Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. El cambio social. Los jóvenes. 13

Para los jóvenes estos tiempos de cambio también fueron muy importantes. Santo tiene una frase muy recurrente pero muy significativo, "para los que nos quedamos aquí…" Y es que ya hemos visto como cerca de un tercio de la población marchó a la emigración y la juventud fue especialmente afectada. 

Un grupo minoritario, vanguardista y que generalmente estudiaba fuera de Benalup fue el encargado de traer todos los cambios musicales y estéticos que tanto afectaron a las España de los sesenta. Otro mayoritario que se quedó en el pueblo que trabajaba en las Lomas o en la remolacha o el algodón y que completaba su economía con practica de economía depredadora (pajaritos, espárragos, tagarninas, quesitos...) seguía muy atento a estas novedades. Patalo un gadatino de clase bien y amigo de Victor Martínez, el hijo de Becerra, entra en contacto con un grupo de jóvenes benalupenses. 


Entre otros gustos y aficiones introdujo la pasión por el blues y por el jazz. Tano, Nono, Manolo Guillén, Fernando y un largo etcétera se introdujeron en un mundo hasta ahora desconocido en el Benalup de Sidonia de aquella época. Una noche en el bar de Alfonsito el de Pérez los dos primeros escuchaban un disco de Jazz recién publicado en EEUU. Entro Jerome MIntz y no podía salir del asombro. Le parecía increíble que en el Benalup de Sidonia de las chozas se escuchara música que todavía no conocían muchos americanos. Eran tiempos de cambios y en ellos los contrastes y la dualidad se hacen dominantes, como la famosa fotografía del americano de las dos mujeres en la puerta del despacho de pan de la calle Medina (hoy Independencia de Paco el del coscorrón).



Antonio Cazorla en Los españoles de a pie durante el franquismo lo cuenta de la siguiente forma: “Mientras que los progenitores se ocupaban de que la familia comiese mejor, comprar pisos o reformar los que ya habitaban o de adquirir electrodomésticos, motos y coches, los jóvenes desarrollaron sus propios patrones de consumo con nuevos (y en apariencia radicales) hábitos respecto a lo que bebían, la música que escuchaban, la ropa que les vestía o la colonia que se ponían, por no hablar de los cortes de pelo. Estas tendencias fueron claramente influenciadas por los anuncios que reforzaban lo que ya se veía en los programas de televisión o en películas, y que no eran sino las tendencias y gustos de sus homólogos occidentales. Un estudio de 1971 sobre los hábitos de compra de la gente joven mostraba tanto las nuevas predilecciones de estos como las diferencias que existían entre géneros. Los gustos musicales, por ejemplo, representaban una brecha entre la generación de los padres y la de los hijos, que estos recordaban de forma ruidosa a diario a aquellos, pues el 56% de los jóvenes poseía entonces un tocadiscos y el 82% un transistor. Para horror o al menos escepticismo de sus padres, la gente joven a menudo escuchaba música en inglés, pese a que casi nadie entendiese la letra o fuese capaz de repetir, malamente más que alguna línea (seguida por el recurrido y perdonado washiguáwashiguáyoulovewahsiguá), y se empapaban de una estética, la de la música pop, que poco tenía que ver con los gustos de los españoles de más edad, que todavía se decantaban por la llamada «canción española», más o menos influenciada por el flamenco”. 



En el pregón que escribió Santos para celebrar la boda de plata de la Cueva describe perfectamente aquel ambiente entre los jóvenes benalupenses: “Pero llegó al pueblo el Coca-Cola y la Casera, Elvis y Paul Anka, el vino embotellado y la ginebra de marca, el rock y el pop, el whisky y el vodka, los Beatles y las Yenka, el Dúo Dinámico y Raphael...El primer pick-up sonaba a toda voz en las escaleras de la tienda de Isabelita Estudillo y mientras La Cueva se convertía en el primer salón de juegos de Benalup con sus futbolines y billares.




... Todos estos problemas empezaron a solucionarse al inicio de los sesenta cuando junto al bar Patarra, entonces de Manolo Flor, se abrio la primera discoteca de Benalup: El Gomgón. Era un local longitudinal con un largo pasillo qaue dejaba a su lado una serie de departamentos a media pared modelo granja porcina. A poco más de la mitad, a la izquierda, estaba la cabina del disjockey que efectivamente era la imitación en madera de una cabina de Land Rover conducida por Diego Pinchahigo, transmutado por mor del modernismo en pinchadiscos. Al fondo quedaba la pista y frente al disjockey había una entrada a la habitación que servía de barra de manera que, como ya existían los long-plays, el mismo pinchadiscos se desplazaba a atender la barra. En fin, algo cutre, pero ya teníamos discoteca. Con estos antecedentes, llegamos al año 72, después de una remodelación, adaptación y acondicionamiento se abrió al público la discoteca la Cueva: “algo natural y distinto”, como recuerda su eslogan con toda veracidad ya que ni entonces, ni aún hoy, podemos encontrar en toda la provincia un lugar tan original ni tan ideal para esa actividad.



El primer disjockey de La Cueva fue Peĺe y en la barra Paco, y por allí andaba Cristo, que todavía era un chiquillo. Por la barra y los discos fueron desfilando sucesivamente Picha Larga, Nicolás el Lobo, Ricardo Manzanita, el Pollo, el Tomate, Baltasar, Legupín, Vikima, el Mino... etc.Sin embargo, al principio, de los jóvenes que acudían a La Cueva una inmensa mayoría eran varones, sólo algunas jóvenes estudiantes o chavalas que trabajaban en Cádiz y venían los fines de semana eran el blanco del lanzamiento de tejos, a distancia casi siempre, de los aprendices de sátiros pobladores de la barra que vacilamos de tomar cuba libre y fumábamos los cinco chesterfields sueltos que habíamos comprando en lo de Antoñita, a tal efecto”.

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