El patrimonio de B-CV. ¿Una causa perdida? 3

Las pinturas del Tajo de las Figuras siempre han sido conocidas por los habitantes de esta zona, se les llamaba de los moros, porque se les atribuía a los musulmanes. En la tardía fecha del 17 de abril de 1913 se ponen en conocimiento de la comunidad científica y de ese mismo momento se pone de manifiesto los problemas de conservación y respeto que tienen por parte de la población.
Diez años más tarde el arqueólogo Cayetano Mergenina iba a ser consciente de ello, cuando los propietarios le impidan que siga excavando los dólmenes que estaban a sus pies con el pretexto de que si había “tesoros” debían ser para ellos. Lógicamente no encontraron tesoros aunque utilizaran abundante pólvora y dinamita. La Comunidad Científica determinó que estábamos ante las pinturas más importantes del sur de España y que estas se extendían por todas las sierras del borde de la laguna de la Janda. Pero pese a que se ha intentado no se ha conseguido medidas que armonicen su protección y su divulgación. Desde el 10 de octubre de 2008 las pinturas del Tajo de las Figuras se encuentran cerradas al público y el resto de los 223 abrigos ni se encuentran suficientemente catalogados, estudiados y protegidos. Hay muchos como los de la cueva de los ladrones donde el atrevimiento de la ignorancia a superpuesto pinturas actuales a las originales. Lo mismo ocurre con los dólmenes y las tumbas antropomórficas. Es una evidencia que la riqueza arqueológica prehistórica de la zona es amplísima, pero que su estudio necesitara mucho tiempo, como ha escrito Martí Más Cornellá en un artículo del Diario de Cádiz del 15-6-2003 sobre estas cuevas:" Este núcleo se ha revelado como uno de los más importantes de Andalucía y España, por lo que las Administraciones competentes deberían aunar esfuerzos, junto a los especialistas en diferentes materias, para investigar, proteger, conservar y difundir este patrimonio arqueológico, huyendo de diletantismos, ya que la documentación existente es impresionante y el trabajo tendrán que abordarlo varias generaciones de arqueólogos. Nosotros sólo hemos pretendido poner nuestro pequeño grano de arena, la sociedad debe definir si ésta es una de sus prioridades y exigir, en este caso, a los representantes políticos que la desarrollen". 


La clave del problema la recogía el Diario de Cádiz, en un reportaje del 3 de mayo de 2015: “En octubre de 2008 cerró definitivamente este enclave, aparentemente por problemas de seguridad en el acceso. Aunque la clausura también encierra otras cuestiones como el terreno pedregoso que conduce al Tajo, su ubicación en una propiedad privada, y la falta de iniciativa por parte de todas las administraciones competentes”.  Sin duda, el hecho de que estemos ante una propiedad privada parece el elemento más importante. En los setenta había un dicho popular que decía: “Barbate de Franco, Alcala del Canito y Benalup del Contrito”, refiriéndose al personaje que sufrago con sus materiales la sustitución de las chozas por casas. Este “Canito” o Gregorio Quesada es el actual propietario de la Herrumbrosa la finca donde se ubica el Tajo de las Figuras. 



El mismo propietario también lo fue, aunque lo vendió del siguiente monumento en el que nos vamos a detener. El Monasterio del Cuervo ha sido tradicionalmente un bien del común del Ayuntamiento de Medina Sidonia por lo que la abundante gente de la zona que vivía en el entorno en forma de población dispersa lo utilizaba para leña, carbón, caza, recolección de frutos silvestres y otros usos. Los problemas de acceso empezaron cuando el cabildo asidonense se lo cedió en 1715 a las orden carmelita para que instalara un desierto emerítico. En 1835-36 es desamortizado a efecto de las leyes de Mendizabal y el Ayuntamiento de Medina solicitó y consiguió que fueran devueltos como bienes propios, ya que al poder arrendarlos obtendría de ellos más beneficio. Pero ese fue su gran error, ya que en 1855 con la desamortización de Madoz los bienes propios pasaron a ser del estado y de ahí a la venta del mejor postor. Así en 1861 la Dehesa del Cuervo de 497 fanegas de frutales y otros es adquirida en subasta pública por Antonio Abenoja para el propietario José Abarzuza. Era el 6 de noviembre de 1861. Luego fue pasando por distintas manos que yo desconozco. El propietario más antiguo del que tengo noticia es Vicente Ruiz, el molinero, del que son famosos sus enfrentamientos con El Hermano Antonio y el Tio Coronil, personajes que pretendían vivir en la zona sin respetar la propiedad privada. Luego la propiedad pasó a Gregorio Quesada y de este a Bernard Devos. Éste intento convertirlo en un hotel de lujo, pero la legislación de los parques naturales lo impidió, por lo que lo vendió a Santiago Arranz, que lo ha blindado a la visita del público. 



