiendo el esquema revolucionario de la época, se quemaron los papeles de arbitrios.  Después el autor cuenta con alto grado de rigurosidad histórica las fallidas negociaciones entre revolucionarios y autoridades y el intento de asalto al cuartel. En dicho intento hirieron mortalmente a dos guardias civiles, el sargento  Manuel García Álvarez y el número Román García Chuecos.


Se recrea el autor en el detalle de como el vecino Juan Estudillo Rodríguez (Juanito el de la carne) que les da ayuda y consuela a los guardias y sus familiares cuando rompiendo el tabique de la alacena rompen el asedio exterior. Escena que luego los fotógrafos se encargan de fotografiar dos días después.
Anotar que se le ha prestado poca atención a las acciones de los campesinos y mucha a la de la Guardia Civil. Se acaba la segunda parte y tras la declaración del comunismo libertario y el asalto al cuartel pasa a relatar la tercera parte de estos hechos; la llegada de las fuerzas del orden y asalto al casarón de Seisdedos. Relata como llegan los refuerzos de la Guardia Civil, que aunque en el texto se dice que eran de Alcalá procedían de Medina Sidonia, lo que ocurre que el sargento Anarte Viera tenía su plaza en Alcalá de los Gazules, pero se encontraba de misión especial en este momento en Medina. Fue muy utilizado en su momento el supuesto engaño con el que consiguieron vencer a los insurrectos.  "cinco por aquí, diez por allí y al frente, el resto de las fuerzas. De esa forma original se adentran en el interior del pueblo y llegan hasta el cuartel"  No se habla para nada que fruto de los disparos a discreción murió Rafael Mateos Vela, que se encontraba encerrando leña en el horno de su tía en la calle San Elías y herido en la misma calle Manuel Mañez Candón. 



Este tenía un hermano deficiente y al oír los tiros salió a ver lo que pasaba. Manuel fue a cogerlo para que no le pasara nada y en ese momento, la Guardia Civil, desde la Alameda le pegó un tiro en el hombro. En la calle San Juan en el patio de Varelo también fue herido por estos disparos indiscriminados Juan Cabeza Ramírez. tampoco parece que responde a la rigurosidad de los hechos como relata el ambiente tras la llegada de los refuerzos: "La efusión de emotivos abrazos se convierte en bizarría de los cautivos liberados y prestos a la pelea se lanzan a la batalla, persiguiendo a los enemigos, que emboscados y parapetados en chumberas y escondrijos, disparan a la fuerza pública a su paso".

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