Íllora y Benalup-Casas Viejas. A propósito de la presentación de "Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota".

Ayer día 24 de noviembre,   como una actividad más de las jornadas sobre memoria histórica organizadas por el Ayuntamiento de Íllora, tuvo lugar la presentación de mi libro "Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota".  El alcalde, Antonio Salazar, introdujo el acto en el que José Luis Gutiérrez Molina y yo fuimos alternándonos en varias intervenciones siguiendo  modelo ideado por Fran en Benalup Casas Viejas. La verdad es que lo de ayer fue muy emotivo, asistió gente de todo el espectro político, desde un extremo al otro, incluyendo posiciones intermedias pero, sobre todo,  acudieron compañeros, alumnos de B-CV, muchos amigos de la infancia y gran parte de mi familia. Además, vendimos todos los libros que llevábamos y faltaron.


Tenía que hablar del libro "Los sucesos de Casas Viejas. Crónica de una derrota", de la derrota que supuso no sólo la represión y el escarmiento de los hechos del 11 de enero de 1933, sino también de cómo los ocultaron  y se apropiaron de su estudio. Los que ganaron  se apoderaron de las propiedades de todos, de la historia y, por supuesto, de la memoria. Pero también aproveché la ocasión para explicar que este fenómeno no fue exclusivo de Casas Viejas, sino que ocurrió en toda España y para demostrarlo lo ejemplifiqué en mi familia utilizando para ello documentos que nos han ido llegando. 



Planteé que para  entender Benalup-Casas Viejas e Íllora teníamos que partir de la desamortización, ese proceso por el que apareció la propiedad de la tierra capitalista y que en Casas viejas explica el origen del pueblo y en Íllora grandes fortunas como las de los Agea, Márquez o Roldán. Por cuestiones de organización y tiempo iniciamos las intervenciones  refiriéndonos a la Segunda República. Fue el turno entonces de José Luis Gutiérrez que esbozó lo que representó este periodo para la historia de España, terminando su intervención con una pregunta: 



Luego recogí  el testigo al preguntarme por la Segunda República en Casas Viejas e Íllora. Yo conté cuando me comunicaron en el IES Julio Rodríguez del Albuñol que el concurso de traslados me había llevado a Benalup de Sidonia, no  sabía donde estaba y tampoco aparecía en el mapa que yo consulté. Llame a un familiar que tengo en Cádiz  y me dijo que Benalup era la antigua Casas Viejas. Entonces ya la sitúe en mi croquis mental.  Luego me compré el libro de Ramos Espejo, pero fue en el  puente de diciembre de 1992 cuando yo empecé a enterarme lo que verdaderamente eran y habían significado  los sucesos de Casas Viejas. Vine  a una matanza familiar de un cerdo y allí un militar retirado me preguntó que donde trabajaba. Se lo comenté y me dijo que en Casas Viejas  fue donde ellos empezaron a poner orden en 1933. España se iba de las manos y la primera vez que tuvieron los militares que poner orden fue en enero del 33 en Casas Viejas. Luego la definitiva fue en 1936. Fue la primera vez que yo tomé conciencia que lo de los sucesos era parte de un proceso.  Una de las grandes aportaciones del libro es no contar los sucesos como un hecho aislado, sino fruto de unos acontecimientos anteriores (todo el problema agrario) que tiene una continuidad posterior; sobre todo la Guerra Civil. Luego hablé de mi familia materna y paterna en la Segunda República. Le di  paso a José Luis para que hablara sobre la Guerra Civil y la memoria. A su vez el terminó su intervención preguntándome como afectó la Guerra Civil a Casas Viejas y a mi familia. 




