Desmontando tópicos. Franco no es el culpable de todo. 1


El otro día en Jérez tenía mucho tiempo libre hasta que mi heredero terminara un examen, así que me fui al Corte Inglés a ojear  libros. Como todo el que entra ahí salí, con menos peso en la cartera y cargado de regalos para reyes. Compre uno diminuto de Eduardo Mendoza llamado “Qué está pasado en Cataluña”, empecé a leerlo y pronto decidí que ese me lo auto regalaba. Es verdad que la cuestión catalana nos tiene muy preocupados y alterados, pero también no está haciendo que hablemos de historia y que visualicemos su vigencia e importancia para entender el presente.
A principio de octubre, cuando la polémica estaba en su cenit pase haciendo una guardia por la clase de Gemma, una compañera de matemáticas y catalana de nacimiento, medio en broma, medio en serio, al bocazas que suscribe no se le ocurrió otra cosa que gritar "Viva España" y ella respondió "España sí, pero Franco no".



No habría sospechado en la vida que alguna vez me iban a tildar de profranquista (que ella no lo hizo), pero cuando he leído el ensayo de Mendoza lo he entendido perfectamente. Dice así: “Hay una industria del franquismo y del victimismo poco éticca, pero inocua si no se la instrumentaliza y no perdura cuando acaba el espectáculo...la persistencia con que algunos sectores, especialmente en Cataluña, la figura de Franco y su dictadura se sacan en procesión para justificar actuaciones o invalidar las del contrario... podríamos decir que con la transición pasaaron a la reserva los que aprendieron a mandar con Franco, pero permanecen en activo los que con Franco aprendieron a obedecer y a desobedecer... Franciso Franco fue un criminal de guerra, un dictador y un político astuto y mediocre, pero su importancia histórica y su influencia ha sido magnificadas... En realidad, Franco apenas tenía ideas. Si una ambición personal desdedida, un afán inagotable de poder y una astucia que le pemitió nadar en muchas aguas y sobrevivir a muchas crisis...se convierta en algo que no merece ser: una especie de superhéroe que desde el más allá sigue rigiendo nuestros destinos cuarenta y dos años después de muerto...” 



Sanjurjo decía de él “Franquito es un cuquito que va a lo suyito”. Muchos historiadores plantean la paradoja  de que una figura mediocre como la de Franco consiguiera estar en el poder cerca de cuarenta años y fuera el único dictador europeo que murió en la cama siéndolo. En ese sentido inclinan la balanza de la culpabilidad a la sociedad española en general que lo permitió y en muchos casos apoyó calurosamente. Con su huella ocurre lo mismo, el machismo, la corrupción, la pasividad y el supuesto apoliticismo, la debilidad democrática... más que apuntársela a la persona de Franco habría que hacerlo a una sociedad que no ha sido capaz, cuarenta y dos años después de su muerte de desanclarse de esas rémoras del sistema franquista. 



Dice Eduardo Mendoza en ese sentido: “En realidad, lo que perdura es una concepción de la realidad política impuesta por el franquismo y de la que la sociedad española, incluida a catalana, no se ha sabido desprender, seguramente porque nunca se ha hecho el ejercicio mental necesario para ello. No es la nuestra una cultura dada a este tipo de efuerzos y, por otra parte, la ficción en la que vivimos instalados nos resulta muy cómoda, porque proporciona una excusa que vale para casi todo...
La liquidación definitiva del franquismo no pasa sólo por la retirada de estatuas, plazas y símbolos, ni por llevar a cabo una serie de medidas conocidas con el nombre genérico de la memoria histórica. Bien están estas medidas, si no maquillan la realidad.No sirve de mucho atacar los símbolos con otros símbolos. Más valdría dejar los símbolos donde están y atacar lo que significan, si aún significan algo. Pero más importante aún es despertar del sueño heredado del franquismo y eso es un ejercicio que en muchos sectores todavía no se ha empezado a hacer”. 



Evidentemente esta reflexión me parece válida para Cataluña, España, Andalucía y Benalup-Casas Viejas. Por ejemplo, no se trata ni de quitarle el nombre de los propietarios a las basas de las columnas o las placas de la iglesia o el nombre de las calles de santos y triunfadores del franquismo, por supuesto que no creo sea idóneo sustituir unos símbolos con otros, (me opuse en su día a que se le quitara al Padre Muriel su nombre en el colegio) pero si saber que significan, que papel ha jugado en la historia del pueblo y restituir, obviamente, los símbolos perdidilos. Por ejemplo, el monolito al lugar donde se instalo el 11 de enero de 1983, constituyendo todo un precedente de lo que luego sería el potente movimiento por la recuperación de la memoria histórica en España. En definitiva no se trata de sustituir, restar o dividir... al contrario sumar y multiplicar.

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