Ramón J. Sender y los exilios de Casas Viejas. 4. Por José Luis Gutiérrez Molina Grupo de Estudios Historia Actual

Juan Rodríguez Guillén, alias "Juan Sopas"

2. Los exilios
Comencemos por el más conocido, el de Ramón J. Sender . Ninguno de los otros periodistas y escritores que trataron la matanza han alcanzado la fama de quien, apenas tres años después, sería Premio Nacional de Literatura. Guzmán tardaría en ver reconocida su valía décadas y, por supuesto, a años luz del reconocimiento que obtuvo Sender. Éste, en 1969 cuando era profesor de la universidad de San Diego y había firmado un manifiesto anti-comunista para que la mano del macarthysmo no le alcanzara, publicó dos obras que le devolverían al mundo de los vivos del país donde había nacido . A una le concedieron el premio Planeta y otra es uno de los libros de cabecera para  que millones de extranjeros, en especial norteamericanos, se interesaran por España. Mientras, Guzmán, tras ser condenado a muerte e, indultado, pasó siete años en la cárcel y sobrevivió durante otras dos décadas, hasta prácticamente la muerte del Caudillo, publicando casi cuatrocientas novelas del oeste bajo los más diversos pseudónimos.




Pero hay algo que les une: ambos fueron exiliados. Sender vivió el exterior, Guzmán el interior. Quizás fuera premonitorio que, tras el impacto de los reportajes de ambos en sus respectivos periódicos, el oscense publicara dos reelaboraciones, con gran repercusión, en forma de libros: Casas Viejas (1933) y Viaje a la aldea del crimen (Documental de Casas Viejas) (1934). Por su parte, Guzmán sólo vio anunciado, en el periódico en el que escribía, su libro La tragedia de Casas Viejas. ¡He aquí los responsables! Un trabajo que parece nunca llegó a ser publicado o, si lo fue, del que hoy desconocemos todo. Hasta la localización física de un ejemplar. 



Pérez Cordón no llegó a sobrevivir al conflicto desatado por la sedición del verano de 1936. Fue asesinado en Cartagena en marzo de 1939. En esos momentos Sender había dado un giro completo respecto a sus años anteriores, tanto en su obra como en sus ideas. La denuncia social y política de sus obras anteriores ha sido sustituida por una escritura con sentido más personal y privado . Ya su pluma no está al servicio de la colectividad. Ha nacido un nuevo escritor tras la muerte moral del anterior fruto del fracaso de la Revolución de 1936, el desengaño con el comunismo represivo y totalitario y su obligada inserción en el ultraliberalismo norteamericano. Sender que dejó de militar en el mundo libertario poco antes de su viaje a Casas Viejas, ahora lo volverá a ser pero en el sentido norteamericano del término. Como defensor de la libertad individual sin referencia alguna a la colectiva. Atrás ha quedado definitivamente la crítica al poder. Ya no le importa, ni siquiera para tomarlo. El esperpento en que se convirtió su fugaz regreso en 1974 no fue más que el corolario. Incluida su financiación por sectores cercanos al Opus Dei .



El desencuentro de la España de los años setenta y el aragonés fue total. No podía ser de otra forma. Era imposible que se encontraran quien llevaba años novelando unas culpas personales (el abandono de su mujer que es asesinada, la salida de España sin sus hijos, la abrupta ruptura con el comunismo) y una sociedad que, aunque híper-politizada no pensaba en volver la vista atrás. Aunque Sender, todavía en 1952, era capaz de poner en boca de su alter ego protagonista de El verdugo afable (1952) la siguiente reflexión: “quiero acabar de entender –pensaba- la razón de existir de los verdugos. Si no la hay, estamos todos perdidos” .



A todos ellos Casas Viejas marcó definitivamente sus vidas. Los sucesos ocurridos en aquel remoto lugar del sur de España, al que se llegó a comparar con un aduar norteafricano, un frío y lluvioso día de enero terminarían estando constantemente presentes en ellos. De forma más intensa en Pérez Cordón. El anarcosindicalista paternero no sólo fue el que primero denunció los asesinatos sino que unió su vida a otra de las protagonistas más conocidas de aquella tragedia: María Silva Cruz, “La Libertaria”. 



Guzmán, vio como sus artículos en La Tierra se convertían en una de las losas que le llevaría ante el consejo de guerra. Se utilizarían, entonces y hoy, como prueba de descargo de los responsables últimos de lo ocurrido por formar parte de una campaña derechista contra los prohombres republicanos como Azaña, Casares Quiroga y Arturo Menéndez . Sender, tras el éxito y haber sido durante un tiempo compañero de viaje de un comunismo en ascenso, retornaría a Casas Viejas veinte años después, como ya se ha escrito, con El verdugo afable (1952) y, antes, le pondría en contacto con el escritor norteamericano de origen portugués John Dos Pasos a través de José Robles Pazos. Otra víctima, ésta durante la Guerra de España, de los abusos de poder que le costarían la vida . Dicen los estudiosos de la obra de Sender que en El verdugo afable se pueden cuantificar en 7.500 las palabras tomadas prestadas de Viaje a la aldea del crimen .



Pero no fueron los suyos los únicos exilios. También resultaron extrañados algunos de los participantes en los acontecimientos. Fue el caso de Juan Rodríguez Quirós, “Juan Sopas”, uno de los principales protagonistas de la revuelta . Antiguo socialista, destacado cenetista después y miembro del Comité de Defensa local en enero de 1933 se convirtió en uno de los chivos expiatorios de lo ocurrido. Su desaparición, que le evitó sufrir momentáneamente los rigores de la justicia, disparó las especulaciones que llegaron a convertirle en intérprete de una oscura trama provocativa tejida por la reacción local. Terminaría abandonando Casas Viejas. Primero en la primavera de 1936 cuando regresó tras permanecer huido durante tres años. De nuevo, tras comparecer ante un consejo de guerra franquista y pasar un tiempo en prisión, no volvió a la localidad sino que se instaló en Jerez de la Frontera donde murió.

Comentarios

Entradas más vistas

Todo el mundo publica libros

Nuestros revolucionarios. Medina Sidonia. Por Eduardo Ángel Ruiz Butrón

Las tradiciones se rebelan. Las tunas. 81

Betty Kowalski ha muerto

Aprovechando que el Celemín pasa por Benalup-Casas Viejas