La pervivencia de la literatura oral en B-CV. Un galán que corteja a una mujer casada. 8


Rafaela Viciana Quiñones fue la informante que le cantaron al grupo del IES Casas Viejas en el 2005 coordinado por Manolo Viciana y Alejandro Pérez para la pervivencia de la literatura oral un romance que refleja la moral y la sociedad machista imperante en la sociedad tradicional. 

El galán que corteja a mujer casada

Un domingo de mañana
a misa fui con mi padre
y me encontré a una mujer,
a una mujer que era un ángel.
La seguí paso por paso,
sólo por ver dónde entraba.
La vi entrar en un jardín.
Le dije que si me amaba.
Yo le dije:-Caballero,
mira que soy mujer casada
y a mi marido del alma
no le quiero faltar en nada.
-Pajarillo, tú que cantas
y te lo das de cantar,
de una mujer que quiero
y no la puedo alcanzar.
-Pastorcillo, tú que cantas
y te la das de cantista (1)
Dime cuántas tejas
tiene el cortijo de la Pita.
Cantando me lo dijiste:
-Cantando te lo diré
y el cortijo de la Pita
tiene ciento veintitrés.
-Pastorcillo, tú que cantas
y te lo das de cantor.
De una mujer que quiero
y no la puedo alcanzar.
-Tú la tratas con firmeza-
como el pájaro decía.
Y al cabo de los tres meses
alcancé lo que quería.
-Clara, me llamo por nombre.
Siendo clara me enturbié.
No hay quién diga en este mundo:
Esta agua no es de beber.


(1) Forma vulgar de Cantor.
(Rafaela Rubio Quiñones)



Estamos ante otro micro relato, pero al contrario que los otros este tiene un final moralizante. Utiliza un doble juego pues aunque siempre se habla en primera persona, unas veces lo hace el hombre y otras es la mujer. En los 32 primeros versos habla el galán y cuenta como intentó cortejar a una bella mujer y al no conseguirlo le pidió consejo a un pajarillo. Estamos ante una pequeña fábula con todos sus elementos y además de la moraleja final se le atribuye al pajarillo cualidades humanas, como es la del habla. Este le dijo que insistiera y al final lo consiguió.  En esta parte hay unos versos que resultan enimágticos y que no están en las muchas versiones del romance que hay en internet. 
Pastorcillo, tú que cantas
y te la das de cantista
Dime cuántas tejas
tiene el cortijo de la Pita.
Cantando me lo dijiste:
-Cantando te lo diré
y el cortijo de la Pita
tiene ciento veintitrés
Como estamos ante una literatura no escrita y se ha transmitido de forma oral, son muchas las versiones que hay sobre el mismo romance. Hay versiones que termina el romance aquí, en esta de B-CV se le añade la intervención de la que había sido hasta protagonista secundaria: 
Clara, me llamo por nombre.
Siendo clara me enturbié.
No hay quién diga en este mundo:
Esta agua no es de beber



Hay que hacer hincapié en como juega con la palabra Clara, para el nombre de la mujer que ha sido conquistada y para utilizar el verbo “enturbie” para explicar como le fue infiel a su marido. Estamos por tanto ante el tema de la infidelidad. Como afirma con acierto W.R. Bascom: "He aquí, en realidad la paradoja fundamental del folklore que, al mismo tiempo que desempeña un papel vital en la transmisión y la conservación de las instituciones de una cultura y en procurar que el individuo las respete, proporciona simultáneamente válvulas de escape socialmente aceptables para las medidas represivas que estas mismas instituciones le imponen” 



Evidentemente, al contrario que los anteriores romances, aquí es más evidente el protagonismo masculino que retrata una sociedad machista, donde se acusa a la mujer de infiel y poco fuerte, mientras que es valorada la insistencia y fortaleza del galán, sin que en ningún momento sepamos, si este está o no casado. Este romance nos da un retrato de una mujer, no sólo infiel, sino débil y desvalida, que debe ser protegidas siempre por el varón y, por tanto, incapaz de decidir por sí misma. La infidelidad femenina es un tema frecuente en nuestra literatura, así aparece en el Libro de buen amor y el episodio de don Pitas Payas. La mujer adúltera tiene “conocimiento” con un joven que borra el corderito que su marido (pintor a la sazón) había dibujado en su vientre. En una sociedad moralista y machista, la consecuencia de esa infidelidad al hombre es que la mujer se queda desdeñada. El hombre no figura como adúltero sino que el romance se recrea en la desesperación de la pobre mujer que es abandonada, desvalida y, por tanto, se queda su vida sin sentido. En nuestro romance queda explícitamente de manifiesto con el significativo verso: “Siendo Clara, me enturbie”



Y me gustaría terminar con una reflexión. Hemos hablado muchas veces que estos romances forman parte de nuestras señas de identidad, de nuestro patrimonio inmaterial y que tienen un valor, no sólo literario, sino también antropológico inmenso. Pero esta tradición oral se está perdiendo y tenemos que plantearnos que no lo haga, aunque a veces, como en este caso transmita valores que no hay que difundir. Si desde la Edad Media (en algunos casos) hasta finales del siglo pasado, el romancero se ha ido transmitiendo, cantando de generación en generación, hoy difícilmente es conocido. Pero esta cultura que ha salido del pueblo, y donde el carácter popular y femenino es fundamental forma nuestro acervo cultural, que dice de nuestra propia idiosincrasia, que nos identifica, al fin y al cabo, debe perdurar y ser conocida entre las generaciones venideras, aunque, eso sí, dotándolas de instrumentos de reflexión crítica para que todas estas canciones sean entiendan dentro de un contexto determinado, distinto al de la sociedad actual.

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