Comenté que la  Guerra Civil significó para mi familia y para Casas Viejas un freno a las expectativas que había supuesto la segunda república. En Casas Viejas todos los que habían participado en los sucesos del 33 son llamados al cuartel de la Guardia Civil de Medina, ante ello y temerosos de las represalias huyen a zona republicana. Cuando finaliza la guerra vuelven y son encarcelados por segunda vez. A mi abuelo le avisan por la mañana de que van a venir por él y a su vecino Palma. Este huyó él dijo que no porque no había hecho nada, se lo llevaron por la noche en un camión y ya no se supo más de él. La tradición familiar siempre dijo que la causa era que porque le gustaba leer el periódico y en el casino entró en contacto con círculos republicanos. Detallé, que  según hemos podido saber luego, los que lo mataron no se limitaron a quitarle la vida, también iniciaron un proceso judicial para quitarle los bienes, su casa en la calle Caridad, las pequeñas propiedades de La "Jesa Alta" y en la ermita de Santa Ana, pero sobre todo le quitaron la identidad, hasta el mismo hecho de que estuviera muerto. Así lo he podido comprobar en un expediente que se le inicia para la incautación de bienes el 11 de febrero de 1937, acusándolo de pertenecer a Izquierda Republicana (el mismo partido que según apuntó Gutiérrez Molina tuvo un especial protagonismo para que se esclareciera la verdad de los sucesos del 33) y que el expediente termina en sobreseimiento el 2 de marzo de 1946, cuando se le entrega la resolución a su esposa y todavía se dice por escrito que se encuentra desaparecido, y que ella quedaba obligada a comunicárselo al desaparecido Salustiano Gutiérrez Rojo. Es decir, hay al menos 4 documentos en los que por escrito aparece que mi abuelo esta desaparecido, sin reconocer que lo habían asesinado. El querer ocultar la muerte de alguien a quien ellos asesinaron es apropiarse de la historia, lo mismo que hicieron con los sucesos, a Casas Viejas le quitaron el nombraron y le pusieron Benalup de Sidonia y luego el gobernador de Cádiz Varcalcel en 1949 se lo quiso cambiar por Casas Nuevas de José Antonio Primo de Rivera, intento que resultó fallido. Es la misma derrota que significa que 81 años después todavía no sepamos donde está enterrado. Por eso estoy convencido que no es una cuestión casual que no sepamos donde están su restos y que está relacionado con ese proceso de derrota que estoy contando. 




Luego me centré en la postguerra de Benalup de Sidonia e Illora y relate casos de contrabando, estraperlo, miseria y maquis en ambos pueblos, cediéndole la palabra a José Luis para que hablara del franquismo y la memoria. Su intervención me pareció radical, en el sentido positivo de la palabra, de abordar el tema desde la raíz, en el tercer tiempo lo comentamos con algunos que se acercaron a tomarnos unas copas. El me pasó testigo  preguntándome cómo me enteré en la transición de las circunstancias en las que había muerto mi abuelo. 



Yo comenté que la prueba de que la emigración no sólo tenía causas económicas sino también  huyendo del rol que los triunfadores habían otorgado a los perdedores, como había dicho él anteriormente, estaba de nuevo en mi familia como ejemplo, cuya sección paterna emigró  a Barcelona, en Benalup de Sidonia lo hicieron mayoritariamente a Torrent. Luego conté como gracias a un encuentro con una tía abuela mía, me enteré 20 años después que la guerra había producido una división tan grande, que yo siempre contaba ese ejemplo en clase de Historia de España para ejemplificar la visceralidad de la guerra y el silencio sobre los perdedores que impusieron los vencedores. También como fuimos al cementerio de San José en Granada a buscar los restos de mi abuelo o como a finales del franquismo entre en los Scouts. Estos y el instituto me aportaron gran parte de los valores y amigos que me han acompañado en mi vida  y que anoche estaban conmigo en el antiguo Ayuntamiento. 



La última intervención de José Luis versó sobre la transición y la memoria, como se empezó una batalla que todavía no se ha ganado o no se ha perdido definitivamente, según se mire. La mía se centró en hablar de mi paso por la facultad, la participación en la aventura tan emocionante que significó la revista Grajo Blanco o como aprobé las oposiciones a base de cabezonería en 1990. Dos años en Albuñol y recalé en Benalup-Casas Viejas, donde muy pronto me vi atrapado por la madeja en las que todos los que osan entrar en su historia se enredan. Y resultado de esto, de la colaboración de las familias, de los alumnos, de Mintz y de otros historiadores era el libro que habíamos presentado en la noche de ayer. 


