El libro como obsequio y elogio

Dicen los ingleses que es de mala educación hablar de lo que uno es especialista, por eso, a veces, cuando sale un tema que controlo intento callarme, aunque siempre no lo consiga. Me han aconsejado hasta la saciedad que no hable de “Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota” en este blog, que no tengo que intentar venderlo, que si es bueno se venderá sólo y si es malo yo no pierdo nada. De hecho este post no se publicará hasta que el libro se haya agotado, para que no pueda haber la mínima sospecha de que en el fondo se trate de una estratagema publicitaria. Hoy día de Reyes, aunque en la mayoría de los sitios de la provincia se adelanto a ayer la cabalgata, me ha parecido interesante publicar este artículo e inaugurar la temporada 2018 de este blog. Ya tenía ganas de volver a leernos en los blogs, que en los bares nos hemos visto bastante.
Es verdad, y además  los que me conocéis sabéis que ganar dinero no está entre una de mis prioridades. Tercera cuestión previa; siempre me pareció ejemplo de mala educación y prepotencia la famosa anécdota sobre la polémica de Francisco Umbral el 12 de febrero de 2006 con Mercedes Mila. Aquello de “yo he venido aquí a hablar de mi libro” quedó en los anales de lo que no debe repetirse. 



Empiezo diciendo que no sólo un libro ya no es tuyo porque es de los lectores desde el mismo momento que se publica, sino también, en el caso de este, estamos ante un libro que he optado por realizarlo con la colaboración de mucha gente como metodología, es una de sus señas de identidad. Pero no voy hablar hoy del libro en sí, sino de un aspecto relacionado con él que me ha llamado bastante la atención. Se trata de que se han vendido muchos libros para regalarlos y se están encargando para reyes. 



La cuestión no es baladí. Hemos pasado en un tema como el de los sucesos del tabú, de lo prohibido, de algo que no se podía y debía hablar a algo que es objeto de orgullo y sobre cuyo tema el último libro que se ha sacado versa y se regala con profusión. Estamos en una época de consumismo compulsivo y más ahora que se acercan las navidades, que parece, como decía Melendi, que “la Navidad la ha inventado el Corte Inglés”. En este contexto obsequiar algo se ha convertido en un rebujo de arte y ciencia. El regalo retrata tanto a quien lo hace como a quien lo recibe.  Algunos regalos, por ejemplo, un buen libro, son un elogio porque demuestran que consideramos personas cultivadas a quienes los reciben. Muchos casaviejeños han optado por regalar o reservar para reyes “Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota” consciente de que su elección implica una opción determinada. Hemos pasado del intento del gobernador civil de Cádiz en junio de 1949 Carlos María Rodríguez de Varcárcel de cambiarle el nombre de Benalup de Sidonia por el de Casas Nuevas de José Antonio Primo de Rivera a sentirnos orgullos por regalar o ser obsequiados con libros sobre los sucesos de Casas Viejas. El trayecto no ha sido fácil, ni ha concluido, pero parece claro que la cultura y el conocimiento son la única forma de rescatar del olvido a los derrotados, que como dice Borges poseen una dignidad de la que los victoriosos carecen. 



Sobre el origen de los regalos hay muchas teorías. Parece que el origen fue el miedo, porque los pueblos conquistados los ofrecían a los conquistadores como símbolo de sumisión. Los crisitanos pagaron tributos y regalos primero a los musulmanes, para ser respetados y luego estos, según la teoría de la isostasia, fueron los que se lo hicieron a los cristianos. Pero las civilizaciones dominadoras también los hacían como forma de enmascarar y hacer más llevadera su conquista. Hay ejemplos de ello en los fenicios, en los españoles en América o en los ingleses en el oeste americano. En definitiva que regalos se han hecho en todas las épocas históricas, pero estamos viviendo la apoteosis con la sociedad consumista actual. Hemos pasado de los “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”, a cada vez más días señalados en rojo que se caracterizan no por su carácter apostólico romano sino por su relación con la necesidad de regalar. Los días señalados en rojo se han ido multiplicando de esta forma primero los Reyes Magos, luego la Nochebuena, San Valentín, el Día de la Madre, el del Padre… Pero me parece una estupenda vuelta de tuerca que regalar y ser obsequiado con un libro sea considerado una buena elección, no solo relacionado con el aspecto comercial, también con el cultural. 



Vivimos tiempos de cambios, que decía Bob Dylan. La verdad es que me siento muy contento y satisfecho de que este libro se utilice para ser obsequiado, porque como Juan Marsé dice: “Los regalos son un poco como los trenes de las canciones: o los coges cuando tocan o pasan de largo y no vuelven”

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