Los benalupenses de a pie bajo el primer franquismo. Sexualidad y mujer, 22


La guerra la habían ganado los vencedores entre otras cosas para imponer su concepción de vida cotidiana, su moralidad. En ella ya hemos visto que el clasismo y la misoginia eran los principios dominantes. También hemos analizado como se expresaban en eventos como los bailes o los baños públicos, pero donde esta moral tomaba toda su grandeza era en una actividad cotidiana tan importante como la sexualidad.
Dice Antonio Cazorla en Los españoles de a pie bajo el franquismo: "Al contrario de lo que indicaban las enseñanzas católicas, mientras los devaneos de los varones eran tolerados socialmente, la promiscuidad, o la mera sospecha de su existencia, femenina desembocaba en el apelativo de "puta" y en la imposi9ción del correspondiente estigma social. En la sociedad española de entonces, una mujer que tuviera demasiado poder o libertad era alguien que estaba "sacando el pie fuera del tiesto". Una joven podía ser excluida del matrimonio si estaba "estrenada"; mientras que el hombre que hiciese esas misma cosas era un envidiado machote cuyas culpas se lavaban con agua.También, pese al mensaje, más teórico que aplicado, del perdón cristiano, la homosexualidad era ridiculizada a diario y con extrema crueldad. Las mofas de los vecinos hacia los homosexuales acompañaban y justificaban el tratamiento brutal que la policía y las autoridades judiciales les daban, en especial a los varones, contra quienes se aplicaba un amplio repertorio de nombres despectivos, insultos, leyes represivas, escarmientos y castigos extralegales..." 



En Benalup de Sidonia se daban estas normas generales que Antonio Cazorla ha establecido para España. Habría que hacer dos matizaciones; la homosexualidad masculina era especialmente ridiculizada, ya que atacaba al principio viril del franquismo y la femenina estaba tan denostada que raramente salía  a la luz pública. Por otra, en Benalup de Sidonia las relaciones sexuales entre hombres y mujeres no estuvieron tan encorsetadas como en otros sitios de la España de interior e incluso en otros pueblos de la comarca. Me han comentado amigos de Medina, Vejer o Alcalá que les gustaba venir a Benalup a tratar con las mujeres pues era más fácil "ligar" que en sus pueblos. A mi amigo Antonio Lara, a principio de los setenta, le dijo un camionero que lo trajo haciendo autostop desde Espera que tuviera cuidado con las mujeres de este pueblo, pues la culpa la tenía el agua. Ya se sabe que la envidia es muy mala. Posiblemente la explicación habrá que buscarla que en estos ámbitos rurales, un poco marginales y fuera del control oficial tampoco calan todos los preceptos morales que vienen del exterior, especialmente los referidos a un tema tan sensible como la sexualidad.



Dice Antonio Cazorla: "La regla principal era la prohibición de mantener relaciones sexuales antes o fuera del matrimonio, una norma que afectaba casi exclusivamente a las mujeres. La conservación de la virginidad femenina era fundamental por dos razoes: primero, en caso de que el compromiso matrimonial fuera roto y, segundo, como prueba de la capacidad de contención sexual de la mujer. Una mujer que se entrega a su prometido se arriesgaba a que este no la desposara luego, y a padecer el ostracismo social y la reputación de "perdida" que truncaría seriamente sus perspectivas de matrimonio con otro hombre... La pertenencia social también jugaba un papel crucial en este proceso. Las mujeres pobres o analfabetas eran las que más tenían que perder -en especial si su seductor tenía un nivel social más alto- pudiendo acabar como madres solteras y marginadas, y a veces en la prostitución. La discriminación social contra esta última se transmitía también a sus hijos, pues la negativa del varón a dar el apellido familiar a un hijo le convertia en bastardo y le discriminaba a la hora de la herencia"



En Benalup de Sidonia como en el resto de España el sexo se utilizó para controlar a la gente.  El nacional catolicismo imperante presenta un discurso en el que el sexo se centra exclusivamente en el matrimonio.  A través de la propaganda y la represión se regulan unas relaciones sexuales que se basan en un exagerado paternalismo y machismo. La sexualidad pivoteaba sobre el hombre y la mujer era un simple objeto que debía satisfacer los deseos del varón, eso sí, siempre dentro del matrimonio y dejando la cuestión del disfrute y el gozo para ellos y como una cuestión marginal, ya que lo importante era garantizar la procreación. Al menos oficialmente, aunque en la España real y sobre benalupense se dieran otras realidades. En este sentido, la hipocrecía era el adjetivo más clarificador que se le podía aplicar a esta concepción de las relaciones sezuales. 



Para imponer esta concepción de la sexualidad se convirtió al sexo en un tema tabú, donde la ignorancia era transversal al tema. Lo que se transmitía se hacía en la calle, rodeado de misterio y miedo, con exageraciones y mutilaciones y muy lejos de la concepción científica y racional que exigen todas las cuestiones relacionadas con la salud humana. En casa estaba prohibido hablar del tema. La socialización en torno a él se producía entre iguales en el caso de las mujeres y en la calle y en los burdeles en el caso de los hombres.  



Y el sexo es un elemento importante en el bienestar, y por tanto, en la salud humana. Isabel Mintz ha repetido varias veces que una de las cosas que más le indignaba era la ignorancia sexual que tenían las mujeres de sus edad en los años sesenta y setenta en el pueblo y como nadie conocía cuestiones tan necesarias como la píldora anticonceptiva. Ignorancia a la que eran sometidas como una estrategia más de dominio y control.  Eran en definitiva tiempos de ignorancia, desigualdades e hipocrecía.

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