Los benalupenses de a pie durante el franquismo. La represión política 9.

En esta atmósfera de agobio, donde era difícil  respirar el mínimo aire de libertad, progresivamente se iba abriendo un flujo emigratorio que en los años sesenta afectó aproximadamente a un tercio de la población. Esa espléndida frase de que somos un pueblo de llegadas y partidas, tiene en el grupo sociológico de los jornaleros su máxima expresión. 

Los que salvaron la vida, en el franquismo son sometidos a un proceso continuo de hostigamiento, persecución, penurias económicas, represión... que además afecta también a su familia, muchas de las cuales se rompen en este complicado proceso. 



Así la emigración es una salida a esta presión. Una parte huyó después de los sucesos, otros lo hicieron  durante  la Guerra Civil e inmediata postguerra y otra gran parte emigró hacia Valencia, mayoritariamente,  en los años sesenta. Empezaron huyendo los que más se habían significado en la oposición a esta  nueva España como Moya Paredes, Sopas, Tuerto Manguita, Suárez Orellana, familia Cruz Jiménez, Antonio Duran, José Monroy… les siguieron otros que, aunque habían participado en la guerra, tuvieron un protagonismo político menor como la familia Reyes Benítez, Ricardo Moreno Cabeza, José Moreno Estudillo o Francisco Rocha Acebedo… En los sesenta el éxodo rural tomó dimensiones escandalosas y, aunque las causas políticas también estaban en el fondo de la emigración, los aspectos económicos, sociales y culturales tuvieron más importancia. 



Los benalupenses que habían apoyado de forma directa o indirecta a la república y optaron por permanecer en el pueblo, tuvieron que adpatarse a las nuevas circunstancias. Son los aterrados. El miedo es el punto de conexión de todas las relaciones sociales y personales. El miedo a lo que podía pasar, a lo que le había pasado al familiar, al amigo o al vecino. El miedo es lo que guarda la viña, es el lubricante social. Como dice Mintz en Coplas de Carnaval... "el miedo, el chisme, el rumor... se convierten en los elementos básicos del autocontrol social". Al miedo hay que unirle la resignación, la apatía y la adaptación a las nuevas circunstancias para entender la sumisión y la inmovilidad de la sociedad franquista. Sumisión e inmovilidad que se acentúa en el mundo rural. 



En el Benalup de los tiempos franquistas esta tendencia aumentaba, pues la represión sufrida por los sucesos aumentó la sensación de estar observado, perseguido y controlado. Si la represión política directa tuvo especial incidencia en el primer franquismo, relajándose a partir de los años sesenta, el miedo y el inmovilismo duró hasta el final, condicionando el periodo democrático posterior. Como concluye Miguel Ángel Ruiz Carnicer “Con el predominio de la apatía e indiferencia y con grandes niveles de ignorancia política; un fuerte componente autoritario quedará tras el fin del régimen como un poso amenazador para el funcionamiento del nuevo sistema democrático”



Hubo un grupo minoritario de campesinos, acostumbrados a la clandestinidad desde la Restauración, que mantuvo sus reuniones , contactos e ideología agazapados en el secreto y en el silencio. Eran mayores y estaban acostumbrados a aguantar. Vieron en el antropólogo americano el vehiculo perfecto para dar a conocer su forma de ver la historia de este pueblo. Este grupo es el que decide a partir de 1965 contarle a Jerome Mintz la versión sobre los sucesos, sobre su forma de vida y su forma de pensar. Para ello vencieron al miedo y a la represión política impuesta. Evidentemente era un acto de rebeldía más. Pero gracias a los dos, a Mintz y a sus informantes conocemos hoy mejor la historia de Casas Viejas. Sin la convicción y el coraje de ambos sería hoy un periodo mucho más oscuro y desconocido del que es. 



En el 2013 la asociación amigos de Mintz decidió otorgarle la IV edición de la gorra de Mintz a los informantes de ese libro.Carla Mintz les entregó la gorra a Carmen Rodríguez sobrina de Pepe Pareja, Luis Pérez nieto de José Pilar, José Monroy hijo de José Monroy, Manolo Candón Castellano hijo de Andrés Candón y Salvador Estudillo hijo de Paco el de la luz. En representación de ese colectivo tan importante para nuestra historia. Sin su aportación y colaboración con Mintz el mundo no conocería de la forma que ahora lo hace los hechos o  la historia social de un pueblo andaluz del siglo XX, pero también se habría perdido para siempre la vida y la forma de verla y concebirla de una gente que representa a un colectivo del que estamos hecho y del que tan poco conocíamos; la gente de Casas Viejas.

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