La casa de los Pérez Ruiz. Por José Luis Pérez Ruiz. Y 3

Consistía en dos zonas, juntas en su construcción, pero bien diferenciadas en sus funciones : Los almacenes y la vivienda. Doblando la esquina de la casa donde vivía este matrimonio  se iniciaba  una escalera , cuyo primer tramo dejaba pasar la luz a su cocina a través de una ventana y terminaba en un rellano donde una puerta de madera nos conducía hasta un local grande dividido en dos habitaciones que formaban el almacén de la zapatería; altas y espaciosas con estanterías de madera alrededor de  sus paredes y repletas de cajas de zapatos excepto en los huecos que dejaban las dos ventanas de madera  a la calle Fuentes permitiendo además espacio para una mesa donde solía yo escuchar música del Hit Parade que emitía en su programa Jesús Quintero por aquellos tiempos, leer de vez en cuando ( normalmente poemas de Espronceda y  El Buscón de  Quevedo , libros de mitos griegos, fábulas de Esopo y el Pulgarcito que traía Mortadelo y Filemón , Pepe Gotera, 13 Rue del Percebe, o los grandes inventos del TBO, escribir alguna pamplina y tocar los acordes de una guitarra que me compraron por Reyes y  acompañándolos con la voz de tiple que semiaprendí en el Seminario con canciones de Gianni Morandi, Adriano Celentano, Los Brincos, Los Pasos, Los Pequeniques...con los consiguientes comentarios de "Pepito Fernández" y de Antonio Grimaldi que eran los únicos vecinos y oyentes que vivían enfrente. 



Además podía subir los sábados un enorme lebrillo de barro para el baño semanal previa carga y descarga desde el Chorro Grande de cubos de agua fría mezclados con una enorme olla de agua calentada por mi madre. Saliendo de los almacenes a la izquierda seguía la escalera que , unos escalones más arriba, presentaba una pequeña puerta que daba a una especie de cueva donde se guardaban unos sacos de picón con los que en invierno se encendía el brasero o "copa" para las mesas camilla bien de la tienda o de la casa. Siguiendo por la escalera se encontraba otra puerta dando a otro pequeño almacén con más zapatos y algunos trastos inservibles.Y a la altura de la puerta, una enorme azotea-mirador ( techo de la vivienda ) con vistas a las calles Fuentes y Clavel, a la plazoleta del Chorro Grande y al paisaje impresionante de la Sierra, la vega del Barbate, la laguna de la Janda y Facinas. Debajo de esta azotea estaba la vivienda.



Bajando volvemos al patio y al doblar la parecilla que acompañaba a los primeros escalones con una pequeña columna de obra con remate en una especie de podio, estaba la escalera, que salía a la calle Fuentes frente a la escuela de Doña Mercedes, siendo protegida en su entrada por los bajos de la escalera de la azotea que lo hacía también a un conjunto de macetas que cuidaba mi madre, estaba la puerta de madera de nuestra vivienda. Entrando, estaba el salón donde hacíamos la vida diaria. Era bastante irregular puesto que,  junto a la pared de la cocina, hacía la curva correspondiente a la casa de Morillo el Chófer que se situaba debajo y por eso formaba un rincón que se disimulaba con la colocación de una puerta de cristal que lo disimulaba hasta que ese rincón fue ocupado por el televisor Marconi que compraron a Miguel Román mis padres. 
Calle Fuentes. Foto Mintz


Frente a la puerta de entrada había un balcón que daba justo frente a la zapatería de Vázquez. A la izquierda estaba la cocina, amplia , con una gran despensa a todo lo alto de ella con su puerta de cristales por la parte de arriba y de madera debajo seguida por un largo poyo de hornilla con hasta tres fuegos a carbón que luego fueron sustituidos por una cocina de butano junto a la ventana que daba frente al Colegio de niñas y la casa de los Luna. El resto era ocupado por una mesa y muebles de formica.



Al fondo del salón, junto al rincón de la tele, una puerta de madera daba paso a una vivienda ya totalmente rectangular sobre el bar del "cojo Gómez". Conducía , en primer lugar al dormitorio de mi hermano y mío con dos camas y una vieja cómoda en el centro junto a la pared que, por una puerta de cristales daba acceso a un salón ( de esos que no se usan nunca ) con mesa, vitrina y sillones y con otro balcón esta vez a la plazoleta del Chorro y una puerta  de cerrojo que daba a un pequeño trastero , al patio interior a la altura de la vivienda-almacén del hermano de María Hernández y a la puerta del cuarto de baño con váter y un lavabo que los primeros tiempos fue de palangana y madera hasta que llegó al pueblo el agua corriente para el mismo y una ducha. 



Del salón, otra puerta de cristales, daba al dormitorio de mis padres que después ocuparíamos mi mujer y yo. Los dos dormitorios tenían sendas ventanas a la plaza del Chorro por donde de madrugada en verano entraba el inolvidable olor a pan de Adela, el frescor y el murmullo de los chorros de agua cayendo al mismo son y... el ruido, primero de los cascos de las caballerías y posteriormente de los coches de los albañiles. Fin.

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