Los benalupenses de a pie bajo el primer franquismo. Las humillaciones de la miseria. 11

Diego Pérez y Ana Salcedo. Sus hijos Diego, Pilar, Cristóbal, Paqui y Magdalena
Vimos en la anterior entrada que los años del hambre también afectaron de manera importante a Benalup de Sidonia. El franquismo justificó la situación con la  retórica grandilocuente y kitsch que le caracteriza, los sustantivos son utilizados con adjetivos rimbombantes. Una conspiración contra el régimen parecía poca cosa si no se precisaba que era nada menos que judeomasónica y comunista. Y la sequía, culpable de la escasez, era pertinaz.
En el discurso de fin de año de 1950 Franco dijo: “¡Es muy fácil reconstruir y recuperarse cuando llueven los auxilios económicos de todo orden! Pero nosotros no sólo hemos carecido de esas derramas económicas, sino que -¡misterio de la Providencia, que sabe hasta dónde resisten los pueblos esforzados!- hemos contemplado sedientas nuestras tierras y casi vacíos nuestros pantanos con la pertinaz sequía, que ha mermado nuestra capacidad de producción hasta extremos sin precedentes. Si nos sobra voluntad de trabajo y sabemos explanar caminos y levantar gigantescas presas y canales, no podemos, sin embargo, hacer descargar las nubes a nuestro antojo… en el libro de la Historia quedará perenne el juicio de ese aislamiento y la falta de asistencia en etapa de ayuda general”.  De esa forma la pertinaz sequía y la conspiración judeo masónica se convirtieron  en uno de los tópicos y frases hechas de la época. 



En una de las conversaciones de Mintz con Juan Moreno se trató el tema de los años del hambre. Sobre las causas de ello dice Juan Moreno:
“J.M.- ¿Por qué pasó?
Juan Moreno.- Debido a la guerra, la escasez de comestibles
J.M.- ¿Había trabajo?
Juan Moreno.- Había trabajo y dinero pero nada que comprar



Antonio Cazorla cuenta en Los españoles de a pie bajo el franquismo: “Cuando el profundo fracaso económico se hizo evidente, el régimen arguyó que la miseria se debía a las consecuencias de la Guerra Civil (en especial a las destrucciones de los “rojos”) a las dificultades de la guerra mundial, a la sequía al boicot internacional. El franquismo trató en todo momento de correr un tupido velo sobre la realidad de que la pobreza del país era el producto de la autarquía y del mantenimiento de unas estructuras socioeconómicas que el régimen no solo falló en desmontar, sino que respaldó plenamente”.



Como dice Antonio Cazorla en el campo andaluz los efectos del hambre de la postguerra fueron muy duros y la causa principal había que buscarla en el tradicional problema agrario, que recordemos fue el contexto en el que había aparecido Casas Viejas como población estable: “Los graves efectos de la miseria fueron especialmente duros en el agro del sur peninsular. La base del problema residía en la concentración de la tierra en pocas manos y en la falta de oportunidades para cientos de miles de personas que apenas podían trabajar unos meses al año…En 1960, en Castellar de la Frontera, provincia de Cádiz, vivían 2.491 almas distribuidas en tres aldeas. La mayoría de aquellas eran campesinos sin tierra pues las 17.722 hectáreas del municipio se dividían entre los siguientes propietarios: Corchera Almoraima, compañía de corco asociada al ducado de Medinaceli, que poseía 16.078 hectáreas (91% del total); la hacienda de la duquesa de Medinaceli, con 1.139 hectareas (6,5%); el resto (505 hectáreas y 2,5% del total) pertenecía a una cooperativa de cuarenta propietarios. Mientras que la mayoría de la tierra se destinaba a la explotación del corcho y como coto de caza, actividades que creaban trabajo exiguo y temporal, las condiciones de vida de la población eran abismales. En este paraje natural, casi idílico, decía la Falange en uno de esos informes que siempre eran confidenciales, un simple vistazo habría dejado una “profunda impresión” de pobreza, con campesinos viviendo en chozas y ganando jornales “completamente inadecuados” con jornadas de diez a doce horas al día, cuando había trabajo”. 


González Metola en el libro sobre su hermano el Padre Jandilla describe la situación en el llamado Campo de Benalup, muy acertadamente contextualiza estos años del hambre en el contexto del problema agrario andaluz que venía desde el siglo XIX. "El panorama de España en plena guerra era desolador. Pero no era más optimista el que en Andalucía habían dejado las épocas anteriores de monarquía y república: miles de chozas llenaban sus campos; enorme la ignorancia y altísimo el porcentaje de analfabetos; muy bajo el nivel de vida; sueldos cortos, gran número de obreros eventuales; enfermedades endémicas, sobre todo el paludismo, verdadera plaga de entonces...Después de la guerra, el hambre vino a complicar este estado de cosas de manera alarmante… La maestra me ha avisado de estar una niña gravemente enferma; he ido a verla y la pobre ha hecho su primera y última confesión y comunión. Un cuadro de choza como para verlo. Choza, como todas, de paja de la laguna, muy pequeña; camas de cuatro palos y por encima unas cañas que sostienen un mísero costal de paja que hace las veces de colchón. Son siete hermanos y el padre está sin trabajar desde hace un mes por causa de la lluvia; por no tener dinero no han podido llevarla al médico de Medina, y al final la llevaron con dinero prestado cuando ya no tenía remedio; en fin; uno de los cuadros que casi a diario me toca ver de cerca en una y otra parte".



Cuando José Suárez habla sobre la miseria y el hambre en sus memorias no publicada es inevitable que acompañe el relato con una crítica política: “Yo llegué a ver familias enteras que se pasaban el día cogiendo una planta que se llamaba tagarninas y las cocción con agua y ese el único alimento que ingerían y esto traía como consecuencia que se hinchaba y se morían. Mientras a unos les sobraban de todo, otros se morían de hambre…Le hizo pasar quince años de hambre y miserias horribles, donde los obreros se morían por estas causas.. Los víveres se racionaron para los que no eran afectos al Régimen. Para ellos no había racionamiento, vivían a todo placer. ¿Cómo se podría olvidar esto?” 



En definitiva fue una época de miseria y pobreza generalizada, lacras que no afectaron a todos por igual, ya que los perdedores de la guerra, los humildes, los jornaleros... fueron los que sufrieron las peores consecuencias de esta situación y fracaso económico. Por eso este post lo he titulado con la frase que utiliza Antonio Cazorla: “Las humillaciones de la miseria”

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