El tema de mi abuelo seguía siendo tabú entre mi familia paterna, todavía hay quien no quiere que se hable y yo espero que nadie se moleste por lo que hoy estoy hablando. Pero siempre he sido muy cabezón, no me ha quedado otra, es una forma de supervivencia, así me comporté en los scouts, mantengo mis ideas, aprobé las oposiciones y he hecho este libro, con mucha cabezonería.  Terminé con dos frases de Saramago. La primera la escribió por un encargo de su cuñado Angel del Río sobre los sucesos de Casas Viejas, preside la entrada al ECCV:” Recordar es vivir y mantener vivos a los muertos y los sueños que tuvieron”. La segunda: ”La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. La victoria tiene algo negativo, nunca es definitiva”. 



En el turno de preguntas Paco Domenec, el anterior alcalde, también del PSOE, me interpeló sobre si había tenido obstáculos en el pueblo a la hora de realizar el libro y cómo había recibido allí, si podría realizar otro libro de la misma forma que este pero de la historia de Íllora y mi opinión sobre la polémica en torno al nombre de la calle Sánchez González, Enrique Marente y actualmente Caridad, después de dirigirme una serie de palabras muy laudatorias hacia mi persona y obra que yo agradezco. Le dije que esperaba la pregunta, no de él, pero si de alguien y estaba convencido que no podría escribir ese libro de Íllora, para escribir este tipo de historia hace falta conocer profundamente de lo que escribes pero también tener la distancia que no te aporta el pertenecer por detrás y por delante a una sociedad, eso de que los toros se ven mejor desde la barrera. En cuanto a los obstáculos y el recibimiento le dije que si, que había sido difícil, pero que como era muy cabezón los había superado, el recibimiento muy bueno, la presentación en el teatro espectacular y la venta de libros marcha muy bien. En cuanto al tema de la polémica con el nombre de las calles no quise entrar, pero le dije que no soy muy partidario de darle demasiada importancia a ese tipo de cuestiones, haciendo referencia a la polémica surgida con Carranza en Cádiz. Gutiérrez Molina no está de acuerdo conmigo en eso, pero Pepe Pareja decía que de la discusión sale la solución y de eso estuvimos hablando de vuelta el a Sevilla y yo a Benalup-Casas Viejas.



Nos marchamos a las tres de B-CV y volvimos a las 4 de la madrugada. Trece horas muy intensas. Yendo para allá le dije a Juani, mi santa, que era muy complicado lo que nos habíamos atrevido a hacer en las circunstancias en las que estamos, pero que sólo esperaba volver satisfecho. En casa, le dije que no sólo estaba satisfecho de la jornada, sino limpio, tranquilo y emocionado. Exactamente igual que el que salda viejas cuentas pendientes. Se me ha venido a la memoria el final del libro de Juan Marsé que trata sobre ella "Esa puta tan distinguida". Dice así: ""... de algún modo le mantenía fiel a un pasado menesteroso, recosido y funesto del que no sabía o no quería desprenderse, tal vez porque no tenía otro". Gracias

Comentarios

Entradas más vistas

El miedo insuperable

Los benalupenses de a pie durante el franquismo. El cambio de nombre. 6

Las tradiciones se rebelan. Los pastores. 42

El habla de Benalup-Casas Viejas. Los usos agrarios. El cortijo. 24

85 aniversario de los sucesos de Casas Viejas.

Los benalupenses de a pie durante el franquismo. La represión política. 8

Las tradiciones se rebelan. Los pastores. 41

El habla de Benalup-Casas Viejas. Los usos agrarios. Distintos tipos de campesinos.23

Maratón de lectura. Los sucesos de Casas Viejas: Crónica de una derrrota

Vida de Luis Vega. Memoria de Paterna