La pervivencia de la literatura oral. La malcasada. 3


El tema del amor o la ausencia de él en el matrimonio y sobre todo la violencia de género, por ser de rabiosa actualidad, no quiere decir que se den sólo en las circunstancias actuales. Esta temática es tan antigua como el hambre. En este precioso romance, transmitido por la tradición oral, donde el papel de la mujer es fudamental se plantea el tema crudamente y presenta, como es típico, en este tipo de literatura, un final feliz.


La malcasada

Me casó mi madre,
  chiquita y bonita
con un buen muchacho,
  que yo no quería.
La noche de novios,
  entraba y salía.
Me asomé al balcón
por ver si lo veía.
Yo lo veo venir
por la calle arriba.
Oyó que le dijo:
-Chatita, chachaita mía.
Para ti, te traigo
sayas y mantillas
pa’ la otra mujer
palos y mala vida.
Yo que he oído eso, 
cómo me pondría.
-¡Ábreme la puerta,
chachaíta mía!
Me tiró un banco,
me dejó tendía.
Vino el corregidor,
a la cárcel se lo llevó.





(1) La informante repite el estribillo Caramba, caramba después de cada verso.

(Cantado por Rafaela Rubio Quiñones)
El grupo de de trabajo de 2005 sobre Pervivencia de la Literatura Oral en Benalup-Casas Viejas creado en 2005 y coordinado por Manolo Viciana, dice sobre romancero:
    "En este otro pequeño y típico romance, interesa sobre todo el tema, ya que la cuestión de las desavenencias conyugales, nos va a trasladar de un mundo, el medieval, donde para emparejarse no cuenta la voluntad personal, sino que es cuestión de linajes, familias,...y donde todo está encadenado desde el nacimiento, de modo que el “malcasamiento” no existe, al mundo de la primera individualidad que refleja el romancero, y donde poco a poco los sentimientos y las pasiones individuales se van a enfrentar con lo establecido.

     El tema aparece desde los primeros versos:

                           Me casó mi madre,
                                        Chiquita y bonita
                                         Con un buen muchado
                                         Que yo no quería.


      Aunque el matrimonio es impuesto por la sociedad (mi madre), la realidad objetiva (un buen muchacho) apenas sirve de nada si en ella no se tienen en cuenta los sentimientos personales (que yo no quería). En el siglo XV, el siglo por antonomasia del romancero, esta misma oposición entre sociedad y sentimientos se va a dar en los amores desgraciados de Calixto y Melibea, y a pesar de saber que conducen a la perdición, los personajes aceptan seguir su rumbo sin importarle las consecuencias.


       En la oposición sociedad/sentimientos aparecerá la figura del adulterio, de la búsqueda del amor fuera de la institucionalidad, y se puede decir que la literatura de los últimos siglos ha tenido como uno de sus ejes las relaciones de pareja, el adulterio, los amores fracasados (sería impensable, por ejemplo, pensar en Doña Jimena poniéndole los cuernos al Cid). Y en esto mismo deriva el romance comentado:


                                 Chatita, chachaíta mía.
                                 Para ti te traigo
                                 Sayas y mantillas
                                 Pa´la otra mujer
                                 Palos y mala vida.

Sin embargo, el romance tiene un final inesperado, ya que aparece una figura exterior para arreglar el problema, ya que la justicia institucionalizada es la que se encarga de dar solución a algo que una sociedad basada en intereses ajenos a la persona humana no puede dar solución (por cierto, los finales inesperados y bruscos son propios de numerosos romances).

                           Me tiró un banco,
                                         Me dejó tendía.
                                         Vino el corregidor,
                                        A la cárcel se lo llevó.

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