Pervivencia de la literatura oral. La hermana cautiva. 2



Un buen ejemplo de los romances antiguos, extendido por toda Europa, es el "Romance de la hermana cautiva",como lo denominó Menéndez Pidal,  clasificado como "romance fronterizo". Esta basado en otro romance, el de Don Boixo, de tradición medieval alemana, pero que se adapta a las circunstancias de la reconquista cristiana en España. 
LA HERMANA CAUTIVA

Al pasar por Casablanca,
  pasé por la morería.
Había una mora lavando 
al pie de una fuente  fría.
Apártate, mora bella. 
Apártate, mora linda.
Deja de beber mi caballo 
agua fresca y cristalina.
No soy mora, caballero, 
 que en España soy nacida.
Me cautivaron los moros 
el día de Pascua florida.
Si quieres volver a España,
aquí en mi caballo irías.
-Y estos pañuelos que lavo,
  ¿dónde los dejaría?.
Pongo mi espada por medio,
           yo juro no tocarte
hasta los montes de oliva.
Y al llegar a aquellos montes,
la mora se echó a llorar.
¿Por qué lloras, mora bella? 
¿por qué lloras, mora linda?
-Porque aquí, en estos montes
mi padre a cazar venía
con mi hermano Vardamonte
y con toda su compañía.
-¿Qué oigo, Virgen del Carmen?
¿Qué oigo, Virgen María?.
¡Qué en vez de traer una mora,
traigo una hermana mía!.
Abre puertas y ventanas,
ventanas y solecías(1)
Que aquí traigo la prenda
Que buscas, de noche y día.

Vulgarismo de la forma correcta “celosías”
 (Cantado por Rafaela Rubio Quiñones)

Sobre este romance dice el grupo de trabajo coordinado por Manolo Viciana: "El romance que hemos llamado de “La hermana cautiva”, es típica muestra de los romances moriscos o de frontera, en una época en que el enfrentamiento entre la España musulmana y la cristiana, forman ya casi parte del pasado y aparecen idealizados, de forma que las más de las veces las aventuras bélicas aparecen transformadas en amorosas.

   



 En el romance nos vamos a encontrar con el típico héroe del romancero, un héroe solitario y vagabundo, sin mucho contacto con el mundo que le rodea y al que las cosas le suceden un poco como por casualidad, sin ir a por ellas a  buscarla, incluso se puede decir que el intenta dejar un poco de lado toda posibilidad de aventura en el mundo. Observemos, sin más, sus primeros versos:

                   Al pasar por Casablanca,

                             Pasé por la morería.
                              Había una mora lavando
                              Al pie de una fuente fría.
                              Apártate mora bella.
                              Apártate mora linda.


    Sin embargo, el mundo del romancero no es el mundo seguro del medievo, donde todas las cosas están donde les corresponde y no cabe el engaño o los juegos con la realidad. En los romances, sin embargo, es normal que las cosas no sean como parecen, que la realidad se confunda con los sueños, o que cuando creemos encontrar algo resulte que estábamos soñando. De ahí la inseguridad de casi todos los personajes del romancero. Y así, el que comentamos, sigue con los siguientes versos:
                                    No soy mora caballero
                                                    Que en España soy nacida.
                                                    Me cautivaron los moros
                                                     El día de Pascual florida.


 Típico de los romances es que las desgracias  (el cautiverio) suceda en el buen tiempo, en las estaciones bellas (Pascua florida), como sucede en el           Romance del Infante Arnaldo (mañana de San Juan) o en el del Prisionero (que por mayo era, por mayo/ cuando hace el calor). Es un poco como si se nos quisiera comunicar que el mundo de la naturaleza y el mundo de los hombres corren cada uno por su lado.


  Se sigue jugando en el romance con la sorpresa, cuando de repente hallamos que la mora es la hermana del protagonista. La mención a la virgen no es, como en los antiguos cantares de gesta, para rogarle una victoria, no existe una auténtica mención religiosa, sino una simple expresión exclamativa y retórica:
                                ¿Qué oigo virgen del Carmen?
                                                ¿Qué oigo Virgen María?
                                              ¡Que en vez de traer una mora
                                                 traigo una hermana mía!

  

     Lo que parecía que iba llevando un matiz erótico cambia de esta forma, inesperadamente, de tono. El hombre no controla, en ningún momento el mundo que le rodea, de donde puede surgir cualquier. Dios no puede ayudar, pero tampoco el trabajo y el esfuerzo de los hombres, ya que la casualidad, en cualquier momento, no da lo que nos quita independientemente de nuestro esfuerzo o voluntad:
                               Abre las puertas y ventanas,
                                                   Ventanas y solerías.
                                              Que aquí traigo la prenda
                                            Que buscas, de noche y día".




Por mi parte busco información en internet sobre este romance.  Me entero de que es uno de los más extendidos en la tradición oral, representando un tema muy recurrente en los romances:  el de la anagnórisis o reconocimiento de la verdadera identidad de un personaje, en este caso la dama que de niña fue capturada por los moros y que revela quién es al reconocer el paisaje familiar de su tierra. La anagnórisis evita el incesto fraterno. Ya hemos visto en otros romances el papel fundamental de la mujer en la transmisión de estos romances. El tema de este es el amor, pero no un amor cualquiera, sino el fraternal, el de hermanos. Otras temáticas subyacentes a destacar sería las religiones y las guerras entre civilizaciones. Pero por encima de todo es ese amor entre hermanos el que domina este romance. Romance que como todos estos pertenecientes a la tradición oral han tenido muchas versiones y han llegado en este caso aquí cantado por la benalupensa Rafaela Rubio Quiñones
 

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