Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. El cambio social. Descubriendo el consumo. 12

Si la lenta incorporación de la mujer al ámbito público fue importante en los años sesenta, no lo fue menos la incorporación a la sociedad de consumo. Se optó consciente o inconscientemente  por el salario fijo, el horario estricto, modos distintos de vestir y relacionarse, compras a plazo, … ,y, sobre todo, por muchos y pequeños bienes de consumo que aportan satisfacción al transcurrir diario. También la llegada de Mintz al pueblo cambió muchas costumbres entre las tiendas. Nos cuentas familiares de la tienda de Catalina que la introducción y venta de Yogurt en el pueblo se hizo por la demanda de estos productos que hacía la familia del americano.

Sobre ello dice Antonio Cazorla en Los benalupenses de a pie durante el franquismo:“Tras los terribles años de la autarquía, los españoles estaban a la cola de los países europeos en tres aspectos: lo que comían, lo que poseían y lo que adquirían. No sería hasta principios de los años sesenta cuando estas tres realidades experimentaron un cambio significativo y los patrones de consumo de los españoles siguieron los experimentados por las sociedades europeas occidentales desde unos quince años antes… Para estos pobres, su conversión en consumidores residía en tres factores clave. El primero fue que desde 1964 hasta la recesión que puso fin al milagro económico en 1974 el incremento medio anual del consumo privado fue del 5,7%. El segundo pilar del progreso es que hasta principios de los años setenta, el aumento de los salarios estuvo siempre por detrás de la productividad. El tercer y último factor fue que los trabajadores consiguieron sobreponerse a su pobreza a base de trabajar muy duro, desde una edad muy temprana y con frecuencia a costa de renunciar a su educación. Esto último quiere decir que cada bien de consumo que entraba en una vivienda humilde había sido adquirido, literalmente, a cambio de años de formación perdida. Para los españoles pobres, la inserción en la sociedad de consumo conllevó la hipoteca no escrita de los límites de su propio progreso personal y profesional. Estos sacrificios personales en educación tendrían serias repercusiones en las actitudes futuras de amplios sectores sociales hacia el valor de la escuela, que han llegado hasta nuestros días en la forma de un demasiado extendido abandono escolar en España, sobre todo en momentos de bonanza económica”. 

Fotos Mintz


El tercer factor tiene una incidencia especial en Benalup-Casas Viejas, no sólo en el segundo franquismo sino también en el boom económico que empezó en los ochenta y terminó en 2017. Ha sido la formación la pagana del supuesto desarrollo económico y sobre todo aumento del nivel de consumo. 



España en los años sesenta se vuelve consumista, aumenta el nivel de consumo y el nivel social no se mira ahora por las tierras que se tiene o por el dinero que se posee, sino por los productos que se consumen. Antonio Cazorla dice así: “En esta naciente sociedad de consumo, la gente comenzó a invertir en sus hogares, antes de que fuese influenciada en el descubrimiento de otras supuestas necesidades por la publicidad, y en especial por la que emitía la televisión. Esta última se convirtió en sí misma en el producto estrella del consumo de los años del despegue económico… Otro artículo muy solicitado fue el frigorífico… La demanda de máquinas lavadoras también se disparó… Otro cambio dramático en la segunda mitad de los años sesenta fue la incorporación del transporte privado en las vidas de millones de españoles. La moto Vespa sustituyó a la bicicleta… aquellos que podían permitírselo se hicieron con un automóvil… Los míticos e incómodos Citroen 2CV, Renault 4 y por supuesto, Seat 600 pronto se convirtieron en un símbolo del éxito para aquellos afortunados que los poseían. Aunque no eran coches seguros ni sus dimensiones fueran ideales, fueron inmortalizados en canciones y películas como emblemas de la nueva felicidad que era posible hallar en la soleada y eso se vendía, sonriente España del desarrollo”. 



Mintz lo cuenta a su manera en Coplas de carnaval: “Don Ramón, elegantemente vestido en ropa de montar, sus piernas cruzadas, se reclinaba en un sofá de cuero. El éxodo de los trabajadores rurales estaba en su mente mientras comentaba la necesidad de vincular los campesinos a la tierra por medio de sofisticados y luego desconocidos planes para atraerlos y ofrecerles un contrato inicial.
“No hay razón alguna por la que el trabajador no pueda ganar lo suficiente aquí. Él debe estar en una posición crítica para quererse ir. Debemos mantenerlo ocupado para que no busque trabajo en otra parte. Debemos aumentar su efectividad. Construimos un cine, aumentamos su paga y les damos tiempo para que vayan a la playa. Ellos no ahorran dinero y, en cambio, buscan maneras de gastarlo. Debemos proporcionarle esas maneras. Ahora muchos tienen coche. Compran un coche y lo pagan. Ese es el tipo de ahorro que me gusta ver. Debemos cuidar que puedan gastar dinero. No les gusta ahorrar. Les gusta ir a la ciudad a gastar dinero. Tenemos que ofrecerles modos de gastar dinero. Comprar una casa por adelantado. Comprar un coche a crédito. Más de cien trabajadores de aquí tienen ahora coches particulares. Hay más de 250 televisores y frigoríficos. Uno se ve forzado a crear salidas para sus gastos. Si no, quieren ir a la ciudad, donde es fácil gastar dinero. Si estuvieran contentos, nunca irían a Alemania. Van a Alemania porque son trabajadores eventuales y pobres. Es triste”.



Siempre he sostenido que la desecación de la laguna y la aparición de las Lomas fue el punto de inflexión de la sociedad tradicional a moderna en el Benalup de Sidonia de aquella época. De allí no sólo venían los cambios económicos, también los sociales, los políticos y la ideología dominante. Una cuestión que va a perdurar en el tiempo.

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