Los benalupenses de a pie durante el primer franquismo. La moral católica. 20

De los tres principios ideológicos del franquismo el nacional sindicalismo, el nacional patriotismo y el nacional catolicismo es este último el que más incide en la vida cotidiana de la población porque marca y dirige el día a día. El nacional catolicismo era el que marcaba la moral vigente. Entendemos esta como un conjunto de normas, valores y creencias existentes y aceptadas en una sociedad que sirven de modelo de conducta y valoración para establecer lo que está bien o está mal. La iglesia regulaba y el estado sancionaba la regulación de la cotidianidad.
Antonio Cazorla en Los españoles de a pie bajo el franquismo lo dice de esta forma: “El régimen franquista dejó la definición de la moralidad en manos de la Iglesia, mientras que él mismo se encargó de que los preceptos de esta se cumplieran. Durante la dictadura, las concepciones morales estuvieron infestadas por prejuicios de clase según los cuales el trabajador, precisamente por ser pobre, ya era sospechoso de lo peor, mientras que la realidad y la imagen de las élites eran tratadas de forma muy distinta: estas eran considerados lo mejor, de forma natural, de la sociedad. El mensaje oficial que llega a la mayoría de la población desde el púlpito no era sobre justicia social sino, por el contrario, que las llamadas injusticias eran antes que nada el resultado de la inmoralidad, y nadie era más propenso a esta que los pobre. Al eliminar la crítica social, la definición de lo moral quedó limitada sobre todo a la regulación de las relaciones sociales y las de género. Esto es, se centró en el control de los pobres y de las mujeres; pues estos últimos grupos –en especial cuando se era pobre y mujer- eran considerados los de más riesgo. La combinación de ambos factores – el prejuicio social y la misoginia- aparecía tanto en los textos más básicos dirigidos a jóvenes como en el discurso,  más elaborado, para mujeres adultas”



En el primer franquismo la moralidad, la vida cotidiana diaria estaba regulada y liderada por el Padre Muriel. A Mintz le llamó poderosamente la atención el poder y la influencia de este cura. "¿Por qué no llevas medias?;¿Por qué llevas el vestido escotado? Quería que las mujeres vistieran mangas largas y que no emplearan el lápiz de labios ¿Por qué vas al bar en vez de alimentar a tus hijos? ¿Por qué no vienes a la iglesia? Corres al circo, pero no a la iglesia. Si él veía a mujeres en la calle charlando, llevando agua o algo parecido, solía decir: Tenéis tiempo para eso, pero no para la iglesia. Si no tenéis medias, podéis ataros trapos alrededor de las piernas. A la gente no le gustaba eso, pero no se quejaban". Don Manuel Muriel Guerra era consciente que un pueblo como Benalup de Sidonia donde la administración oficial estaba poco presente el tenía el verdadero poder, aquel que le da ser el representante de Dios en Benalup de Sidonia, ser el intermediario/pacificador entre pobres y ricos y ser el guardián de la moral católica, apostólica y romana. 



En el imaginario colectivo del pueblo están las regañinas por no ir a misa "A la iglesia no voy porque estoy cojo, al bar si me voy poquito a poco" o el de la carne en semana santa (donde se inspeccionaban las neveras y las despensas de los bares para comprobar que no había preparada para estas fechas). También la figura de intermediario que jugó para que llegara   la colaboración de las Lomas o la  del ayuntamiento de Medina. Aunque se haya escrito muchas veces, no se pueden juzgar las normas de antes con los criterios actuales descontextualizando de las circunstancias de aquella época.



El clasismo y la misoginia eran el resultado de unos postulados que habían sido puesto en cuestión durante la Segunda República y que con la derrota de esta y el triunfo del franquismo significaba la vuelta del conservadurismo y tradicionalismo más rancio. No se había ganado una guerra para que no se impusiera el día a día que los vencedores creyeron oportuno y para ello cedieron todos los poderes a la iglesia católica apostólica romana y española. La importancia de los ricos y de los hombres quedaba manifiesta en todos los lugares donde se producía la socialización; en el bar para los casos de los hombres, en la iglesia para todos. Ya hemos contado otras veces que hasta que a finales de los cincuenta no viene al pueblo D. José Romero Bohollo, no se rompe la estricta separación de géneros que se daba en la ubicación de la misa.  Pero va a ver dos eventos donde la moral católica se exprese en todas sus expresiones; los bailes y los baños. Sobre ellos trata la próxima entrada.

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