La pervivencia de la literatura oral. La doncella guerrera.4


Dentro de esta serie sobre la pervivencia de la literatura oral vemos preminencia del universo femenino. En este de la doncella guerrera una atrevida mujer se disfraza para hacer lo que hacen sólo los hombres; luchar en la guerra. Su osadía y atrevimiento, así como su evidente transgresión no son castigadas, sino que todo lo contrarios son premiadas al encontrar el amor. De nuevo este mundo femenino aparece en estos romances que se han ido transmitiendo de mujeres a mujeres, de generación en generación y que en este caso fue cantado por Ana Montes de Oca Bancalero.
LA DONCELLA GUERRERA

A un capitán sevillano     
siete hijas le ha dado Dios
y tuvo la mala suerte    
que ninguna fue varón.
Un día a la más pequeña 
le tiró la inclinación
de ir a servirle al rey       
vestidita de varón:
-No vayas, hija.     
No vayas que te van a conocer
con esa mata de pelo   
y carita de mujer.
-Si tengo mata de pelo, madre,  
me lo corta usted,
que con el pelo cortado   
un varón pareceré.
Siete años estuvo en guerra   
y nadie la conoció
Nada más que el hijo del rey
que de ella se enamoró.
¡Paloma que vas volando 
por el cielo y por la tierra!.
¡Corre y dile a mi madre 
que yo me muero en la guerra!
Paloma que vas volando,
¡qué yo me muero de amor,
que el caballero don Marcos  
es hembra y no varón!.
-Convídalo, tú, hijo mío,  
convídalo a comer un día
que ella si hembrita fuera  
silla baja ya cogía.
Todos los caballeritos      
fueron a comer aquel día
Y el caballerito don Marcos
la más alta que allí había.
-Convídalo , tú, hijo mío,
convídalo al baño algún día,
que ella si hembrita fuera  
desnudarse no querría.
Todos los caballeritos  
fueron al baño aquel día
Y el caballerito don Marcos   
desnudarse no quería.
-¿O me tienes por esclava 
o me tienes por cautiva?
-Ni te tengo por esclava  
ni te tengo por cautiva,
que te tengo por mujer     
y has de ser la mujer mía.
¡Paloma que vas volando
por el cielo y por la tierra!.
¡Corre y dile a mi madre
que yo me muero en la guerra!
Paloma que vas volando,
¡qué yo me muero de amor,
que el caballero don Marcos 
es hembra y no varón!.

( Cantado por Ana Montes de Oca  Bancalero, vecina de Benalup)


Sobre este romance escribe el grupo de trabajo de 2005 coordinado por Manolo Viciana: "La doncella guerrera ha sido concebida por el pueblo como una canción cantada, preferentemente, por niñas, mientras jugaban en corros al amparo de la calle. ¿Quién no recuerda, aunque vagamente, aquel “Mambrú se fue a la guerra...” o “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras...”, o tantos otros cantados por tantas jovencitas mientras saltaban o hacían la legendaria rueda: “Quisiera ser tan alta como la luna”,  “Soy el farolero de la puerta del sol”, “Estaba señor don gato sentadito en su tejado”  o el mítico, tan conocido por nuestras madres, “¿Dónde vas Alfonso XII?, con aquel comienzo tan sabrosón y monárquico: “De los árboles frutales  me gusta el melocotón/ y de los reyes de España, Alfonsito de Borbón”. Fueron tantos..., y qué me dicen de  los que sonaban a trabalenguas, porque esos sí que los eran: ”Estando una mosca en su moral/ vino una mosca a hacerle el mal”... o “La pulga y el piojo se quieren casar”.   De ahí que el recuerdo de estos versos avivara inevitablemente la niñez adormecida de nuestra informante Ana Montes de Oca Bancalero de 71 años de edad en mayo de 2005 y vecina de Benalup-Casas Viejas.
Queremos comenzar nuestra exigua aportación a estos  “romances-corro” haciendo hincapié en el hecho de que no constituyeron un corpus exclusivamente infantil, como fue el tan sonado  con el que abrimos este número de la revista. No constituyeron temas específicos de niños, en muchos casos, e incluso se han reseñado dos versiones distintas de La doncella guerrera, la que se aprendía de niña y la que se memorizaba de mujer. De este modo, el acervo temático cantado por los niños  era tan amplio que algunos escapaban a su entendimiento: temas de cautivos, conquista amorosa, incesto, adulterio, amor fiel, burlescos... incluyendo dentro de su repertorio romances que entraban dentro de su catálogo de juegos infantiles (“Albaniña”, “Las tres cautivas”, “Delgadina”, “Me casó mi madre”, “Monja a la fuerza” “Santa Iria”). De este modo, los temas en un alto porcentaje lo constituyeron los relacionados con el universo femenino, y para muestra nos hacemos eco de nuevo del título escogido por nosotros, en el que se explora en la tan peculiar desgracia de no ser varón: la mujer escapa de las normas sociales y morales de la época, se convierte en una transgresora y, debido a ello, se disfrazará nuestra doncella para ejercer su decisión de ser una mujer libre y activa (“Si tengo mata de pelo, madre, me lo corta usted/ que con el pelo cortado un varón pareceré”).Sin duda, estos tópicos tan reiterados en el romancero respondían a una realidad en la que la mujer se encontraba ahogada en el seno de una sociedad tradicional.
En cuanto a nuestra historia, destacamos la estructura de romance-cuento de la misma –pese al fragmentarismo y reducción de la versión- constituída por una breve introducción o planteamiento en el que la muchacha se disfraza de hombre y se marcha a la guerra (versos 1-9). Le sigue el desarrollo o nudo (versos 11-18) donde el hijo del rey se da cuenta de que es una mujer “el caballerito don Marcos” y se enamora de ella, haciéndola pasar una serie de pruebas instigadas por un personaje tangencial clave en la historia, la madre del príncipe enamorado. Tales  pruebas sufrirán un crescendo – aunque en nuestro romance se reducen a dos- hasta llegar a la del baño, la cual irremediablemente pondrá punto final al engaño de la joven guerrera (“Todos los caballeritos fueron al baño aquel día/ y el caballerito don Marcos desnudarse no quería”). Y lo inevitable,cierra esta versión con un desenlace feliz, a diferencia de otras versiones en las que no se desvela el final de este romance lírico-novelesco en el que obviamente su argumento principal es el amor de los protagonistas.


La transmisión en juegos y en familia jugó, nunca mejor dicho, un papel determinante para su conservación y desarrollo, desde los romances en las canciones de cuna hasta los transmitidos en su función de cuentos para niños como “Blancaflor y Filomena”, “La dama y el pastor”. Así, el romance-cuento cumple una extraña función ritualizadora, además de ser fiel acompañante de muchos de los juegos de la infancia.
Como despedida hasta el siguiente número, queremos volver a agradecer a todos aquellos que nos regalaron los oídos con sus cantos la oportunidad que nos brindaron al aportarnos sus conocimientos sobre tantos y tantos preciosos romances como el que arriba presentamos. Además, no podemos dejar  pasar la oportunidad para invitarte a reflexionar con nosotros sobre la riqueza expresiva y el encanto que brota de cada una de estas composiciones tradicionales, que esperamos que continúen conservándose más allá de la retina del recuerdo de nuestros mayores, pese al ojo destructor de la televisión y otras tecnologías punta que acabarán mermando y nublando nuestro entendimiento, como ya han hecho con los juegos de la calle que tantas sonrisas, energías y humanidad nos  hacían exudar de niños".

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