Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. El cambio social. Los bares 17

Al fondo el bar de Polvarea. Foto Mintz

En los pueblos el bar tiene una gran importancia en la vida cotidiana convirtiéndose en el centro vital de los mismos. Por el bar o la taberna pasaban la vida social, en ocasiones la económica y tal vez la cultural. Hasta el último cuarto del siglo, el bar era un mundo de hombres. El bar y el vino se convierten en piezas esenciales de la vida del hombre.
Foto Mintz. Bar de Alfonsito el de Pérez

Foto Mint.Bar de Ricardo
A él, sobre todo al jornalero, en la sociedad tradicional no van a ir a buscarlo a trabajar a su casa, ni van a utilizar los modernos medios de comunicación que hoy existen (teléfono fijo, móvil, correo electrónico…), ni le va a llegar la información que necesita o la diversión que busca. El hombre tiene que ir a buscar trabajo al lugar donde pueda encontrarlo o le puedan avisar. En ese mismo lugar se divierte y en ese mismo lugar se socializa, se relaciona con sus iguales, se entera de las últimas noticias…
Adrés y Diego Romero, en el bar la Peña



Antonio Cazorla en Los españoles de a pie durante el franquismo dice: “Pasar tiempo en tabernas, bares o cafeterías representaba otra actividad de ocio de la gente, pero restringida sobre todo a varones adultos. Las mujeres consideradas decentes, especialmente las de clase media o media-alta, podían asistir a salones de té o a zonas de las cafeterías reservadas para ellas, pero raramente lo hacían solas o en compañía de hombres que no fuesen de su familia. En las tabernas los hombres solían jugar al dominó o a las cartas mientras conversaban y bebían. Existían diferentes bebidas asociadas a los distintos momentos del día: el café era para las mañanas, aderezado (o no) con un chorrito de licor. Vinos de baja calidad y cerveza eran las bebidas preferidas durante el resto de la jornada".
Carnava en el bar de Diego la Peña



Para hacer un repaso de los bares de Benalup de Sidonia a principios de los sesenta vamos a utilizar una copla de Los Indios con letra de Ángel Guillén que hacen un recorrido por los bares más importantes del pueblo en ese momento; los del centro del pueblo, desde la entrada del mismo pueblo hasta el Chorro Grande.
 
Foto Mintz. Bar El Coscorrón
Los lugares más hermosos
que tiene “to” este rincón
son la casa Montiano
el bar de Paco el del Horno
la Peña y el Resbalón
no me “olvio” de lo Juan Román
ni tampoco del Bar de Florito
y la célebre tienda de Ricardo
y del nuevo local de Alfonsito.
Luego pasamos a lo de Palomino
donde Jerez podemos catar
y de allí a lo de Manolo Gómez
donde también se puede brindar
con una copa de Blázquez
o de fino Barberá

El Resbalón. Foto Mintz


Detengámonos, pues, en cada uno de los bares que aparecen en este pasodoble. La casa Montiano al que se refieren los Indios es el bar por donde pululaban los “librepensadores del bar Polvarea”. Manuel Montiano Cozar regentaba el bar-pensión de los Pérez, cuyos propietarios eran familia de su mujer. Al enfermar su esposa, abandonó la pensión y se dedico al transporte, comprando un camión. El polvo que éste levantaba en las calles de tierra del pueblo es el culpable de su mote. Luego, más tarde, abrió el bar al que se refiere la coplilla. En la actualidad, descendientes suyos los siguen teniendo abierto. El bar de Paco el del Horno se llamaba en realidad el Coscorrón, nombre que le puso su dueño en alusión al pan duro que había en abundancia en la tahona que poseía. El Coscorrón fue también pensión y luego su dueño, haciendo honor a la fama de su apellido, abrió a base de pico y pala una cueva, sede en la actualidad de la discoteca del mismo nombre. La Peña, el Resbalón, “lo de Juan Román” y el bar de Florito eran cuatro bares que se situaban en la calle San Juan. La Peña era regentada por Diego Romero, “Diego la Peña”, siendo luego sustituido por su sobrino Andrés Romero. Los hijos de la Ramona en 1982 le hicieron este homenaje en forma de pasodoble
 
Foto Mintz. El bar de Juan Román
Treinta y nueve años ha estado
detrás de una barra
como camarero.
Te has llevado toda tu vida
haciendo favores
a todo el pueblo entero…
Amigo Diego la Peña
ya que dejas el bar
nosotros queremos
rendirte a tí este homenaje
ya que fuiste el mejor
de los taberneros
 
Foto Mintz. El bar de Manolo Flor

 El bar Resbalón era explotado en esta época por Antonio Moguer, de ascendencia sevillana que al casarse con una benalupense, explotó junto a su familia durante bastante tiempo este establecimiento, coincidiendo su época dorada con la de la Discoteca Samoa. El bar de Juan Román Rubiales conectaba con el cine. Manolo Flor  heredó el bar de su padre cuando tenía dieciocho años. En el bar también se encontraba la vivienda donde nació él y todos sus hijos. Junto a la Alameda los dos bares más antiguos del pueblo, el de Alfonsito el de Pérez  y el de Ricardo. El bar de Ricardo se llamaba así por el padre del que lo regentaba en aquel momento, Andrés Rodríguez Mateos. Debido a las temperaturas moderadas que dominan esta zona, las puertas de los bares eran muy utilizadas por la clientela. En 1952 se construye la marquesina de Ricardo, que hoy constituye una de las señas de identidad de la Alameda. Termina su recorrido con la mención al bar de Palomino, cuyo nombre proviene de la bodega Palomino y Vergara, siendo el lugar que más frecuentaban los cazadores, y el bar de Manolo Gómez, cuyo vino gozaba de gran prestigio debido al microclima que se creaba en donde estaban situados los barriles. Son muchos más los bares que hubo en esta época, pero solo vamos a nombrar esos por la alusión que hace de ellos la coplilla. Es curioso que salvo estos dos últimos el resto continúan siendo los lugares más hermosos. Ya saben nos vemos en los bares y nos leemos en los blogs. 
Bar Palomino. Foto Mintz
Bar del Cojo Gómez. Foto Mintz

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