Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. Cambios sociales. Paseos y fiestas. 16

Para los jóvenes el noviazgo era a veces una obligación. Antes de hacer la mili debían haberse comprometido con una muchacha. Los solterones y solteronas estaban muy mal vistos. Pero además el noviazgo era una forma de relación entre jóvenes, de socialización al fin y al cabo. Los novios además de ir al cine juntos, como hemos visto en la entrada anterior, solían verse en otros lugares, fundamentalmente en los paseos y las fiestas que ellos mismos organizaban. De estas dos actividades va la entrada de hoy.

Dice Antonio Cazorla en Los españoles de a pie durante el franquismo: “Después de cumplir los requisitos, cuando el noviazgo se formalizaba, venía la etapa de los paseos románticos, los bailes y las verbenas, pero ¡ojo! siempre acompañados por algún hermano o hermana menor, y claro está, todo ello siempre pagado con los dineros del novio, pues pocas eran mujeres y muchachas asalariadas. De todas formas, antaño le correspondía al hombre la invitación. A continuación llegaba la etapa de los primeros contactos corporales comúnmente denominada "pelar la pava", hablarse y cortejarse en casa de la novia, pero eso sí, siempre en presencia de la madre". Las mencionadas conductas acaecían en las fiestas y romerías celebradas en los campos y en los obligados paseos que se efectuaban los domingos por las tardes en todos los pueblos y las ciudades. Formas de declaración y lugares de encuentro para el noviazgo… En la posguerra, cuando la gente joven buscaba mezclarse con el sexo opuesto las opciones eran pocas y difíciles. Por lo general, los jóvenes en vecindarios obreros reservaban los domingos por la tarde para actividades recreativas y, dependiendo del mes del año, los ocupaban de diferentes maneras. Según un estudio de los años cincuenta, durante el invierno aquellos iban al cine en el 51% de los casos, a bailar en el 42% y a pasear en el 13%, pero en verano casi no iban al cine, bailaban menos (27%) y se llevaban más las excursiones y los paseos (31% y 35%, respectivamente). Los paseos eran una alternativa de ocio barata y mixta, pero incluso estos requerían prudencia pues podían incluir lugares aislados o de limitada visibilidad, lo que en caso de trascender podía acarrear consecuencias muy serias para la reputación de las chicas. Por eso, los paseos eran aceptables si la pareja llevaba una carabina o tenían lugar a la vista de todos. De no ser novios, los jóvenes no caminaban juntos, sino a cierta distancia o, en el caso de plazas, en círculos, encontrándose la mirada cada unos cuantos minutos pero sin decirse nada.”



Sobre el paseo Manuel Cepero puso en el Facebook la magnífica foto que nos sirve de referencia para la entrada de hoy. Su mujer Luisa me la comenta: “A la izquierda Juan Sánchez y Nico Pérez-Blanco, a su lado la prima de Nico , Mercedes Fernández Pérez- Blanco, Juan Ricardo Rodríguez, Paca Sánchez, una Molinera (casada con un hermano de Benito el panadero) y Chelo Sánchez. El hombre que se ve andando y que vuelve la cabeza es Juan el de Adela, la foto está hecha en la carretera del Vejer a la altura de la venta de Miracielos. La foto será de finales de los cincuenta. La segunda mujer por la derecha es una hermana de Isabel Fernández, la segunda mujer del padre de Caroli. Me dice mi madre que  lo de pasear por la carretera era algo que se hacía los domingos por la tarde hasta que empezaba a oscurecer, era la única distracción que había, pasear un rato por la carretera porque a los bares era impensable que una joven entrara, el fotógrafo solía venir los domingos por si alguien quería hacerse foros, uno se llamaba Ricardo y era de Alcalá y estuvo viniendo muchos años, venía otro muy mayor pero no sé acuerda del nombre. Otra cosa que me ha contado es que cuando había una riada del río,  iban las familias a pasar la tarde con la merienda a ver la riada, como el que va al cine hoy, y esas eran las pocas distracciones que había en aquella época”.



El otro elemento que estamos estudiando son las fiestas. Con los años sesenta llegaron los tocadiscos y con ello cierta “democratización” de estos eventos. Dice Antonio Cazorla: “Las fiestas eran normalmente privadas, y por ello objeto de la supervisión de miembros adultos de la familia que se aseguraban de que solo hubiese bailes moralmente aceptables. Hasta los años sesenta, muy pocas personas contaban con tocadiscos, y por esa razón los bailes de posguerra suponían la contratación de guitarristas y hasta cantantes más o menos profesionales que amenizaran las veladas. Durante estas, los hombres bebían alcohol pero se esperaba que las mujeres se abstuvieran de hacerlo. Había poco lugar para la intimidad. Las luces de la fiesta tenían que estar encendidas e iluminar claramente las actividades de los presentes, en especial las manos de ellos”. 



En el pregón que hizo Santo por el 25 aniversario de la Cueva dice sobre estas: “Los jóvenes necesitábamos bailar como veíamos en las revistas e incluso en los primeros televisores. Y sólo había dos maneras: una, que hubiera fiesta en alguna de las casas pudientes en las que generalmente se buscaba novio para la chica casadera; la otra, montarla por nuestra cuenta, es decir, reunir dinero, buscar una casa prestada, comprar las bebidas, cargar con el tocadiscos de pilas y con los discos singles que te cortaban el punto porque los tenías que cambiar continuamente. En estos guateques destacaban dos grupos principales en aquella época: los estudiantes que nos juntábamos en verano y vacaciones que conseguimos, después de celebrarlos en varias azoteas, la fábrica de la luz abandonada donde paradójicamente lo hacíamos a la luz de las velas y jugándonos la vida sobre un techo de madera con enormes agujeros tras la retirada de las máquinas. El otro grupo lo formaban trabajadores y otros jóvenes que estaban aquí todo el año, que tenían dos habitaciones separadas por un tabique que, ni cortos ni perezosos, cuando organizaban un guateque – al ser varios de ellos albañiles- tiraban el tabique que levantaban y enlucían al terminar la fiesta”. 



Este fragmento no tiene desperdicio, no sólo por lo que se dice, también como está estructurado. Me gusta mucho esa doble división entre fiestas que montaban las familias adineradas  y las que montaban ellos mismos. Y dentro de estas las que las hacían los estudiantes y los albañiles. Seguro que hay material para hacer muchos post sobre todas ellas. ¿Quién se anima?

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