Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. Las emigraciones. Ganadores y vencedores en la emigración exterior. 6



Como ya he dicho es muy común la actitud hipócrita de la sociedad con las migraciones. Por un lado se les denosta y denigra para aplacar los sentimientos más peyorativos de las personas, lo que explica por ejemplo el resurgir de los movimientos nacionalistas de ultraderecha actuales en Europa, pero por otro se promociona pues favorece el fortalecimiento del sistema económico actual. El caso de los españoles que emigraron a Alemania fue altamente significativo.
Dice Antonio Cazorla: “La esperanza y la mentalidad práctica obligaron a los afectados a someterse a las duras pruebas diarias de ser emigrantes en un continente que aún no estaba acostumbrado a la diversidad étnica, muchos antes años antes de que lo políticamente correcto y la noción de una identidad paneuropea estuvieran en boga. Pero estaba acostumbrados a lo peor. Después de todo, los emigrados españoles provenían de un país donde, para los pobres o aquellos en el lado político equivocado, las humillaciones venían con el pan de cada día. La primera posible humillación para los futuros recién llegados era los exámenes médicos obligatorios que, exigidos por las autoridades alemanas, tenían que pasar los emigrantes antes de abandonar España…” 


Cantaba Carlos Cano: “Hasta un pueblo d'Alemania ha llegao el Salustiano/con más de cuarenta años/y de profesión el campo,/pa buscarse l´habichuela/y ahorrar algunos marcos/y que pueda la parienta/comprar algunos marranos./Yo no creo que el sombrero les toque en la tómbola/a esos gachós trajeados que viven de na”



Continua Antonio Cazorla “En ciertos países no era raro encontrar en las puertas de tabernas y parques señales que negaban la entrada a perros, españoles, italianos o portugueses… La paz de Franco había desarticulado política e ideológicamente a los trabajadores y al campesinado más desposeído y, como resultado, aquellos que emigraron se consideraban a sí mismo y ante todo gente pobre. Provenían de un país donde el favoritismo era más importante que las leyes y donde la insensibilidad social era una norma no declarada. Creían que sus intereses, valores y oportunidades eran diferentes de los de aquellos con dinero y poder, que tenían más deberes que derechos, y que entre estos no estaba el poder criticar al Gobierno…” Mintz en coplas de carnaval cuenta el siguiente caso de unos benalupenses emigrantes en Alemania: “Los hombres intercambiaban historias y chistes de su vida en Alemania. Se decía que en una fábrica algunos españoles se habían peleado con un grupo de trabajadores alemanes. Llamaron a la policía, pero los trabajadores españoles no se entregaron. Entonces el jefe de policía alemán saltó sobre la mesa. "¡Amigos!", gritó. "Es bueno verlos tan unidos. Si hubieran estado tan unidos en España como lo están hoy, no estarían aquí."



Dice Antonio Cazorla: "La emigración ha sido llamada el Plan Marshall español: pero el dinero no vino de la generosidad interesada del Tío Sam sino del sudor de los pobres que huían de la miseria del Tío Paco. Al marchar a Europa, millones de españoles desaparecieron de las estadísticas de desempleo,  forzaron la subida de los salarios, y sus remesas de divisas estimularon el consumo interno, ayudando así a arrancar a la hasta entonces dislocada economía nacional. El Estado español correspondió al esfuerzo y contribución de sus súbditos con la habitual tacañería que su discurso nacionalista y una beneficiencia muy publicitada pero escasa no pudieron ocultar".



Carlos Cano también resume esta cuestión perfectamente. López Rodó en una visita a Sevilla dijo que para que queríamos más los andaluces con la gracia que teníamos. La contestación del granaino fue magistral (algunos llaman a este tipo de contestaciones "malafollá": “sí, mucha grasia pa derramarla/por las vendimias del Roselló. /¡Viva la grasia de Andalucía/con pasaporte de emigración!”



Seguimos con Antonio Cazorla: “Las divisas enviadas por los emigrantes fueron usadas por el régimen franquista para poner en marcha sus ambiciosos planes de desarrollo, pero no para sacar de la miseria a las zonas de donde aquellos venían, que estos mismo planes ignoraron…El Estado español no fue la única institución que se benefició de la explotación de los emigrantes españoles. Otras de carácter privado y/o con ánimo de lucro tomaron también su tajada y a cambio de muy poco, o nada. El Banco de España y otras entidades bancarias convirtieron las preciadas divisas extranjeras en humildes pesetas, haciendo un negocio redondo con el cambio ventajoso que se daban a sí mismas en perjuicio de los intereses de las familias de los emigrantes; y luego comercializando esas  divisas en los mercados monetarios y crediticios. Los depósitos de los emigrantes también tuvieron un efecto muy positivo en las cajas rurales y, sobre todo, en las de ahorros, controladas normalalmente por la Iglesia. Las cajas de Orenese, Vigo, La Coruña, Ronda, Granada y otras de provincias exportadoras de seres humanos se encumbraron entre las más poderosas del país, pero apenas invirtieron en sus propias provincias y si pusieron sus fondos a disposición del despegue industrial de Madrid, Cataluña o País Vasco, contribuyendo así a perpetuar los desequilibrios regionales del país”. 



Y encima los andaluces tenemos que soportar los tópicos de flojos, vagos y chistosos. Y la falacia de que nuestro menor desarrollo se debe a nuestro escaso espíritu empresarial o la aversión al trabajo. Tequiepui

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