Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. El ocio. 21. La radio

La radio era un medio de información y entretenimiento, despertaban gran interés las noticias (totalmente tamizadas por el régimen político) y programas como las radionovelas. Aunque alguno que otro llegaba mucho más allá y a través de Radio Pirenaica escuchaban los mensajes políticos de dirigentes del Partido Comunista como “La Pasionaria” o Santiago  Carrillo.

Antonio Cazorla dice en Los españoles de a pie bajo el franuismo: "El gran cambio en el ocio del periodo de posguerra fue el aumento de las actividades privadas familiares. La radio fue crucial en este fenómeno que ayudó a consolidar unos nuevos patrones domésticos. Ahora las familias se reunían en torno al aparato para escuchar el mismo programa, y gracias a esto tendrían temas comunes sobre los que conversar. La nueva necesidad de los radioyentes de escuchar un programa o un serial específico trajo un cambio de las costumbres diarias, pues ciertas actividades se acomodaron para permitir que la gente se retirara a casa en un momento determinado. En las casas más grandes, esta tendencia llevó a dar un nuevo uso a la sala de estar: una habitación donde varias personas podían sentarse más o menos cómodamente durante horas convertidas en espectadores. Por supuesto, esto solo era posible en hogares de cierto tamaño y para la mayoría la radio se disfrutaba sentados junto a la mesa del comedor o en la cocina. Lo mismo ocurriría más tarde con la televisión. La popularidad de la radio en España comenzó con la llegada, a finales de los años cuarenta, de locutores latinoamericanos, y con la introducción de las radionovelas. En un principio, la censura desconfió del carácter retorcido de las historias, donde a menudo se daban amores prohibidos y secretos que incluían descendencia ilegítima. No obstante, el régimen comprendió pronto el potencial de escapismo que ofrecían los seriales radiofónicos y supo apreciar que al final de las historias triunfaban de manera consistente los valores tradicionales. Como ya ocurría a uno y otro lado del Atlántico, las compañías de publicidad descubrieron que patrocinar programas de radio era una excelente manera de promocionar sus productos. Por ello nunca faltó, al principio de cada retransmisión o en las pausas, cancioncillas anunciando los beneficios de tal o cual artículo. Su introducción representó un salto cualitativo en la cultura de consumo de masas: la promoción simultánea de un mismo producto a lo largo de todo el país conllevó la unificación de gustos, comportamientos y expectativas. El comprador local se estaba convirtiendo en nacional, y —como muchos de los productos venían del extranjero— en consumidor internacional. Además, la creciente y casi adictiva costumbre de escuchar la radio (en 1955 había más de 2,7 millones de aparatos en el país, uno de los mayores ratios per cápita de Europa) ofreció a la dictadura nuevas oportunidades de propaganda, a través de las informaciones de Radio Nacional de España (fundada por el bando rebelde durante la guerra), y de numerosas estaciones de radio local a cargo de Falange, además de otras compañías privadas férreamente controladas por la censura. La Iglesia se apuntó también a la radiodifusión y fundó varias estaciones pequeñas que se unificarían en 1965 en la COPE". 
En la foto podemos observar una escena cotidiana de los años sesenta y setenta, dos mujeres se afanan en sus tareas de costura (el remiendo era algo habitual) con la compañía cercana de una radio, probablemente la radionovela amenizaba la faena.Foto Mintz



Por la mañana, la radio se llenaba de concursos y los fines de Semana el Carrusel deportivo tenía entretenidos a la gran mayoría de los hombres. Estaban permitidas las cadenas privadas como la Ser o la COPE, pero a la hora de las noticias, todas tenían que conectar con Radio Nacional y su diario hablado. No estaba permitida la producción propia de informativos. Dice Pepe González: "Aunque los insumisos clandestinos escucharan Radio Pirenaica. Hace pocos años que hemos entendido por qué Pepe Pareja  se iba sigiloso todas las noches de casa del vecino a escuchar el parte hablado, cuando en la casa donde estaba también se escuchaba “el parte”, el único que supuestamente existía".

En la fotografía Alfonsilla Durán y su hija Teresa. Foto Mintz




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