Ramón J. Sender y los exilios de Casas Viejas. 1. Por José Luis Gutiérrez Molina Grupo de Estudios Historia Actual

En el 2012 la revista gaditana de historia Ubi Sunt le dedicó un especial a Ramón J. Sender y dentro de ella publicó un magnífico artículo de José Luis Gutiérrez Molina sobre Sender y Casas Viejas. Ahora he creído oportuno publicarlo en diez entregas. Me parece que su temática y su contenido es de gran vigencia e imprescindible para comprender el estado de los Sucesos en la actualidad.
Exilio, DRAE
“Separación de una persona de la tierra en que vive”
Para muchos estudiosos, historiadores y literatos, el nombre de Casas Viejas va unido al del escritor Ramón J. Sender. Sus artículos en el diario madrileño La Libertad, y posteriores reelaboraciones como libros, le han aupado como referencia ineludible para todo aquel que quiera acercarse a los sucesos que conmocionaron al país en 1933, marcaron el devenir socio político de la Segunda República española y, todavía hoy, continúan presente. 




Existen toda una serie de elementos que confluyen para que sea así. En primer lugar la repercusión de un autor que, si bien era muy conocido en la España anterior a la victoria franquista, acrecentó su fama durante los años que vivió en los Estados Unidos. Hasta el punto de ser propuesto en diversas ocasiones para el premio Nobel . En segundo lugar su conocimiento del mundo anarcosindicalista con el que había estado muy relacionado hasta fechas muy cercanas . En tercer lugar que representaba aquellos sectores cenetistas que recibieron positivamente al nuevo régimen . El propio Sender consideraba la figura de Azaña como indispensable para la vida de la República . 



Pocos podían comprender, y escribir mejor, lo ocurrido en Casas Viejas. Conocía las consecuencias de las acciones militares como había demostrado con Imán (1930). La matanza fue presentada como una batalla entre revolucionarios y las fuerzas de orden público. Sabía de la ineficacia de las políticas de orden público que él mismo había sufrido unos años antes y que fue el origen de O.P. (1931). Había vivido las motivaciones y formas de actuar del mundo ácrata español, que describió en Siete domingos rojos (1932), y pudo captar la realidad profunda de lo ocurrido. Sender estaba en disposición de calibrar qué significaba lo ocurrido para el caudal de confianza y esperanzas depositado en el nuevo régimen. Un camino que se puede recorrer de su propia mano a través de los artículos que publicó en Solidaridad Obrera. 



Así pues, no importa que se sepa que no fue el único al que se le debe que la matanza de la localidad gaditana saliera del marco local en el que, en un principio, parecía que iba a quedar. No era la primera masacre de esas características que se producía. Existían antecedentes, igual de crueles, durante el régimen monárquico y, en los apenas dos años de vida del republicano se habían producido otros similares . De igual modo que Casas Viejas ha tapado los nombres de la guipuzcoana Pasajes y la riojana Arnedo, el del aragonés ha relegado los de Eduardo de Guzmán, su compañero de viaje a la aldea del crimen , y Miguel Pérez Cordón, el cenetista local que fue, en realidad, el primero en poner negro sobre blanco la verdad de lo ocurrido . Además de otros muchos políticos, abogados y escritores que también vivieron exilios, tanto interiores como exteriores, y la propia sociedad casaviejeña. Este artículo pretende reflexionar sobre lo ocurrido e intentar responder a la pregunta ¿por qué ha sido así? 
En la ilustración la portada de la revista obra de la artista gaditana Inma Naranjo

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