Las tradiciones se rebelan. El herradero. Marcar las reses. 32

Estamos en zona de ganadería vacuna. Como dice Enrique Carabaza: "El vacuno de lidia, que garantiza el espectáculo, es conocido por el público y los participantes en el festejo, garantizando así la emoción... y el negocio. Es fundamental, pues, que no haya dudas, ni para la empresa que organiza el festejo, ni para los lidiadores, ni para el público, sobre la naturaleza brava del ganado. Por ello, el ganado bravo, tiene una serie de informaciones, grabadas a fuego sobre su piel, que garantizan su naturaleza. La marca de la ganadería y el año de nacimiento, son informaciones imprescindibles”. El lugar y el momento donde se marcan las vacas se denomina herradero y sobre ellos va la entrada de hoy.
Dicen Luis Gómez y Rogelio Ruiz en las tradiciones se rebelan:” Herraderos, convirtiendo en festivo un día cualquiera en el que se reunían familiares, vecinos y amigospara la importante tarea de marcar las reses nacidas durante el año. Desde ese día todos los animales de la finca lucían el hierro que los identificaba con la casa… Para celebrar el herradero todo el ganado era encerrado en el toril o plaza, para ir estampándole en una de las nalgas un hierro al rojo vivo con las iniciales del amo o dueño…. Después de un herradero, los participantes tardaban dos o tres días en recuperarse de dolores, golpes y contusiones..."



En Benalup- Casas Viejas siempre ha habido herraderos, además tenemos unas hermosas fotografías para demostrarlo. En el Noticiero Gaditano con fecha de 29 de Abril de 1933 aparece una noticia sobre un herradero en la finca de la Dehesilla, propiedad de la familia Espina: “En el cortijo “La Dehesilla”, que posee en Benalup de Sidonia don José Espina, se celebró el herradero de reses bravas de su ganadería, y con tal motivo se organizó una fiesta campera, a la que asistió concurrencia numerosa, entre la que hallábanse los señores de Espina, doña Francisca Gallego de Espina, hijo, y las bellas señoritas Maria Luisa, Pilar, Purificación, María Teresa y Nico Espina; de Sevilla asistieron las señoritas Lola y Carmen Valle y otras que sentimos no recordar; entre los señores don José y don Manuel Valle, don Pelayo Jiménez, Don Antonio Pérez, don José Vela (hijo), don Andrés Vázquez, doctor don Federico Ortiz, Don Lutgardo de la Vega y Don Francisco Nucho (hijo)”. Además de los dueños, José Espina Calatriu y Nicolasa García Vela, sus hijas (María Luisa, Pilar, Purificación, María Teresa y Nico) y novios, así como diversos invitados".



Las primeras tres frografias son un herradero de los años cuarenta en las Gargantillas. En ellas aparecen Manuel Ruiz Cruz y familia herrando vacas.  



Luego aparecen dos  fotografías sobre una fiesta campera de los años cincuenta. En la primera fotografía un hombre marca un becerro, mientras otros dos los sujetan; uno sentado sobre el lomo y el otro tumbado en el suelo cogiéndole la cabeza. También se aprovechaba para herrar a los becerros, que ya tenían una determinada edad con el hierro correspondiente a su ganadería. Para ello primero cogían al becerro, y lo metían en la plaza, algunos hombres se ponían a torearlo un poco, después de haberlo estado toreando y cuando éste ya estaba más o menos cansado, lo tiraban al suelo y mientras unos lo agarraban, otros aprovechaban esta circunstancia para estamparle el hierro marcándolo. Estos herraderos tradicionalmente llevan aparejados actos festivos. Así se ve en la segunda fotografía. Estas fiestas consistían en hacer una matanza de un cochino y una gran “perola”. La caldera que se observa en la fotografía se usaba para calentar el agua con la que se limpiaba el cochino. Es estas fiestas se bailaba, se bebía, etc. 



En la segunda fotografía o lo que aparece es la preparación de la matanza apareciendo personas de Benalup como Paz Vela Barca o Maria Luisa Fernández Pérez-Blanco... además de un grupo de refugiados húngaros que habían escapado de su país a Alemania, tras la ocupación rusa.. el herradero se convirtió en un acto festivo, compartido por familiares y amigos. Todas las reses fueron marcadas a fuego, bajo la supervisión de los veterinarios. Después del herradero siempre se hacía un almuerzo en el campo acompañado de vinos, cervezas... Al terminar la comida se apartaban varia becerras y siempre salía algún espontáneo para torearlas en la pequeña plaza de la finca.


Las tres son fotos de Mintz

Las siguientes forman parte de esa serie que hizo Mintz sobre el herradero del palmar del Emir a principio de los setenta. En la fotografía, Manuel Moreno Macías, Chinejas, Demetrio y Melón pretenden llevar a los animales al herradero, con sus garrochas, que sir ven para conducir a los animales, hacerlos correr y tirarlos al suelo varias veces hasta llevarlos al sitio donde están los mozos con los hierros, preparados para colocar la numeración y el distintivo de la ganadería. Este herradero de principios de los setenta se produce en la finca que la familia Espina tiene en el palmar del emir, aunque popularmente se ha conocido siempre este sitio como el palmar Lezní. Aparecen en plena faena Manolo Moreno Macías Chinejas, el torero Rafael Ortega, Demetrio, Melón, entre otros. En la siguiente fotografía aparecen los guardias Caballero y Lozano, estando en medio José Romero Bohollo, veterinario y alcalde de la localidad en los años setenta. Contemplan cómo los dos trabajadores encienden el fuego donde serán puestos al rojo los hierros con que se marcarán las reses. También aparece en la imagen el torero Rafael Ortega. 



Ahora  los tentaderos han cambiado algo, los hierros se calientan a gas,  a campo abierto con caballos, más espectacular. Los jinetes llevan todos su garrocha que sirven para atizar al animal para que corra y tirarlos al suelo varias veces hasta llevarlos al sitio donde están los mozos con los hierros preparados  para colocar la numeración y el distintivo de la ganadería. Rogelio Ruiz y Luis Gómez terminan la entrada de esta forma: “Actualmente, aquellos días tan ajetreado a la vez que divertidos han desaparecido de manera fulminante, debido a la utilización de cercados, mangas y cepos por donde pasan los animales y los marcan sin el menor esfuerzo. ¡quizás llegue el momento en que los hombres y los animales se alejen tanto que los niños creerán que la leche, los huevos… son engendrados en los supermercados.!”

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