El habla de Benalup-Casas Viejas. A modo de conclusión. 39

Termino con el post de hoy la serie dedicada al habla de Benalup-Casas Viejas. La idea de esta surgió con la presentación del libro del mismo nombre de Sebastián Montero. Para la realización de estos post, además del citado libro (que el autor me cedió amablemente el pdf para facilitarme el trabajo), el de Marco Ramos sobre la comarca de la Janda, el de Agustín Coca Los Camperos y el de José Benítez Guillén Historias en Benalup-Casas Viejas. Además los trabajos publicados en internet de Isabel Sánchez Buendía, en la página web del IES Casas Viejas y los de D. Manuel Sanez en el blog del C.P. Tajo de las Figuras. También me ha sido de gran ayuda las aportaciones de los benalupenses a través del Facebook de las fotos antiguas que coordina Luisa Sánchez Pérez-Blanco.
Es decir, se ha hecho realidad esa frase de Machado que tanto me gusta: “Todo lo que sabemos, lo sabemos entre todos”. Entonces lo que yo he hecho es basándome en todo el trabajo ya realizado, recopilándole aportándole una visión geográfica, histórica y antropológica al habla de Benalup-Casas Viejas.



La verdad es que esta serie surgió como ya he dicho en la presentación del libro de Sebastián Montero y como todas las cosas que se encartan bien están si bien acaban. Y creo que con está he disfrutado y aprendido mucho, que al final para eso escribe uno en este blog. Como todo viaje por el conocimiento es una aventura por el saber local del que termina (aunque nunca se sabe) con la alforja mucho más llena que lo estaba cuando empecé. Es decir quien más ha aprendido y gozado he sido yo. Eso del que todo tiene  esfuerzo obtiene su recompensa además de ser una frase hecha, a veces, como en este caso, se convierte en una realidad. 



No sólo he conocido el significado de muchas palabras, dichos y toponímicos que no sabía, sino que también he puesto el habla, con una manifestación antropológica que es, con su realidad histórica y geográfica que era lo que más me interesaba a mí. 



Así he podido profundizar en la palabra SOPACA, "mi baia" (significa la preferida del harem), mi favorita, en un pueblo de jornaleros y sopacas, entendiendo lo que significa y las consecuencias que tiene este carácter para la población. La polémica en torno a nuestros gentilicios (que no aparece ninguno en el DRAE) y nuestro nombre (Benalup, Casas Viejas, Benalup-Casas Viejas o Benalup de Sidonia como todavía aparece en el Facebook) nos indica que seguimos teniendo problemas con nuestro pasado, lo mismo que ocurre con la acepción que toma en este pueblo la palabras sucesos, que adquiere tintes tristes, trágicos y casi prohibidos recordarlos. También la palabra Figuras tiene un significado distinto en este pueblo, pero en este caso de consecuencias más positivas.  La historia y la geografía nos sirve para que entendamos mejor el nombre de los lugares de nuestros entorno, estando muy relacionados con acontecimientos y personajes históricos, o con la flora, fauna, relieve, hidrografía o clima del lugar. 



El habla de Benalup-Casas Viejas es el resultado de la relación del hombre con el espacio y el tiempo. Especial relevancia tienen las actividades económicas. Y dentro de ellas un mundo agrario tan significativo como en peligro de extinción por los tremendos cambios acaecidos. Afortunadamente, gracias al trabajo de Andrés Candón Quirós (no publicado, pero que recogió Jerome Mintz) conocemos los términos relacionados con los usos agrarios de finales del siglo XIX y principios del XX. Así hoy sabemos lo que eran los pejugalistas, palomos, gañanes o sopacas y forasteros, también conocemos sus relaciones y problemas entre ellos que generaban conflictividad social y laboral. Quizás la parte más rica del habla de Benalup-Casas Viejas se refiera a este mundo agrario, por su especialización tradicional en ella. Términos como talanquera, rancho, haza, dehesa, suerte, zoqueta, aperao o boyero sirven para describir actividades propias de esta zona. También le he dedicado un apartado especial al mundo del carbón, del corcho o de los oficios tradicionales, tan rico, como necesario su conocimiento. Un apartado especial ha tenido la vida cotidiana. He entendido que es una queregía ser un sieso (que tiene un origen médico), pero también josifar a mano o tener la casa cochambrosa. También que en B-CV la gente es especial pues las latas no sólo sirven para conservar alimentos, sino también para construir chozas o que las lonas eran también unos pantalones, no sólo una forma de tela o que el punto además de un signo ortográfico era el lugar donde las mujeres se bajaban o se subían al burro o mulo en su ida o llegadas al pueblo desde el campo. 


Además de la palabras y toponimia, le he dedicado un apartado especial a los dichos de esta zona. He entendido la relación de los meinatos con el hato y la de los alcalaínos con el vino. Porque son tan incrédulos en Vejer o porque Alcalá era del Canito, Barbate, donde gustaban tanto los garbanzos con alcegas, lo que comía cuando venía a las Lomas el hombre de su apellido, mientras que Benalup era del Contrito. También le he dedicado su momento al famoso illo rabón, cuchará y paso atrás o bolo. 



En definitiva este encarte o excusa del habla de B-CV me ha servido para disfrutar, aprender y llenar mi tiempo de cosas. Parece claro que seguir enseñando, sigue siendo al día de hoy una de las más hermosas formas de aprender. Si de paso sirve para fomentar la implicación, la participación y la complicidad de la gente en el proceso mejor. Y si además se utiliza para proteger, difundir y valorar un patrimonio inmaterial que no se ha cuidado demasiado por su carácter popular, pues ya tenemos el remate del tomate. 


Le he pedido permiso a Sebastián Montero para compartir con vosotros el libro del Habla de Benalup-Casas Viejas, muy amablemente me lo ha dado. Así que aquí lleváis este regalo

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