Desmontando tópicos. Primero los de aquí, luego los de fuera 2


Sigo con el ensayo de Eduardo Mendoza sobre “Qué está pasando en Cataluña”. Si hay una evidencia en vísperas de las elecciones catalanas es la división en dos de su sociedad, los constitucionalistas y los independentistas. Una explicación a ello, no la única, la constituye la inmigración tradicional que ha atraído  población de las zonas menos desarrolladas de España a esta más modernizada.
Para entender lo que está ocurriendo a Cataluña hay que saber que desde el siglo XIX acudieron emigrantes del resto de España (sur, centro y oeste preferentemente) con cuyo esfuerzo, trabajo y problemas de adaptación también se cimentó la prosperidad económica catalana. El tema de las migraciones es uno de mis preferidos y siempre me gusta dejar muy claro que es un fenómeno natural, que responde al equilibrio necesario y que para que se produzca tiene que haber una zona emisora donde sobra población  y otra receptora donde falta, la famosa teoría de los vasos comunicantes. Aunque tienen también consecuencias negativas (el envejecimiento para las zonas emisoras o posibles problemas de convivencia para las receptoras) las positivas son claramente superiores. Disminuye la presión demográfica, reciben divisas y posibilita la modernización en las zonas emisoras y rejuvenece la población y posibilita el desarrollo económico en las otras. En el balance siempre salen ganando las zonas receptoras.



Benalup-Casas Viejas nació como un pueblo nuevo de aluvión, de inmigrantes, pero luego en otras épocas de su historia ha sido emigrantes, es decir, un pueblo de idas y venidas. A consecuencia de ello los inmigrantes son bien recibidos, se integran fácilmente y constituyen una sociedad abierta. El caso de Cataluña es todo lo contrario, lo explica Eduardo Mendoza, historiador y catalán. La diferencia en el voto que se produce entre Barcelona mayoritariamente no independentista y la Cataluña interior mayoritariamente seccionista se explica de esa forma. “Si en algún lugar se puede hablar de centralismo a ultranza es en Cataluña. Barcelona desprecio a las ciudades de segundo rango y éstas siempre le pagaron con la misma moneda. A medida que la modernización ha ido creciendo y las comunicaciones han sido más fáciles, el distanciamiento entre la capital y las demás ciudades también ha aumentado....Barcelona se ha ido haciendo cada vez más cosmopolita y las pequeñas ciudades se han ido cerrando paulatinamente en sí mismas”.



Eduardo Mendoza explica como el idioma y el nacionalismo sirvió para darle empaque a esa diferenciación que desde el siglo XIX se produce en Cataluña entre los catalanes-catalanes y los inmigrantes. “El fenómeno de la inmigración masiva castellanohablante iba relegando el catalán a las capas medias y altas de la población... estos inmigrantes a los ojos de la refinada burguesía local, eran toscos, dados a la holgazaneria, a la bebida y a la violencia...Esta diferencia creó una brecha tanto más profunda cuanto que nunca se manifestó de una manera explícita. Y de resultas de esa diferencia la burguesía catalana cerró filas, reforzó su tendencia a la endogamia y se blindó contra la intrusión de personas y de prácticas ajenas. La lengua catalana le sirvió para reforzar la barrera social... Un miembro de la comunidad inmigrante, especialmente de segunda generación, puede ingresar en la comunidad catalana sin obstáculos, pero al hacerlo deberá abandonar la comunidad de la que procede” El caso de Rufián es paradigmático, de padres jienes altivos,  el diputado de Esquerra Republicana se ha convertido en el azote de los constitucionalistas. 



En el fondo la gran preocupación que me produce la cuestión catalana tiene una componente personal ya que tengo parte de mi familia allí y me consta que no lo están pasando bien. Dice Mendoza: “En el fondo, la sociedad catalana ancestral o asimilada, siegue siendo una sociedad cerrada y, en muchos aspectos estancada. Los emigrantes que fueron a recalar a Cataluña pasaron por una dura prueba. Por más que la mayoría acabo integrándose, o lo hicieron sus hijos, nacidos en Cataluña, hay un resentimiento colectivo de estas regiones contra la tierra que les dio trabajo, pero también humillaciones. España no es país dado a las reconciliaciones...” 



Benalup-Casas Viejas es una sociedad de migrantes, de un sentido y de otro, pero abierta. Las migraciones se consideran tan naturales como el tránsito de las aves de África a Europa que tanto se da en esta zona. Se caracteriza por que él que llega aquí se enreda en su madeja y no se va. Se integra perfectamente, no en la segunda generación, sino en la segunda semana, cuando no a la primera. Si hay un tipo de discriminación es positiva. Recuerdo que una vez Manolo Cepero estaba ayudando en la boda de Carlos y Mario (José Manuel) me explico los de Casas Viejas "somos así, si me caso yo no me ayuda nadie, si es alguien que no es del pueblo todo el mundo". Algo de razón tenía. Aunque es un pueblo de interior todo el mundo dice que tiene la apertura de un pueblo de costa. Otra cosa es el grado de desarrollo económico, las infraestructuras y las reivindicaciones, de las que hablaremos en el próximo y último post de esta serie. 

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