Las tradiciones se rebelan. Juegos de hombres28


Fotografía Mintz. Se reconoce a Andrés Delgado o Fernando Costilla. Se respira la atmósfera de concentración y silencio. Se persigue que no se hable y que la gente esté callada, hecho que normalmente no se consigue. El dominó es disputa, jaleo, polémica y mucha competitividad.
Pero los juegos no son ni eran patrimonio de los niños y las niñas. Los hombres tenían muchos tiempo para el ocio, ya fuera porque al no existir buenos medios de comunicación se tenían quedar a dormir en los tajos del trabajo o en las gallanías o porque en épocas de lluvia o paro no se iba a trabajar y entonces se acudía al bar.


Foto Mintz. Un grupo de corcheros observa como dos de sus compañeros prueban sus fuerzas. Al fondo el hato


Ahora bien en la edad adulta el juego era patrimonio exclusivo del hombre. La mujer estaba condenada y marginada en el ámbito privado de la casa y no se le permitía participar en ningún tipo de juego.  Estos juegos tienen unas especiales connotaciones, como consecuencia del distinto papel que cada sexo y grupo de edad desempeña en la sociedad . Así que vamos a tratar los juegos que se hacían en el campo,  donde la fuerza física era el hilo conductor y los juegos de dominó y carta en los bares. 
Foto Mintz. En esta fotografía se ve como uno ha conseguido levantar al otro, que se coge al pantalón del primero, quien dé con la espalda primero en el suelo pierde. Forma parte de las tradicionales lucha, que se han deportivizado

Foto Mintz. Dos trabajadores están echando un palo. En México esa expresión significar tener relaciones sexuales, pero en la España de los sesenta era echar una especie de pulso, teniendo como elemento central un palo. Como en la segunda fotografía es un juego donde se pone a prueba la fuerza viril de los dos contendientes. Echar el palo, según nos cuenta era muy típico en estos tiempos de descanso. 


En el primer caso se trata de mostrar a la comunidad la fuerza física, la resistencia y el valor adquiridos. Se valora especialmente las cualidades de carácter físico. Publico cuatro fotografías sobre una misma serie que hizo Mintz a una cuadrilla de corcheros, a principios de los setenta. En ellas se ven los juegos varoniles de estos hombres, que ponen a prueba su fuerza. En las fotos de Mintz podemos ver algunos de los juegos que hacían estos hombres en el campo, donde se pugnaba, como casi todos los juegos por demostrar quien era el que más fuerza física tenía y por tanto el ganador. 
Foto Mintz. Los mismos protagonistas que la segunda foto, pero esta vez echando el tradicional pulso.  Se trata de competir sobre uno de los tesoros más queridos por estos hombres jóvenes, en la plenitud de su vida; su fuerza física.
Foto Mintz En esta fotografía un grupo de hombres juega a las cartas. Reconocemos a Manolo Santos, Jose María Durán o Pancho. Vuelven a aparecer las mismas constantes, cuatro jugadores y otra serie de personas que observan el juego. No hay prisa, se tiene todo el tiempo del mundo. Es la cotidianidad absoluta.
Foto Mintz. Ya hemos visto otras veces como el bar de Alfonsito el de Pérez, era el centro neurálgico donde se reunían los campesinos y los jornaleros en los años sesenta. El dominó es uno de los juegos preferidos y una de estas partidas es la que Mintz fotografía. Se coloca en el otro extremo y saca a Francisco Cantero, "Pinganillo" en plena partida de dominó. En uno de esos primeros planos que tanto le gustan al Americano.  Redondo calla y mira, como dicen que tienen que hacer los "mirones" en estas partidas. Al fondo, apoyado en la barra, esta J. Benítez. Una frase repetitiva entre los conocedores del juego aunque parezca paradójica es “el dominó lo inventó un mudo”, alude a una eterna pelea, perdida de antemano, en la que se busca imponer el mandato del silencio en torno a la mesa
Foto Mintz. En los bares se pasaba gran parte del día. Unos veían transcurrir las horas con un café, con una copa de vino o simplemente charlando. Otros leyendo el periódico. Y otros jugando a las cartas, al parchís o al dominó o viendo como los demás jugaban. Es el caso de esta fotografía, donde Sebastián Román y un amigo juegan en el bar de Ricardo al domió ante la atenta mirada de Miguel Guillén, Antonio Cózar y Zoquete.


El segundo tipo de juegos de los hombres se realiza en los bares lugares de socialización por excelencia. Dice Mintz en coplas de Carnaval: “Las tabernas del pueblo, aisladas cerca de las afueras de los pueblos y colonias, eran oasis de socialización donde los hombres conversaban y jugaban al dominó, a las cartas, a las damas y, en ocasiones, al ajedrez. Las tabernas eran lugares toscos, sin agua corriente, que por la noche dependían de la tenue luz de las lámparas de keroseno…entre la gente de la clase trabajadora sin muchos intereses culturales, por ejemplo, es muy típico que el hombre venga del trabajo a casa, coma y luego salga al bar, donde juega a cartas y habla con otros amigos de su mismo sexo... mientras que las mujeres se quedan en casa para hacer las tareas domésticas y cuidar de los niños y todo eso. ” Obviamente son juegos de hombres, donde la mujer tiene vetado el acceso.

Las dos fotografías son de Mintz. Se trata de otra partida de dominó en el bar del Cojo Gómez. Aparecen los hermanos "Adela" , Andrés y Manolo Sánchez. Juan Moreno, Manolo Zumaquero y Almanaque. Era una escena cotidiana, pues eran vecinos del bar y se juntaban allí. En aquellos años era habitual la partida de cartas después de terminar de trabajar o si ese día había llovido y no se trabajaba o se estaba en paro.
  


Las dos son fotografías de Mintz. En el mismo bar del cojo Gómez. Aparece Máñez,  Pedro Montes de Oca, Grimaldi…Los amigos están jugando una partida de cartas, concretamente al mus, como se observa por las anotaciones que se hace con la tiza en la mesa de madera. Hay siete personas jugando la partida y una sola copa de vino en la mesa. No había dinero para gastar, pero sí mucho tiempo para consumir. La partida de mus se convertía así en la excusa ideal para pasar toda una tarde o una mañana. Las partidas de cartas se hacían interminables. Algunos camareros se desesperaban de esta situación y cuando las partidas de cartas o dominó estaban en lo más interesante preguntaban por lo que iban a consumir. Los jugadores decían “no queremos nada, no tenemos sed” y, entonces, a veces, el dueño del bar sacaba un cubo de agua y echaba la baraja de cartas al cubo, diciendo “pues ésta si tiene sed” .


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