Los benalupenses de a pie durante el franquismo. La represión social. Los años del hambre. 10

En anteriores entradas hable de la represión política, hoy le toca a la represión social. Los años del hambre no se pueden separar de la tremenda represión política que pasaron los españoles en la postguerra. Y al igual que esta, la represión social, buscaba y consiguió la definitiva derrota de los perdedores de la guerra.
Dice Antonio Cazorla: “La segunda peculiaridad de la política de la dictadura –esto es el segundo componente de la falacia franquista, que no se puede separar del primero (la represión política) fue la represión social. La más dolorosa manifestación de esta fue la hambruna que siguió a la victoria de las tropas de Franco. Se estima que entre 1939 y 1945 unos 200.000 españoles perecieron a causa del hambre… Pero aunque afectó a la mayor parte de la población, lo hizo de manera muy desigual. Los que murieron fueron los pobres, especialmente si además eran vencidos. De su muerte y del hambre se beneficiaron otros: los ricos y los vencedores… Hubo entonces (y ahora) otras muchas más excusas para justificar el desastre… Se le echó principalmente la culpa a los daños de la guerra (y luego a las supuestas sequías)… Fue la doble adopción de una economía autárquica y de un modelo de intervencionismo gubernamental, tan intenso como incapaz, lo que hizo que las cosechas, en vez de alimentar a los españoles, se perdiesen en el mercado negro… A día de hoy, muchos de los intrínsecos patrones sociológicos y políticos de los españoles pueden adjudicarse a los traumáticos años de la contienda y a las opresivas circunstancias del periodo de posguerra. Pero los recuerdos sobre la represión política y la autarquía pueden variar mucho entre aquellos que los vivieron asociados al régimen y aquellos que solo los sufrieron y callaron, porque no tenían nada que ganar  o porque aún podían perder más en los tejemanejes de aquella España cruel y mísera”.  




En efecto la secuela de aquellos años del hambre ha sido traslada de padres a hijos y se ha instalado en el imaginario colectivo de los españoles. Así se explica aquel refrán de “la ley del pobre, reventar antes que sobre” o “de los besos al pan” que en un guiño al gesto simbólico con el que en los años del hambre se ponían en valor los alimentos cuando caían al suelo. O ese afán por acopiar alimentos en las despensas que tenemos los españoles. Les contaré una anécdota de hace muchos años. Yo estaba una vez comiendo con amigos en el restaurante Los Molinos y alguien le tiró un trozo de pan al del frente. Un sacerdote, Próculo Yébenes,  que comía con nosotros y criado en el régimen franquista, se levantó airado y  dijo furioso; “Tiraros cuchillos, el pan es de Dios”.



En el Benalup de Sidonia de Franco también se pasó hambre en los años cuarenta, no obstante, la naturaleza de esta zona, que siempre ha sido generosa posibilitó que no fuera tan atroz como en las ciudades. Le dice a Mintz Juan Pinto.- "En 1940 hubo un hambre terrible. No había nada para comer. No había pan, aceite ni tocino. Fue increíble. Mucha gente murió de hambre. Un individuo que se llamaba Cortabarra murió de una pechá de acebuchinas. Fue la peor época que han conocido los españoles. El hambre que hubo fue una cosa mala". 


Contaba el médico Martínez Becerra: "Es obvio que las gentes más modestas sufrieron más las carencias alimenticias, apareciendo en ellas el edema del hambre, la hinchazón. Muchos habéis oído contar a vuestro padres o abuelos de alguien que intentó hacerse poleadas de afrecho o del que se comió el salvado que rellenaba esas bolsitas que había en muchas casas donde guardaban, pinchándolas, agujas y alfileres. Estas enfermedades por carencias en este pueblo quizás fueron menos que en otros, ya que la cacería, caracoles, espárragos, tagarninas, etc la aliviaban algo; si recuerdo que algunos que padecían la hinchazón del hambre al llegar el verano y disponer de la cosecha abundante de los higos chumbos se mejoraban notablemente…."



La verdad es que en los cuarenta hubo una batalla cruenta en torno a la comida, la ganaron los mismo que habían ganado la Guerra Civil, como veremos en la próxima entrada en torno al estraperlo. No obstante, como dice Almudena Grandes, en la novela los besos al pan, el pueblo fue el vencedor moral de esa terrible guerra: “Porque en España, hasta hace treinta años, los hijos heredaban la pobreza, pero también la  dignidad de sus padres, una manera de ser pobres sin sentirse humillados, sin dejar de ser dignos ni de luchar por el futuro. Vivían en un país donde la pobreza no era un motivo para vergonzarse, mucho menos para darse por vencido. Ni siquiera Franco, en los treinta y siete años de feroz dictadura que cosechó la maldita guerra que él mismo empezó, logró evitar que sus enemigos prosperaran en condiciones atroces, que se enamoraran, que tuvieran hijos, que fueran felices”. Aunque una buena parte tuviera que exiliarse o emigrar para conseguirlo.

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