La pervivencia de la literatura orla en B-CV. La bastarda y el segador. 12


En todos los romances de tradición oral que recopilaron primero Manolo Viciana y Alejandro Pérez y luego el grupo de trabajo del IES del 2005 coordinado por el primero las informantes son mujeres. Y es que estamos ante el único género de literatura donde el protagonismo lo tiene la mujer, la mayoría de las veces son las que los crean y siempre las que lo difunden. Por eso, muchas veces el rol de la mujer escapa al petrarquismo o la concepción cristiana que presenta a una mujer sumisa y secundaria, sino que tiene un rol principal, como en el romance la bastarda y el segador donde nos encontramos una mujer superior socialmente y sexualmente a un humilde segador.


La bastarda y el segador

Salieron tres segadores
a segar fuera de casa.
Los manguillos de metal,
la chamarrera de Holanda.
Llegaron a cierto pueblo.
Se pasean por la plaza.
Y una dama en un balcón
del segador está prendada.
Y lo ha mandado a llamar
con una de sus criadas.
-¿Qué quiere usted, señorita?
¿Qué quiere, usted, qué manda?
-Quiero que me siegue
y un poco de cebada.
-Ni está en alto, ni está en bajo,
ni está en cerro, ni en cañada.
Está en medio dos columnas,
las dos contienen a mi alma.
Y a eso de los nueve meses,
¡que tuvo un segadorcito
con su hoza y su almanada
(Cantado por Rafaela Rubio Quiñones)



La temática del romance versa sobre las relaciones sexuales entre una mujer de alta alcurnia y un segador. Esta se enamora de uno de los tres que han llegado al pueblo, lo llama a su casa, se acuesta con él y al final tienen un hijo. 



Varias cuestiones podemos comentar de este romance. En primer lugar la superioridad sexual y social de la mujer del hombre. No sólo porque esta es quien lo llama a él, sino porque se trata de una dama que tiene criada y él de un segador que va de pueblo en pueblo segando. Como es típico en estos romances hay muchas versiones, en unas se trata de una hija del emperador de Alemania, de Europa o del papa, en este caso es una mujer anónima, aunque el título entronca con la tradición de bastarda y su posición social sigue siendo alta, pues es su criada quien llama al segador. 



Otra cuestión que varía dependiendo de las versiones es el final. Al tratarse de un romance de siega se mezclan las interpretaciones de hombres y de mujeres. En las de los hombres el segador suele morir, bien por cansancio sexual, bien por enfermedad venerea o a mano del padre o el marido. Es evidente el castigo al hombre que se ha sometido a los deseos de una malvada mujer e insaciable sexualmente. En otras, como es en este caso se impone la interpretación femenina y se termina con la presencia a última hora de un nuevo protagonista, el niño que viene a los nueve meses, que es hijo del segador porque viene con su hoz y su almanada (aunque he buscado lo que es esto no lo he encontrado. Si alguien sabe...). 



Lo que es común en todas las versiones es la trama inicial y el desarrollo. Además también se repite el vocabulario. Por un lado aparecen términos referidos a los segadores. Los manguillos de metal ( o dedales o manijas, de ahí manijeros, quien los repartían), las chamarras de Holanda (camisas blancas de hilo fino) la hoz o la almanada. Pero más interesante es el vocabulario erótico utilizado. El simbolismo erótico de las faenas agrícolas es cosa tan vieja que a veces la evolución del idioma la escurece (recordemos que semen es en latín "semilla"). Siempre con un doble sentido, como el segar la cebada o que no se encuentra en cerros, ni cañadas, sino en medio de dos columnas “las dos contienen mi alma”. 



Es común en toda España este romance de siega, a menudo entonado por los segadores para endulzar su trabajo.En toda la España rural la presencia de segadores emigrantes en verano era tradicional. Pero en esta zona lo es aún más. Hasta el punto que los sopacas son una parte muy parte de la creación del pueblo. Los latifundios resultantes de la desamortización demandaban en épocas especiales de la cosecha, como era la recolección, una mano de obra tan amplia que la local no era suficiente. Por eso, venían de las sierras cercanas. Ese es el equilibrio entre serranía y campiña o minifundio y latifundio. Estos sopacas o segadores tenían malas relaciones con los jornaleros locales pues alteraban a la baja el precio de los destajos. Por eso el sentido peyorativo de sopaca o de venir de incognito, como quien no quiere de cosa o de que sólo comían sopas, gazpachos calientes o por las camisas o alpargatas que utilizaban. Pero en este romance de siega, presumiblemente traído por los propios segadores, el protagonista secundario es tan atractivo que ejerce una atracción sexual tan fuerte sobre una alta dama local que está lo manda a llamar con su criada. Sigue este romance la tradición del ya estudiando Gerinaldo o de otros como la dama y el pastor, la adúltera del cebollero o el cestero la monja. Aunque esta actitud de la mujer que es insaciable sexualmente se aleja mucho de la que le reserva el mundo cristiano y oficial, donde se le reserva para el matrimonio, como madre y esposa. Es este mundo del romance de tradición oral donde aparece este rol tan distinto de la mujer.

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