Las aguas del Monasterio del Cuervo. Y 5

Termina el pasquín con una serie de observaciones referidas a personas famosas y de renombre que han tomado las aguas y han sanado.
“La experiencia es quien manifiesta con certeza las seguras virtudes de los remedios, y así expondré algunas observaciones, que denotan ser ciertas las qualidades que dice, tienen las fuentes del Cuervo en los accidente que provinen de las causas referidas”. 



La primera se refiere a Don Martin de Barcia, obispo de Córdoba, que estuvo en el monasterio en 1755, la segunda el señor Conde de Jimena; la hija del cónsul de Gibraltar en 1761, la tercera Don Fernando Guiral en 1746 o Don Juan Huarte. Estamos ante un folleto médico divulgativo, con un claro afán de contribuir a aumentar las visitas al Monasterio. 



La nota final en forma de advertencia del folleto es clara: “Los sujetos que fueffen a dicho Sitio del Cuervo, tengan entendido, que es neceffario lleven las cosas preciffas para su manutención, y regalo. Ay buen aloxamiento, que urbamente franquean los RR.PP y assimis, pan, azeite, leña, carbón y otros avios. El pueblo más cercano al Cuervo esta a quatro leguas de distancia".



Como señala Rosario Fresnadillo en su libro esta nota nos lleva a dos reflexiones. En primer lugar es evidente el afán propagándistico del folleto, la intención de que acudan el mayor número posible de personas a las instalaciones del Monasterio. Aunque la norma de la orden prohibía el hospedaje de personas en sus instalaciones “no se hospeden seglares en nuestros Conventos sino rarísima vez, y esto por causa grave, en tal caso no sea en nuestros dormitorios, ni entre los Religiosos ni con demasiado aparto no correpondiente a nuestro instituto”, pero la aplicación flexible de esta norma y la provisionalidad del desierto permitía que de hecho fuera siempre un hospicio. Es más, la misma estructura del monasterio, con la planta segunda dedicada a la iglesia y la planta baja dedicada a cocinas, refectorio y almacenes demuestran como el convento acogió a numerosos huéspedes. 



Siguiendo a Rosario Fresnadillo: “El segundo aspecto a destacar de las recomendaciones del doctor Miravete es el que afecta al suministro básico de los huéspedes. El compromiso de asegurar pan, aceite, leña y carbón no debe sorprender, pues conocemos, de un lado, el potente complejo de molienda y la relativa riqueza olivarera y, de otro, la tala sistemática, el trasiego y venta de leña y el intenso carboneo que no ocultaron los religiosos, para indignación del cabildo de Medina Sidonia que lo denunció en reiteradas ocasiones. A la vista de estas circunstancias no tenemos mas que recordar la firmeza con que dicho cabildo declaraba el nulo talente eremítico que indisimuladamente ostentaba la fundación a fines del siglo XVIII… Por eso Martínez Delgado, en su ya clásica Historia de Medina Sidonia, atestigua sin tapujos la existencia en el convento de “cómodas hospedería para las muchas familias que frecuentan el sitio para recobrar su salud, con el beneficio de sus aguas medicinales”…. En resumidas cuentas, lo que sí se puede asegurar es que la hospedería constituyó, por las premuras económicas, un aspecto particularmente cuidado en la gestión global del monasterio”.  



Por tanto, además de su función emerítica y compatibilizando los usos, el Monasterio tuvo funciones de hospedaje como lo demuestra el libro de enterramientos o la misma existencia de este folleto propagandístico de Miravete que hemos comentado. Esta contradicción, este doble uso particular y público, eméritico y de hospedaje va a estar en el ADN del Monasterio hasta nuestros días. Y ello nos vuelve a plantear la injusticia histórica que representa que un bien patrimonial con tantos recursos como el Monasterio del Cuervo se encuentre  bunkerizado, aislado del mundanal ruido y cerrado a cal y cantos ante tantas personas que quieren visitarlo. Por mucha propiedad privada que sea.

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