La casa de los Pérez Ruiz, por José Luis Pérez Ruiz. 2

Foto Alfonso Pérez Blanco Muñoz

En cuanto a la tienda que el dueño anterior, Flor Roldán, creo que de nombre Manolo, había usado como Bar y vivienda ocupaba desde lo que hoy es El Pajarito hasta casi el Portón de entrada y estaba compuesta por una barra larga hasta la altura de la segunda puerta que servía de entrada para bar y vivienda con una ventana entre ambas a la fachada  y una sala que, al fondo, tenía una pequeña cocina con su poyo de hornilla y una ventanita que daba al patio interior. 
A la derecha, otra habitación que se comunicaba con el zaguán por una puerta y una ventana a la calle Medina. Mi padre puso una pequeña barra por la que se accedía desde la calle por la primera puerta y separó el bar de la tienda que dedicó a comestibles. Con el tiempo quitó la separación y, después de  convertir las dos ventanas que daban a la calle Medina en sendos escaparates y la sala contigua en trastienda, se dedicó exclusivamente a zapatería y artículos de piel. Bajando desde el portón se accedía en rampa al gran patio interior, dominado por una palmera que, si bien no era muy alta, tenía abundantísimas y enormes hojas, rodeada de un arriate con ladrillos de barro que continuamente reventaban con la fuerza de las raíces. Entre esas ramas se refugiaban miles de pajarillos trinando sonoramente al amanecer y revoloteando por las noches cuando recibían la visita de algún cazador de plomillos y linterna o la más agradable de alguna parejita de enamorados que aprovechaban la escasa luz y el descuido del enorme cerrojo que se olvidaba de cerrar.

A la derecha del patio había una especie de pequeño túnel en el que tres habitaciones, una con un pozo, sirvieron de vivienda durante bastante tiempo a un matrimonio familia de los Flor y, atravesado el pasadizo que sobre sí soportaba parte de la casa de María Hernández, se llegaba a un pequeño huerto donde brotaba el manantial que alimentaba (... y continúa alimentando, aunque en menor cantidad ) al Chorro Grande que termina justo al borde de la pared frontal del mismo. Pasada esta especie de boca de túnel y otra vez en el patio, se llegaba , acompañado de un cuidado arriate de bonitas flores que le servían de zócalo, a una empinada escalera que conducía a la parte trasera de la casa  de su dueña y cuidadora, María Hernández. Esta tenía su entrada principal por la calle Medina , justo después del Portón grande y que conserva, hoy muy deteriorada,  su fachada con una puerta flanqueada por sus ventanas que también podemos contemplar en la foto. Por último en la parte derecha del patio estaba la puerta de la casa de un hermano de María que era Guardia Civil que sólo venía de vez en cuando , sirviendo sus locales habitualmente de almacén.



A la izquierda, estaba limitado por la pared trasera de la tienda con un saliente que presentaba en su parte superior el hueco de la pequeña ventana de la cocinilla y moría en la esquina donde empezaba la fachada de la vivienda de Manolo Pérez-Blanco, marido de Paz Flor y que actualmente se comunica por unos escalones con el local principal del Pajarito. Allí están los Servicios, en lo que fuera la cocina y el cuarto de baño de ellos. La fachada, que presentaba una puerta y una ventana al patio y terminaba doblando en esquina hacia la izquierda, donde empezaba la otra parte de la manzana que junto con el local de la tienda, mi padre había alquilado y describo en el próximo post.

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