Lo cierto es que el Monasterio del Cuervo constituye un recurso natural e histórico de gran valor que no puede ser puesto en valor para la comunidad porque  es propiedad privada. Lo mismo que el Tajo de las Figuras o la Torre la Morita. 


Como se sabe la batalla de la Janda que se desarrollo el 19 de julio del 711 en terrenos que hoy ocupan las Lomas significó el fin del mundo clásico en la península y la llegada de la Edad Media. Hasta el siglo XIII en esta zona dominaron los musulmanes. En 1212 se produce la batalla de las Navas de Tolosa que abre la conquista y la repoblación de Andalucía Occidental a los reinos cristianos.  Así pues, durante el reinado del Rey Sabio (1252-1284) esta zona es simultáneamente de conquista, de repoblación y de frontera, lo que impone un acentuado carácter militar y una organización para la guerra. En esas circunstancias se entiende que asistamos a la primera fase de la consolidación del latifundio ya que  los monarcas repartieran las tierras entre los nobles que los acompañaban en sus campañas militares. Durante la Baja Edad Media continúa el carácter  periférico y fronterizo y es en ese contexto cuando aparece el duque de Medina Sidonia. También es la época donde esta torre sufre vaivenes en su propiedad entre el cabildo de Medina y las iglesias de Cádiz y Sevilla rotaciones que quedan recogidas en cuatro magníficos privilegios rodados que están en el archivo de Medina Sidonia. Durante la Edad Moderna toda la zona del campo de Casas Viejas se convierten en bienes del común y de propios aunque jurisdiccionalmente pertenezcan al duque. La dehesa Benalup que alberga la torre es un bien de propios que alquilan a ganaderos asidonenses, el último del que tenemos constancia en 1850 es Domingo Varela. De hecho era una de las siete dehesas que iba a formar parte de la nueva población que el proyecto de 1821 pretendía formar en el sitio de Casas Viejas. En 1855 la dehesa de Benalup formó parte de los repartos, esta como el resto de las suertes terminaron en mano de las  familias más importantes de la zona, en el caso concreto de la dehesa de Benalup fue adquirida por Francisco Vela López, cuya familia ostento su propiedad y explotación hasta los años sesenta en que Nicolás Vela Barca y sus hermanos la venden. 


El paso de la propiedad comunal a la privada queda ejemplarizado en un artículo del Doctor Thebussen en 1886. Pero el artículo no sólo es un alegato en defensa de un patrimonio cultural y natural único, sino también una denuncia de como la propiedad privada se apropió, indebidamente muchas veces, de lo que era del común. Pescadores de esos que aprovechaban los valdíos, los terrenos comunales, los padrones y coladas han abundado en esta zona desde siempre. Su carácter marginal y aislado, sin la presencia de un poder fuerte que protegiese los intereses comunes facilitaba las usurpaciones. En la actualidad es propiedad de Carlos Masaveu,  del entorno de la familia Mora Figueroa. La torre se encuentra cerrada, pues su visita representa un peligro para los visitantes. El legado árabe desaparecido y desconocido, acequias, molinos, acueductos….. Y el patrimonio natural en mal estado de conservación. Lo mismo que el cultural y el inmaterial, del que hablaré mañana.

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