Ramón J. Sender y los exilios de Casas Viejas. 3. Por José Luis Gutiérrez Molina Grupo de Estudios Historia Actual

El fotógrafo jerezano Campúa, residente en Madrid, tomó esta fotografía que se convirtió en uno de los símbolos más conocidos de la matanza de Casas Viejas. En el sky line de la población se aprecia la columna de humo del casarón de Seisdedos. Foto Crónica, Mardid, 22-11-1933
La ola huelguística de los primeros meses republicanos, como la de 1936, fue  fundamentalmente reivindicativa. El librecambismo de las autoridades republicanas, en un contexto internacional proteccionista, y la fuerte reducción del gasto público, tras el periodo de despilfarro dictatorial, contrajo sectores tan importantes como el de la construcción. También, la expansión de la CNT la facilitó el “pragmatismo” del comité de Pestaña que apostó por la expansión numérica de la organización. Lo que sí exacerbó la conflictividad fue la lucha CNT-UGT por el espacio sindical en la que el sindicato socialista contó con la legislación, la actitud parcial de los ministros socialistas y el apoyo de los ayuntamientos socialistas.




Si la CNT lideró contundentes huelgas como las de la compañía Telefónica, los ferrocarriles andaluces y diversas agrícolas, el socialismo respondió desde los ministerios que ocupaban militantes socialistas y los ayuntamientos que dominaba con políticas cercenadoras de la presencia sindical cenetista. Fue un duro combate en el que se intentó borrar del mapa al anarcosindicalismo y al que éste respondió con una dura conflictividad que se fue radicalizando a medida que la lucha se enconaba y el régimen republicano recurría, cada vez más, a actuaciones de dureza que se visualizaban de forma muy negativa en el terreno del orden público.
El fragor del combate terminó por enterrar las opciones de entendimiento entre un importante sector de las clases populares españolas y sus gobernantes. A medida que el foso se fue ampliando lo hizo también la desilusión. La ventaja inicial que tuvo el régimen republicano fue reduciéndose a la vez que los sectores más reaccionarios e integristas se iban sacudiendo el marasmo en el que habían estado sumergidos . Pronto se fue estructurando el boicot económico, el desplazamiento derechistas de amplios sectores del mayor partido republicano, el Radical liderado por el viejo emperador del Paralelo barcelonés, el cordobés Alejandro Lerroux, y la pronta decisión de otros de que el régimen republicano debía de ser un paréntesis en la historia contemporánea española . Los grupos conservadores españoles no estaban preparados todavía para asumir que para que nada cambiara era preciso que todo lo hiciera primero.



Una espiral que fue alejando cada vez más a los ocupantes del gobierno republicano socialista de la realidad del agua que se colaba por la espita abierta en abril de 1931. Así que cuando en enero de 1933 se produjo la matanza de Casas Viejas todos los elementos estaban dispuestos para que se convirtiera en un hecho que marcó un antes y un después de los años 30 en España. La brutalidad de lo ocurrido catalizó las dudas existentes sobre la auténtica naturaleza del nuevo régimen. Para muchos españoles, obreros  y burgueses, la decepción fue enorme. En los meses anteriores se habían levantado voces en contra de la utilización de los recursos del Estado en la batalla por el control del espacio sindical; la pervivencia de las políticas represivas monárquicas como las deportaciones, la aparición de  una legislación especial y la criminalización de los conflictos sociales.



En enero de 1933 los sucesos de Casas Viejas pusieron en primera línea esa separación entre los intereses de los partidos en el gobierno y los de un importante núcleo de la sociedad española. La consecuencia fue que, mientras la población se sumía en el estupor ante lo ocurrido, las autoridades negaron lo ocurrido hasta que no les quedó más remedio que reconocerlo. Para entonces el crédito de abril de 1931 se había escapado. El vacío fue ocupado por una violenta campaña antigubernamental por parte de la derecha republicana del Partido Radical, cada vez más escorado hacia posiciones reaccionarias, y por los llamamientos a la abstención y al compromiso revolucionario que acabaron por imponerse en la CNT.
Para entender la pervivencia de los diversos exilios en torno a los sucesos de Casas Viejas no se pueden obviar tres cuestiones: que pusieron en primera línea la naturaleza del poder; que ocurrieron cuando éste estaba formalmente en manos de una coalición de grupos de “izquierda”, progresistas, y, finalmente, que expresaron la existencia de una alternativa social a la existente que, además, hacía de la destrucción del poder una de sus señas de identidad. Es en torno a estas cuestiones por donde debemos buscar la repuesta a la recurrente actualidad de aquellos acontecimientos, a las dificultades que existen para su estudio externo y a su problemática interiorización. En definitiva comprender porqué lo ocurrido en aquella pequeña localidad de la provincia de Cádiz, ha llegado a convertirse en un elemento esencial de la historia contemporánea española.

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