Los benalupenses de a pie durante el segundo franquismo. Las migraciones. La ruta de escape de los vencidos. 1

Seguimos con la misma serie, pero cambiando de etapa. Si antes nos centramos en el primer franquismo, desde la guerra al plan de estabilización de 1959, ahora lo vamos a hacer desde ahí hasta la muerte de Franco. Es el periodo también conocido como el del milagro español o desarrollismo. Pero este hay que entenderlo dentro un amplio proceso de transformaciones que nos llevan a la modernidad. Como motor de todas estas revoluciones hay que situar al éxodo rural y las migraciones.
Este fenómeno es de suma importancia para España y B-CV por ello le voy a dedicar varios post, tomando como referencia el libro de Antonio Cazorla Los españoles de a pie bajo el franquismo. Como dije en el último articulo de esta serie las huellas de la autarquía tuvieron un peso muy importante, por ejemplo, sin ellas no se pueden entender todo estos movimientos migratorios. 

Foto Mintz


Dice Antonio Cazorla: “La emigración es uno de esos gravámenes difícilmente cuantificables que, casi con exclusividad, pagan los pobres. La emigración afecta desigualmente a las regiones: las más deprimidas pierden los recursos humanos que posibilitan el progreso económico de las más ricas. Pero, pese a ser un impuesto en especie, la emigración presenta a veces la posibilidad de mejorar la vida…No eran gente sin esperanza, es que se la habían robado… Su derrota a sangre y fuego, tanto política como social, conllevó el desmantelamiento inmediato de la militancia campesina… fue la ruta de escape de los vencidos”



En el caso de B-CV también los movimientos migratorios tienen un componente social y político, además del económico, que es el más claro y que hablaremos de él en próximas entradas. Una parte importante de los que participaron en los sucesos tras la Guerra Civil tienen que abandonar Casas Viejas. Unas veces lo hicieron obligados por la persecución del estado y otras empujados por la falta de expectativas vitales (siempre asociadas causas políticas y económicas). El lugar de destino elegido preferentemente será Torrent, aunque también se asientan en pueblos vecinos del levante, en Sevilla, Palma de Mallorca… Empezaron huyendo los que más se habían significado en la oposición a esta  nueva España como Moya Paredes, Sopas, Tuerto Manguita, Suárez Orellana, familia Cruz Jiménez, Antonio Duran, José Monroy… les siguieron otros que, aunque habían participado en la guerra, tuvieron un protagonismo político menor como la familia Reyes Benítez,  Ricardo Moreno Cabeza, José Moreno Estudillo o Francisco Rocha Acebedo. En esta atmósfera de agobio, donde era difícil  respirar el mínimo aire de libertad, progresivamente se iba abriendo un flujo emigratorio que en los años sesenta afectó aproximadamente a un tercio de la población.



Antonio Cazorla dice al respecto: “ Sabían de la insolvencia de sus municipios, veían las calles sin asfaltar y eran cada vez más conscientes del déficit de servicios básicos en sus pueblos. La televisión les trajo las imagines de la opulencia del consumo en las grandes urbes, y la caracterización de la España rural como sabia, quizás, pero también como decadente y atrasada. Ellos eran ese mundo que representaba el pasado para el resto de los españoles, e incluso a los ojos de sus propios hijos. Los valores de estos, además, estaban cambiando y no solo porque buscasen mayor riqueza material. Al marchar a la ciudad para estudiar o trabajar, a veces adoptaban valores “modernos” e incluso las ideologías a las que sus padres se habían resistido todas sus vidas. El cambio para estas personas fue acelerado y no siempre fácil. En este proceso, las madres a menudo desempeñaron un papel de mediadoras entre las distintas generaciones…”



Durante el franquismo, Benalup de Sidonia progresó muy poco, quedó abandonado en el sueño de los justos. La carencia de infraestructuras y equipamiento, el estado de las calles o la dotación de servicios públicos no mejoró significativamente en los cuarenta años del franquismo. Los proyectos de segregación, del nuevo cementerio, de la sustitución de las chozas o de la creación de escuelas (por poner solo algunos ejemplos), fueron postergados hasta que llegó la transición. Hay quien ha planteado que fue una especie de castigo por el atrevimiento de estos campesinos.  Dice Juana María Perea: ”Este efecto (los sucesos) se reflejó aún más en el estancamiento de la aldea respecto a los demás pueblos vecinos, ya que las administraciones trataron de esconder todos los vestigios de alzamientos populares republicanos y previos en la II República con el abandono económico y social de esos lugares “señalados”.


Pero como hemos dicho otras veces la emigración es una cuestión de dos partes, es la famosa teoría de los vasos comunicantes. Para que se produzcan es necesario factores que propicien la salida y otros la atracción. La situación en los años sesenta no era peor en Benalup que en los años cuarenta, la novedad fue la necesidad de mano de obra que había en Europa Central o en la España del Norte y del Este. Sobre todo ello hablaré en el próximo artículo de esta serie sobre las migraciones, tema que me apasiona, por cierto.


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