El Gallo Blanco. Día de Corpus. 6. Por Francisco J. Martínez Guerra

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6. Día de Corpus

Fue ese mismo año, allá por finales de mayo, cuando mi madre, un tanto preocupada pensando que pronto marcharía de casa, me dijo un día: 

-Mira hijo, ya eres un hombrecito y para junio tendrás que ir de exámenes con pantalones largos. 
- ¿Y por qué no los estreno el día del Corpus? Le contesté de inmediato.
-Para ese día aún no estarán, me replicó. Pero de seguro que los tendrá para ir a los exámenes. 

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Yo ya había llevado pantalones largos el día de la primera comunión, pero de eso casi ni me acordaba, a pesar de que veía la foto encima de la cómoda cuando entraba a la habitación de mis padres. Habían pasado muchos años de aquello, así me parecía entonces, pero esta vez iba de verdad y, aunque tuviese que esperar unos días más, me sentía igual de ilusionado pensando, ingenuamente, que por fin iba a ser un tío mayor por el hecho de llevarlos. Estaba cansado de seguir a mis amigos, los mayores, yo siempre en pantalones cortos, y que estos, viéndome más pequeño, no me tuviesen muy en cuenta. Con los largos pasarían a considerarme uno de ellos, eso pensaba. 
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Y aquel jueves de Corpus en el que la gente, sobre todo las chicas jóvenes, solían estrenar lacitos, zapatos y vestidos nuevos, aunque yo no pude lucir pantalones de hombre, fue una vez más fiesta grande en el pueblo y en nuestra casa lo celebramos, como otros años, con una comida festiva. Y ese año le tocó al gallo Sultán, “tal le fuese prometido / el día de su emplazamiento”, quien sacrificado el día anterior sería el plato principal de aquel banquete de Corpus. Y así lo cuenta la letrilla: 
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         Día de Corpus

Pasó abril y pasó mayo,
Con sus cruces y sus flores,
Y el primer jueves de junio
El Corpus Cristi llegó.
No hay gallinas en la calle,
Que es fiesta de procesión,
Y además están de luto
Que el plazo ya se cumplió,
Que ayer Sultán cumplió pena
En medio de gran dolor.

Está el pueblo engalanado,
Las casas bien encaladas,
Colchas grandes de colores
Colgando de las ventanas.
Altares en las esquinas,
Con santos, flores y velas,
Y el recorrido bien limpio,
Cubierto de verde juncia,
Para el paso del Señor.
¡Ya repican las campanas!
¡Ya reluciendo está el sol!
¡Ya huele a incienso y a cera!
¡Ya empezó la procesión! 

Saliendo está de la Iglesia,
Recogido en oración,
Bajo palio de varales,
Estola y capa pluvial,
El cura con la Custodia
Y en ella el cuerpo de Dios.

Los hombres se arremolinan
Para ponerse detrás.
Por delante, tras la cruz,
Van y vienen monaguillos
Con incienso y pebetero,
Y cofrades y maestrales
Con sus varas y estandartes.

Mujeres de manga larga,
Medias y velo de iglesia, 
Con las velas encendidas,
Entonan con devoción
“Alabado sea el Santísimo 
Sacramento del altar...”
Y en ese momento todos
Prosiguen con el cantar.
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En grupo, con sus maestros, 
Los chiquillos de la escuela: 
Van de gala los que hicieron
La primera comunión.
En su camisita blanca,
Un niño que marcha serio,
Lleva prendido en la manga,
Un lazo azul con el texto
“Jesús, Hombre, Salvador”,
Y en su cuello, un humilde
Cordoncito con su cruz.
Otro a su lado va ufano,
De blanco azul marinero,
Con crucifijo, rosario,
Y hasta libro de oración.

Se para la procesión
En el altar de una esquina.
Descansa ya la Custodia
En corporales de hilo, 
El sacerdote se inclina
Echando incienso al altar 
Y se canta el “pange lingüe” 
Con la gente arrodillada 
En las piedras de la calle.
Con las dos manos envueltas,
En la seda de la estola,
Iza el cura la Custodia 
Y hace con ella la Cruz.

Entró el palio por la Iglesia,
La procesión se acabó.
Las señoras sudorosas,
Dan aire a los abanicos,
Retirándose a sus casas.
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Bajan de las callejuelas,
Y por la calle Medina,
Los jornaleros del campo
Que a la iglesia nunca van;
Con sus ropas de domingo
Llegan con ganas de fiesta.
La calle San Juan se anima:
Desde el bar de Diego Peña
Hasta el de Manolo el Cojo
Se han llenado las tabernas.
Rueda el vino de Chiclana
Refrescando las gargantas
Y se oye un cante en el Flor,
Un canto por petenera 
Que lo llora un cantaor
Al compás solo del vino.

Niños tocando pititos
Con ropas de comunión,
Y hasta la gente festera
Que tomaba las cervezas
En las mesas de Ricardo,
Se marchan para almorzar.
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En la casa, fue día grande,  
Y hubo un banquete festivo,
El entierro de Sultán.
Mesa con mantel de hilo,
Loza fina cartujana
Y los cubiertos de alpaca.
Un arroz, algo caldoso,
Amarillo de azafrán,
De primero, muy sabroso,
Hecho con los menudillos. 
Y de plato principal,
Tal le fuese prometido
El día de su emplazamiento,
Comimos con gran respeto,
Y al estilo de la casa,
Sus tajadas perfumadas
Con clavo y con nuez moscada.

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