Las tradiciones se rebelan. El arado. 46

Foto Mintz. Gaspar Zumaquero junto a un arado romano
Las labores tradicionales en el campo las vamos a dividir en tres fases; las iniciales; el arado y la siembra, las intermedias; la escarda y las finales; la siega y la trilla. El post de hoy se lo vamos a dedicar al arado. El arado quizá sea la tarea más típica de la agricultura tradicional de secano. El arado se realiza en dos fases también. La primera faena del arar es alzar o barbechar; tiene lugar en el otoño, para que durante el invierno se pudra todo el rastrojo; la segunda, en primavera: binar; al terciar, no muy lejos de la sementera, se ha de echar el abono, para que lo cubra la tierra, por eso al terciar se debe arar hondo para mezclar bien la tierra y el abono.
Foto Mintz. Gaspar Zumaquero. Arado romano

Foto Mintz. Dos mulos y un hombre aran en la vega de Benalup, en la parte sur oriental

En las tradiciones se rebelan Rogelio Ruiz y Luis Gómez escriben: “Cinco mil quinientos años atrás, las tierras empezaron a ser removidas con un rudimentario instrumento de madera que cambiaría el rumbo de la vida: “el arado”. Siglos más tarde los asirios en la antigua Mesopotamia le añadieron la mansera. Los romanos no sólo lo extendieron por todo el imperio, sino que lo suplementaron con la reja de hierro, lo que facilitó aún más su rendimiento, llegando tal cual hasta nuestros días, aunque sólo sea relegado a piezas de museo. La tecnología lo fue perfeccionando, aprovechando el empuje de los caballos de vapor. Actualmente el tractor trabaja la tierra, conducido por un señor que a la vez, puede escuchar música, disfrutar del habitáculo climatizado y realizar en varias horas el trabajo que realizaba un gañán en 30 días laborales… Pasada la festividad de todos los santos comenzaban a preparar las tierras acto llamado cohechado “cojechao”. Las vacas domadas para dicha tarea descansaban en las estancias; habitáculos alargados y dividido en su interior en dos por una hilera de cinco o seis pesebres. Una parte ancha para los animales y otra estrecha,por donde los gañanes amarraban alimento a las bestias. La tarea consistía en llenar los pesebres de paja y habas “jabas” alimento reparador para las fuerzas que debían realizar aquellos nobles animales. A las claras del día, los ganañes, que era como se les lamaba a los que araban la tierra, empezaba su tarea en “la besana” que era el primer surco. Difícil de trazar aquella primera línea a veces de varios kilómetros de larga, y que saliera más recta que una vara. Eran muy pocos los gañanes capaces de conseguirlo. 
Por las cañadas y los aledaños a las tierras de labor resonaban los cantes gañaneros. Aquel cante que no necesitaba ningún tipo de acompañamiento musical era de ritmo pausando y de suave cadencia. Cante, que única y exclusivamente se escuchaban en aquella labor, y tenía la gran misión de relajar e imprimir un ritmo sosegado a los animales, haciéndoles más llevadero el tremendo esfuerzo que iban realizando… “
En la foto aparece Manuel Romero "Jotita" trabajando con un cultivador, tirado por su mulo “Rociero”, nombre que le venía porque su dueño lo compró en el Rocío.



Para que las plantas puedan desarrollarse de una manera normal, a finales del verano es indispensable ahuecar la tierra hasta una cierta profundidad. El arado de la tierra, permite que ésta almacene humedad evitando su endurecimiento y revitalizándola. Tras el arado, es necesario deshacer los terrones para dejar la tierra suelta y apta para el cultivo. Esta labor la realizan las rastras y gradas que arañan la tierra preparándola para la siembra. Después de las lluvias de otoño, que han endurecido la tierra, se empleaban los escarificadores y cultivadoras que mantienen suelta la superficie del suelo labrado y eliminan al mismo tiempo las malas hierbas que han crecido espontáneamente. El arado, como es lógico, ha sufrido diversas transformaciones a lo largo de los siglos, aunque no muy significativas. En un principio era todo de madera (arado romano) y de una sola pieza. Después se le pusieron unos palos laterales (orejeras) para verter la tierra. Más tarde se utilizó la reja de hierro; ya en tiempos modernos se han hecho arados de hierro en su totalidad, fijos o convertibles (de dos direcciones). Agustín Coca también describe la faena en su libro Los Camperos: "A la tierra se le pasaban dos “hierros” con el arado romano antes de, “a voleo” sembrar. Uno, a principio de octubre, otro, en noviembre cuando ya habían caído las primeras aguas. El día de San Andrés, 30 de noviembre, prácticamente no quedaban fincas sin arar. La cuadrillas organizadas para estas actividades no solían variar de año en año, repitiendo la misma en la finca en la que trabajaba el año anterior. En estos trabajo destacaba con más cualificación el gañán puntero, que en las pequeñas explotaciones, coincidía, en la gran mayoría de los casos, con el ranchero y se encargaba de trazar la besana”

Foto Mintz. Los hermano Varo arando.





Comentarios

Entradas más vistas

Todo el mundo publica libros

Las tradiciones se rebelan. Las tunas. 81

Aprovechando que el Celemín pasa por Benalup-Casas Viejas

Los participantes en los Sucesos de Casas Viejas. Manuel Sánchez Olivencia "Sardiguera". 29