Los huérfanos de los sucesos en la escuela Fermín Salvochea. 2

Catalina y Francisca Silva Cruz eran hijas de Jerónimo y Sebastiana. Jerónimo murió calcinado en el casaron de su suegro Seisdedos, al que había ido a visitar mientras su mujer hacía la comida, cuando le sorprendió el asalto de las fuerzas del orden. Tras los sucesos se fueron a vivir a Cádiz y de ahí a Jerez de la Frontera. Catalina Silva Cruz murió joven. Su hija Sebastiana Sosa vive en el Puerto. Francisca Silva Cruz vivió primero cerca de Jerez en la venta La Ina y murió en Paterna. Ellas dos son hermanas de Sebastiana Silva Cruz que vive en Jerez

Bárbara, Dolores e Isabel Benítez Reyes hijas Manuel Benítez Sánchez “Manolete” y Sebastiana Reyes Estudillo. Manolete murió en la corraleta de seisdedos después de la razia del 12 de enero del 1933. Le contaba Isabel a su hijo que ella se hacía todas las noches pipi en la cama en la residencia Fermín Salvochea para que la echaran de allí. La misma travesura que hacen muchos adolescentes hoy para que los expulsen de los IES. En la década de los sesenta emigraron las tres. Bárbará se había casado con José Romero, Dolores con Andrés el Pito.  Bárbara e Isabel murieron con más de ochenta años. Dolores más joven. Las tres fueron amas de casa. Según me cuenta Juan Luis Arias Benítez, su abuela Sebastiana Reyes Estudillo también emigró con ellos a Valencia. Y se tiró toda la vida esperando que su hijo Antonio Lino Reyes volviera de la guerra. Se murió sin saber que este lo había hecho en Mauthausen. 



Es el turno ahora de los hermanos Lago Estudillo. Aunque en el informe aparezca solo Ángela, consta que estuvieron los cuatro (Antonia no fue porque solo tenía un año): salvo Juan (que heredó de su padre la puntería con la escopeta), todos han emigrado, dos a Valencia y otro a Marbella. Mariana Lago se casó con Pedro Moya Paredes y tuvo que compartir con él el exilio interior de los maquis o la cárcel durante veinte años. Ángeles emigró a Francia y ahora vive en Valencia. Miguel se fue a Marbella.



El documento tiene un alto valor histórico. Me sugiere tres reflexiones. En primer lugar, que de los 16 que ingresaron solo dos tenían un mínimo nivel de instrucción, los otros catorce eran analfabetos absolutos. Lo que indica no sólo el nivel cultural y económico de Casas Viejas en aquella época, sino también ese nivel pero aplicado al mundo sociológico de los jornaleros, al que pertenecían las familias de estos huérfanos. 



La segunda reflexión viene del hecho de cómo salvo el caso de Juan Lago, que no aparece en los informes, el resto emigraron todos. Unos a Francia, otros a Valencia, otros a Paterna o a Jerez, o… pero lo cierto es que fueron expulsados de su tierra. Lo que  confirma que las emigraciones además de una clara componente económica, las causas políticas también influyen. 



La tercera reflexión es más general y no se refiere solo a los huérfanos de las víctimas mortales, sino a los descendientes de todo aquel mundo que participó en los sucesos. Tengo para mí que los sucesos es la historia de una derrota, pero un fracaso que no empieza y acaba en el 33, sino que lo hace en la formación del pueblo en el siglo XIX y continua hasta la actualidad. Salió en el País una lista donde se organizaban jerárquicamente los pueblos españoles en función de su renta percápita. Ocupábamos el puesto 2736 de los 2964, es decir en España de cerca de 3000 pueblos con más de 1000 habitantes solo hay 138 más pobres que el nuestro. Tenemos una renta pércapita de 13.490 cuando en Andalucía la media es 20,824 y sólo 5 pueblos de la provincia de Cádiz son más pobres que Benalup-Casas Viejas. 



Pero hay otro dato que me preocupa más. Después de 25 años dando clase en el IES Casas Viejas y estudiando la historia del pueblo, tengo claro que aquellos descendientes de los que en el 33 eran propietarios o comerciantes siguen teniendo más facilidad para cursar estudios que aquellos cuya familia en el 33 pertenecía al mundo de los jornaleros. Se ha cambiado mucho, pero no lo suficiente. Los sucesos son la crónica de una derrota que se extiende en el tiempo. No encuentro otra solución que educación, educación y más educación. Es bueno que lo tengamos presente, en tiempo de evaluaciones y siempre.

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