Los benalupenses de a pie durante el franquismo. El estraperlo. 13

Encabezamiento de la carta que le envio a Francisco Franco, Pedro Moya Paredes
Hablamos en la anterior entrada del estraperlo y de algunos casos en el Benalup de Sidonia de la época. Del estraperlo participaron los jornaleros, pero los grandes beneficiados fueron los propietarios y los comerciantes, adscritos al régimen.
Escribe Antonio Cazorla en Los Españoles de a pie durante el franquismo: “200.000 españoles murieron porque no pudieron pagar la comida que vendían los estraperlistas, o la que atormentaba sus estómagos desde los escaparates bien surtidos de las tiendas de ultramarinos, ante la injusticia, la corrupción y la indiferencia de las autoridades. En un país donde cientos de personas eran fusiladas diariamente por diferentes razones, y donde la Iglesia bendecía los verdugos, un solo funcionario franquista fue ejecutada en toda la postguerra (a finales de 1941) por corrupción. Es más, según parece, este individuo fue en realidad ajusticiado no por lo que robó y por el sufrimiento o muerte que pudo causar, sino por sus actividades políticas de falangista disidente. El hambre fue un negocio. Durante la década de 1940, e incluso en la siguiente, productos de primera necesidad como el trigo o el aceite de oliva fueron vendidos en el mercado negro a precios dos o tres veces superiores al oficial, y a veces incluso más. Los beneficios obtenidos fueron enormes, especialmente para los grandes latifundistas y aquellos con las necesarias conexiones políticas para garantizarse la impunidad… Alguien se lucraba con estas transacciones. Este alguien podía ser tal vez un modesto pequeño propietario o una madre desesperada tratando de proveer para su familia. Pero los pingües beneficios quedaban para los que iban a lo grande: latifundistas, miembros del funcionariado…Estos peces gordos eran prácticamente inmunes, y si acaso eran denunciandos, el peso de la ley por “calumniar” a una autoridad o a personas de respeta caía sin contemplaciones no sobre el delincuente sino sobre el atrevido e incauto acusador”
Pedro Moya Paredes



Un  testimonio de  Pedro Moya Paredes que aparece en una carta dirigida a Francisco Franco, fechada el 1-10-1953, teniendo registro de entrada en la Secretaría Militar y particular del S.E. el Jefe del Estado el 20-10-1953 nos demuestra como el estraperlo fue otra forma de castigo a los perdedores de los sucesos, de la Guerra Civil y de la postguera, constituyendo un esclarecedor testimonio de como lo que dice Antonio Cazorla para España se puede aplicar perfectamente al Benalup de Sidonia de la postguerra:
 “Este señor (el comandante del puesto de la Guardia Civil de Casas Viejas) amparado en la autoridad de su cargo y estrictamente al servicio del cacique del pueblo cometía toda serie de atropellos con los campesinos de Casas Viejas, ya que estos mencionados obreros desde los tristemente famosos Sucesos del 11 de enero de 1933 viven bajo el peso un “boicot” impuesto por los señores terratenientes del pueblo... Al mismo tiempo el Sr Sargento en contacto directo con un grupo de comerciantes desaprensivos hacían toda serie de prácticas fraudulentas en materia de abastecimiento saltándose todas las normas reglamentarias establecidas en aquella fecha por el organismo competente con ánimo de lucro y enriquecimiento. Yo enemigo por temperamento de todas clases de abusos, no dude en considerar como mi deber, poner en conocimiento de la autoridad pertinente. Y así lo hice en la persona del Excmo Sr. Gobernador Militar de Cádiz. Con motivo de esta denuncia, se removieron las cosas y el sargento sufrió una severa amonestación de sus superiores. El sargento reacciono amañando y preparando las declaraciones de personas que le secundaban: Consecuencia de este comportamiento mío, que no se puede considerar de otra manera que como de legítima honradez. Pero el mencionado Sargento una vez más faltando a la verdad y empujado por el feroz odio, hizo un atestado en contra de mi persona totalmente falso, ayudado por los desaprensivos comerciantes a sabiendas de que cometían un grave delito. Un mes más tarde fui detenido y al momento empezaron las gestiones para fusilarme en la misma plaza del pueblo y repetir –según el rumor que circulaba por la localidad el ejemplo del 11 de enero de 1933. La Providencia se encargó de frustrar tan alevoso asesinato respaldado por los comerciantes sin escrúpulos – que guiados por sus perversos egoísmos no vacilaron en ponerse de acuerdo para tan malvada acción. ”.  

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