Los benalupenses de a pie durante el primer franquismo. La catástrofe educativa. 25

Don Eugenio Espinosa y sus alumnos
Vimos en el anterior post de esta serie que en el primer franquismo la situación de la educación en España era catastrófica porque no se le prestaba la mínima atención y porque el presupuesto se dedicaba a la defensa y la represión que era lo que interesaba.
Antonio Cazorla da datos sobre ello en su libro Los españoles de a pie bajo el franquismo: “El 1950, la proporción de personas analfabetas en las áreas rurales era al menos un tercio superior a la de los núcleos urbanos, y el problema era mucho más grave en el sur que en el norte peninsular…A menudo, los periodos de escolarización para millones de niños fueron muy cortos, por lo general dos o tres años…” 



En un escrito de D. Eugenio Espinosa relata la situación en Benalup de Sidonia del año 1958, el primer curso en el que se incorporó a su nuevo destino. “Allá, por Septiembre de 1958, en unión de mi gran amigo y compañero inseparable ANGEL GUILLÉN BENITEZ, arribamos a este pueblo por el Concurso General de Traslados cuando aprobamos  las Oposiciones a ingreso en el Magisterio Nacional. Benalup solo contaba entonces con cuatro escuelas, dos de niños y dos de niñas para una población de unos tres mil habitantes…  Ángel fue destinado a la Escuela Nacional Unitaria de Niños Nº 2 ubicada en la Plaza del Socorro, donde vive hoy la familia de Nicolás Vela Barca (q.e.p.d.) y yo a la Unitaria de Niños Nº 1, situada donde hoy está la Caja de Ahorros San Fernando de Jerez-Sevilla en la calle San Juan(en la actualidad El Sitio). Las Maestras eran Dña. Mercedes Pérez-Blanco Jordán y Dña. Lucía Romero Armas, destinadas en las Escuelas de Niñas del Chorro Grande y la que estaba en el antiguo edificio del Ayuntamiento respectivamente. Las matrículas eran numerosas por razones obvias, aunque en determinadas épocas del año coincidentes con las labores agrícolas disminuía la asistencia porque los niños y niñas mayores iban a trabajar al campo con sus padres para incrementar el salario que entraba en la casa, de por sí muy precario y no siempre fijo… El material  que cada alumno llevaba a la escuela en un bolso de tela confeccionado en casa por la familia era el siguiente: una pizarra con su correspondiente pizarrín, un cuaderno de una raya, un lápiz, un cuaderno de caligrafía, una caja de lápices de colores “Alpino” (cuando nos la traían los Reyes), el Catecismo, la tabla de multiplicar y la Enciclopedia, él que la podía comprar. Los libros de lectura eran comunes para todos  y se compraban con cargo al exiguo presupuesto que para material nos daba el Ministerio. ¡Ah! la tinta se hacía en la escuela y se usaban las plumillas de “Corona”, como algunos recordarán. Pobre bagaje para tan compleja y delicada empresa. Todos los alumnos y también el Maestro usaban el clásico baby de crudillo como se puede comprobar en algunas fotos.”

Inauguración de las escuelas de Corea 1963


Como la educación no era importante y sobre todo la pública el maestro no estaba bien considerado y cobraba muy poco. Antonio Cazorla dice: “Según datos oficiales, el poder adquisitivo de los salarios de los maestros apenas llegaba al 20% del que tenían en 1936, sustanciando así el dicho popular de “pasar más hambre que un maestro de escuela”. Eugenio dice por su parte: “Ángel y yo nos dedicábamos a la enseñanza durante catorce horas al día porque, además de las horas lectivas normales en las correspondiente escuelas, teníamos alumnos de Bachillerato Elemental (4 cursos), que después se transformaría en el Bachillerato Radiofónico, alumnos que estudiaban Magisterio por libre, las Permanencias, y, por último, las clases de Adultos a partir de las ocho de la noche; en una palabra: una jornada que comenzaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 10 de la noche con el tiempo para comer; algo que solo con nuestra juventud y entusiasmo podíamos llevar a cabo. Él se dedicaba a la parte de Letras y yo a la de Ciencias, siendo total nuestra compenetración y ayuda mutua”



Las cuatro escuelas que había en 1933 se van a mantener hasta 1963 (Dos en la plaza del Pijo, otra en la calle Fuentes y otra en la calle San Elías). En julio de ese año se inauguran las escuelas de Corea, pero el dato es significativo; durante más de treinta años no evolucionaron ni cambiaron los equipamientos educativos, ya de por sí insuficientes en Benalup de Sidonia. Recordemos lo que decía Suárez Orellana en 1932 sobre estos equipamientos: "Una Aldea con poco más de tres mil habitantes completamente abandonada y compuesta la mayoría de obreros que el noventa por ciento no sabe leer, ni escribir y el diez por ciento restante no saben lo que leen ni lo que escriben…, con dos escuelas  con local para treinta niños y tienen setenta y más de cien sin poder asistir por falta de local”




 Es decir, que han pasado treinta años y las pésimas infraestructuras continuan, aunque con la diferencia que al menos en la Segunda República se protestaba por ello.

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