Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. . Las emigraciones. El final de los sopacas. 3

En la fila de arriba con boina negra  Esteban Moreno Caro, también hemos localizado a Paco Castellet Grimaldi, Diego Barberan Moreno,  a José Gutierrez ( Pepe colilla), Francisco Carmona Marín "El quisco".
 Agustín Delgado Sánchez y  Domingo Bravo. El resto parecen ser sopacas del Valle Genal pero no los hemos localizado

Los sopacas son segadores malagueños, fundamentalmente del valle del Genal, que vienen a segar en verano a la Janda. Algunos de ellos se quedan a vivir aquí complementando estas tareas con el carbón en invierno o prácticas de la economía depredadora. Estos sopacas son una parte importante del sistema económico que se creó tras la desamortización y la aparición de latifundios basados en mano de obra barata que no necesitaban la mecanización.
En los momentos álgidos de la recolección los brazos de los jornaleros locales no eran suficientes, al mismo tiempo que estos forasteros o sopacas contribuían a bajar los salarios. Por su parte en el Valle del Genal había un minifundio extremo que permitía la economía de autosuficiencia, pero que no generaba dinero para pagar deudas, impuestos o gastos extras lo que se hacía con esta migraciones temporales. Esta conexión entre las zonas de serranía y campiña, de latifundio y minifundio hizo de estas migraciones temporales un mecanismo básico de supervivencia de ambas economías locales



Antonio Cazorla habla en su libro Los españoles de a pie durante el franquismo de ellos. “Viajaban en cuadrillas de diversos tamaños, compuestas por hombres de todas las edades, niños incluidos, mientras las mujeres se quedaban en casa y mantenían la tierra, que a menudo solo consistía en propiedades demasiado pequeñas para sustentar a una familia… Estos hombres trabajaban mucho, cobraban poco y gastaban casi nada. Guardaban la mayoría lo ganado y sobrevevivían con una dieta simple de garbanzos con manteca y, algunas veces, de carne. Cuando se aproximaba el Día de la Virgen, el 15 de agosto, comenzaban a volver a sus hogares. Hacia finales de los cincuenta,no obstante, los salarios estaban subiendo y ya empezaba a no ser rentable que fuesen brazos humanos los que segasen. A su vez, la mecanización, allí donde pudo ser introducida, estaba volviendo sus servicios prescindibles”

Sopacas tomando un gazpacho en el campo de Casas Viejas. Finales del siglo XIX. Archivo del Diario de Cádiz


El que esto suscribe estuvo en la zona una Semana Santa de vacaciones. En un bar de Benalaurría coincidimos con un hombre de 85 años. Al entablar conversación rápidamente salió que veníamos de Casas Viejas. Él dijo que lo conocía muy bien, que iba todos los años desde finales de los cuarenta a llevar segadores de la serranía allí. Nos contó que algunos se quedaron a vivir por allí, pero sobre todo nos sorprendió que nos dijera como dentro de los gastos del viaje había que incluir chacinas y productos de la matanza de la época pues eran el peaje que había que pagar a la Guardia Civil para que permitieran este tráfico ilegal de personas. Al igual que ahora la hipocrecía ha sido la moneda con la que se trata a los movimientos migratorios. Por un lado, se persiguen y se estigmatizan para contentar a los sectores más retrógrados de la sociedad y por otra se estimula y se mantiene pues permite el mantenimiento del sistema económico que favorece a los propietarios. Otras formas de viaje era el tren de Ronda a Algeciras y luego a pie hasta la Janda. Anteriormente iban andando, desde la Serranía al Parque de los Alcornocales por Jimera de Libar  o Cortes de la Frontera y de ahí hasta Casas Viejas por Alcalá. 




Los contactos entre la Janda y la serranía de Ronda han sido numerosos, en la Guerra Civil muchos casaviejeños que huían de las tropas nacionales se establecieron, mientras pudieron aquí, o durante la postguerra mucho venían a vender aquí sus productos como los botos de campo u otro sin fin de actividades que proporcionaban las relaciones personales y familiares establecidas durante mucho tiempo. Ha sido en la actualidad, cuando curiosamente más y mejores medios de comunicación hay, cuando estos contactos no sólo han desaparecido, sino que también se desconoce por la mayoría de la población la íntima relación que ha habido entre Casas Viejas y el Valle del Genal. 



El punto de inflexión fue los años sesenta. Por un lado estos segadores malagueños abandonaron sus migraciones temporales y las sustituyeron por otras definitivas a la costa del sol. Por otro, la emigración definitiva de muchos campesinos hizo que subieran los salarios del campo y que los propietarios vieran más rentable la mecanización de las tareas del campo, con lo que el proceso se retroalimentaba. Las emigraciones temporales basadas en la irregularidad de los trabajos del campo con grandes periodos de ocio en unas comarcas y concentración y diversificación de las tareas de recolección en otras desaparecieron, con lo que los sopacas, aquellos segadores malagueños que llegaban de mayo a octubre a la comarca dejaron de venir a partir de los sesenta. En esa década el trigo fue sustituido por el algodón y otros cultivos sociales, remolacha por ejemplo, continuando la movilidad de mano de obra con carácter familiar, pero los segadores malagueños que se marcharon a la costa del sol en emigraciones con carácter definitivo fueron cambiados por los campesinos acalaínos o sevillanos que acudían a recolectar algodón. Benalup-Casas Viejas siempre ha sido tierra de llegadas y partidas y en los sesenta lo siguió siendo. Este carácter migratorio de la población benalupense continua hasta la actualidad.

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